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«Si no robáis, os prostituís»

Cae una banda que extorsionó a 14 chicas, 12 de ellas menores, «compradas» a sus padres en Bulgaria por 20.000 euros. Una de ellas, de 13 años, se «casó» con un líder de la organización.

  • «Si no robáis, os prostituís»
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

17 de mayo de 2018. 02:10h

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J.V. Echagüe Madrid. 17/5/2018

O ladronas o prostitutas. Estos eran los dos únicos destinos que podían afrontar las 14 jóvenes, 12 de ellas menores de edad, «propiedad» de una organización criminal búlgara que tenía su base de operaciones en Madrid. Entre las víctimas, niñas de 12 años. Afortunadamente, ya liberadas por los agentes de la Policía Nacional y de la Policía Municipal de la capital, dentro de una operación que se ha saldado con 42 detenidos de una banda que estaba asentada en nuestro país desde 2012.

Como relata el jefe del Grupo VI de la Ucrif de Madrid, la «operación Rocío» comenzó a gestarse en abril de 2017, gracias al relato de un testigo protegido. Se trata de una joven que detalló el modus operandi de la organización. Literalmente, los captadores «compraban» a las chicas a sus familias de Bulgaria, todas ellas pertenecientes a una etnia en la que la venta de menores es una «práctica común». El precio oscilaba entre 20.000 y 30.000 euros, cantidad que dependía de la experiencia de estas chicas en los delitos contra el patrimonio. De hecho, muchas de estas jóvenes no tienen conciencia de haber sido víctimas, debido a que, prácticamente desde que nacieron, han crecido dentro de un entorno de delincuencia. Habitualmente, el pago se hacía en dos abonos: una cantidad acordada iba directamente a las familias; la otra, se hacía efectiva cuando las menores llegaban a nuestro país. Las jóvenes podían venir bajo falsas promesas de trabajo, aunque se sospecha que sus familias podían conocer los verdaderos fines de la transacción.

El infierno de esta testigo comenzó en París, donde supuestamente llegó para trabajar lavando platos en un local. Una vez allí, le quitaron su pasaporte. Había caído en la red. Ya era propiedad de la banda.

«Si no robáis para mí, os prostituís». Ésta era la orden que le dio la banda en París y que también recibió de M. B., alias «Mecho», cabecilla de la organización en Madrid y uno de los detenidos. La joven relata que, al menos en París, ella y otra joven recibieron agresiones: quemaduras de cigarrillos, palizas que casi le cuestan un ojo... Trasladada a Madrid, ella y otras jóvenes fueron alojadas en inmuebles okupados por la banda y pertenecientes a entidades bancarias. Allí vivían hacinadas. Una de estas jóvenes, de 13 años, se llegó a «casar» con uno de los cabecillas del grupo, de 24 años.

Algunas de ellas acabaron trabajando como prostitutas en la colonia Marconi. Otras ejercieron de carteristas por toda la Comunidad de Madrid. Aprovechaban las fiestas regionales y patronales, con concentraciones masivas, para robar documentación, tarjetas de crédito y, sobre todo, smartphones. Pudieron robar hasta 200 teléfonos, aparatos que después facilitaban a bandas magrebíes para revenderlos –entre 250 y 300 euros por dispositivo– en países como Marruecos. Sin embargo, las jóvenes también se desplazaban a otras regiones que destacaban por la afluencia de turistas: Marbella, Alicante... Dependiendo de la temporada, la banda solicitaba más «mano de obra». En Navidades, por ejemplo, tuvieron que «comprar» más jóvenes para aprovechar las aglomeraciones urbanas.

Hay que destacar que más de la mitad de los detenidos son mujeres, «que eran las que llevaban el peso» de la actividad criminal. Todo dentro de una organización perfecta. Por ejemplo, muchas de ellas eran «adiestradoras», es decir, «formaban» a las chicas que no tenían una experiencia delictiva previa. En este sentido, los investigadores destacan la labor de la mujer de «Mecho»: cada vez que una de las víctimas era detenida, se personaba en el centro de menores alegando un falso parentesco para sacarla de allí. Dentro de este organigrama también estaban los «pasadores», que se encargaban de seleccionar y acompañar a España a las mujeres. Mientras, los «especialistas» tenían como objetivo localizar y okupar los pisos deshabitados. Otros, por su parte, ejercían de «controladores», velando por el cobro y gestión de los inmuebles. Por último, estaban los «receptadores», que vendían los productos robados por las jóvenes.

Durante los registros, los agentes han localizado varias autorizaciones de viaje firmadas por los padres de las víctimas, que daban su permiso expreso para que sus hijas se trasladaran a nuestro país. Además de multitud de tabletas y teléfonos, también se hallaron en las viviendas otros objetos de valor, como joyas de oro, ya que las chicas eran obligadas a robar en comercios. Por último, se requisaron 28 documentos de identidad, procedentes de distintas nacionalidades. En total, gracias a la «operación Rocío», se han podido esclarecer más de 150 delitos derivados de las acciones de esta banda.

La operación se enmarca dentro del Plan Nacional contra la Trata de Seres Humanos con Fines de Exploración Sexual. Una estrategia que se nutre también de la colaboración ciudadana, gracias al teléfono 900 10 50 90 y al correo trata@policía.es. Las asociaciones y ONG contra la trata de persona estiman que, en España, el 90% de las prostitutas ejerce su labor bajo coacción. Además, casi tres de cada diez son menores de 15 años. Se trata de un delito que, desgraciadamente, esta en auge. El pasado mes de enero, dos menores madrileñas de 16 años fueron rescatadas de un prostíbulo en Toledo, después de haber sido captadas en un instituto de la capital.

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