Carta del hospital Gregorio Marañón a sus pacientes: «El miedo a perderos nos hizo derrumbarnos y levantarnos»

Una emocionante misiva de los médicos del centro madrileño recuerda cómo han sido estos meses

Afirman que es una carta escrita desde el corazón. Una palabra que, lejos de tópicos y lugares comunes, ha alcanzado su pleno significado durante los últimos tres meses. «El mismo corazón que estos días hemos utilizado como un impulso de trabajo, como un arma de construcción masiva, porque hemos aprendido que quien elige el corazón, no se equivoca nunca».

Así comienzan su emocionante misiva los profesionales del Hospital Gregorio Marañón. Una carta abierta a todos aquellos pacientes con los que han compartido momentos inolvidables, para lo bueno y para lo malo, a lo largo de la crisis del coronavirus. Y es que la barrera que separa al médico del paciente ha quedado difuminada por las circunstancias. La comunión entre ambos ha sido absoluta. «No os queremos llamar pacientes, sino familia, porque durante esos interminables días y temidas noches habéis sido nuestras parejas, padres y hermanos, nuestros abuelos, hijos, compañeros y amigos… y la familia no es una opción, ni un contrato, no es nada más, ni nada menos, que entrega»

Durante estas semanas difíciles, los médicos del Marañón «aprendimos vuestros nombres para que supierais que estabais con nosotros (...) como una necesidad mutua de reconocimiento». Porque, además de los cuidados médicos, estos profesionales «os hemos tendido una mano amiga para ofreceros la humanidad de la compañía, esa que os han arrebatado durante tanto tiempo, soledad a la que nos hemos tenido que condenar tantas veces, extirpándonos el primitivo alivio del cariño.

Hablar, reír, llorar... «Hemos apretado los dientes de rabia y para coger impulso. Tuvimos que aprender a leer en vuestros ojos preguntas calladas e intentamos que hallarais en los nuestros miradas de comprensión, consuelo, esperanza, de gratitud y fuerza».

Como no podía ser de otro modo, el personal sanitario ha vivido momentos críticos. «Tenemos que confesaros que el miedo a perderos nos ha hecho temblar, sollozar y derrumbarnos, pero también nos hizo levantarnos, porque no era fácil llevar bien lo difícil, pero era imprescindible», escriben. También confiesan que «guardamos con amargura ese adiós o esa cama vacía». Sin embargo, concluyen, «ya no estaremos solos (...) por fin, juntos, hemos formado un nosotros».

Mil errores, y 2.000 aciertos

«Tuvimos mil errores, dos mil aciertos, tres mil maneras de ayudar, cuatro mil desalientos, cinco mil esperanzas pero una sola razón, todos y cada uno de vosotros», afirman los facultativos del hospital. Durante estos meses, reconocen, han aprendido «con dolor e impotencia que hay palabras que no se materializan, que decir mascarilla, no protege», y que «repetir respirador no salva vidas».