Una morera, símbolo de los vecinos de Tetuán

El barrio lleva ante el Ayuntamiento el cuidado del árbol centenario

Las obras de urbanización de las calles Alberdi y Cosmos han puesto en peligro una morera centenaria que algunas vecinas han cuidado los últimos años
Las obras de urbanización de las calles Alberdi y Cosmos han puesto en peligro una morera centenaria que algunas vecinas han cuidado los últimos años FOTO: Enrique Cidoncha La Razón

En medio de las obras del Paseo de la Dirección con la calle Alberdi sobrevive, entre el asfalto y el hormigón, un último resquicio de naturaleza: una morera. No es un árbol cualquiera. El tronco y las ramas desnudas que han dejado los últimos meses pronto volverán a florecer y a dar fruto, tal como lo ha hecho durante los más de 100 años en los que lleva siendo testigo de la historia de un barrio, Tetuán, del que ahora se ha convertido en un símbolo.

“La morera está en una zona en la que muchas casas han sido expropiadas y sus dueños, realojados”, explica a LA RAZÓN Marian, una de las vecinas que han puesto en marcha la iniciativa de proteger este árbol que “habla de una época en la que esta zona estaba llena de casas bajas, con peor o mejor acondicionamiento, con necesidades, porque las habitaba gente muy humilde, migrantes en su mayoría que llegaron a Madrid para trabajar e hicieron sus casas como pudieron”. En la zona, a principios del siglo XX, había mucha vegetación. “La gente conservaba ese estilo de vida de tener en su casa un patio con árboles. Había viviendas que tenían sus olivos, almendros, fresnos, higueras, moreras… Todo eso ha sido talado, y ahora mismo es un yermo desolado”, asevera Marian.

Una vez los vecinos fueron realojados en nuevas viviendas y comenzaron las obras de reacondicionamiento del barrio, “se prometieron una serie de equipamientos públicos y de vivienda que ni se ha iniciado ni sabemos cuándo se hará”. De todo lo que un día fue, esta morera centenaria es lo único que queda.

“Cuando empezamos a ver cómo se estaban haciendo las cosas, los vecinos comenzamos a pasear por ahí, a hacer visitas. Es una morera de más de cien años, con un tronco fuerte y que aún da frutos. Hará unos cuatro años lo llevamos a uno de los técnicos del ayuntamiento y nos dijo que había que cortarla porque era un ailanto. Pero no lo es. De hecho, es una morera singular”, explica Marian. Se les dijo, además, que se iba a hacer un inventario con los árboles que había y que los iban a replantar. “Entiendo que esto, al ser equipamiento público, es difícil, pero es que ahora la zona parece un desierto que, además, se ha convertido en un absoluto basurero, sobre todo a raíz de las obras de las nuevas torres de viviendas”, denuncia.

De esta manera, la morera es un símbolo de los orígenes del barrio, pero también de todos esos vecinos que buscan recuperar la vegetación en él. Han hecho, por ello, diversas actividades debajo de la morera a lo largo de los años: desde recitales de poesía hasta abrazarse a ella a modo de reivindicación. “También nos hemos hermanado con otros territorios de España, como La Cala del Moral, un pueblo de Málaga que, incluso teniendo ese nombre, le han talado la mayor parte de las moreras”, apunta Marian.

“En las últimas semanas hemos visto como los obreros de los nuevos edificios de la calle Alberdi, que es donde está la morera, –aunque tenemos claro que la culpa no la tienen los obreros–, están echando todos los escombros justo en la raíz del tronco, y las vecinas nos quedamos espantadas”, asegura. “Nos plantamos delante de la máquina para que no pasaran. Retiraron, además, los adoquines que habían tirado encima del tronco. Después de esto llevamos ante los grupos municipales nuestra petición y lo han llevado a pleno en el Ayuntamiento. De momento se está protegiendo”.

Con la llegada del buen tiempo, ya tienen planeadas diversas actividades entorno al árbol: desde la lectura de poemas con motivo del día del libro hasta asambleas vecinales, y, “a medida que avancemos y veamos los planes de urbanismo”, los vecinos irán “organizando los siguientes pasos”.

Este grupo de vecinos y vecinas, de hecho, no están en contra de los planes de urbanismo del barrio, ya que son conscientes de que “las viviendas públicas son esenciales”. “No vamos a negar su construcción, ni muchísimo menos. Pero es imposible que ningún arquitecto sea capaz de integrar un árbol en un conjunto de viviendas”. En definitiva, lo que piden es “respetar un árbol singular en una zona simbólica. Es un esfuerzo muy pequeño”.

Por su parte, Miguel Ángel Ortega, director de la asociación Reforesta, coincide con la reivindicación de estos vecinos, y añade, además, que en el “medio urbano hay muchísima tarea pendiente” en cuanto a la conservación y promoción de la biodiversidad. “Los jardines”, defiende, “podrían ser un refugio de la biodiversidad que, además, proporciona muchísimos beneficios al ser humano”. De hecho, tal como subraya Ortega, “el arbolado tiene un valor muy importante: además de los efectos psicológicos, está comprobado que las personas que viven cerca de una zona verde tienen mayor calidad de vida, ya que absorben contaminación y el ruido, por ejemplo”.

Sin embargo, Ortega matiza que es necesario que se haga una planificación a fondo de cómo se integran los árboles en el medio urbano. Con Filomena, por ejemplo, vimos que el espacio que se deja a los árboles para su crecimiento no es suficiente, por lo que no terminan de tener un buen arraigo, lo cual los hace más vulnerables en circunstancias un poco extremas”.