Doctrinas higienistas

Ramón y Cajal, el Nobel que amaba las montañas y el culturismo desde su laboratorio en Madrid

El científico nunca se posicionó contra el deporte en sí, sino contra la obsesión por el mismo (lo que hoy llamaríamos vigorexia), y contra el culto exagerado hacia los ídolos del deporte de masas

Ramón y Cajal en la sala de disección
Ramón y Cajal en la sala de disecciónEfe

Una personalidad compleja y poliédrica, que dirían ahora. Y es que el Nobel de Medicina de 1906 cultivó distintas facetas y aficiones durante su vida. Su mismo lugar de nacimiento es una particularidad histórica. Vio la luz en Petilla de Aragón, un enclave navarro situado en la provincia de Zaragoza. Desde aquel momento, su existencia fue una peregrinación constante de entrega al trabajo y al estudio. Primero acompañando a su padre, médico cirujano, hasta que él mismo inició estudios de Medicina en Zaragoza. Luego vendría el ejercicio profesional en Cuba, donde padeció paludismo y comenzó su trabajo con el microscopio y sus investigaciones científicas. Algo que pudo llevar a cabo tras comprarse uno con el dinero ahorrado en el Caribe.

Imagen de Santiago Ramón y Cajal en posesión del CSIC
Imagen de Santiago Ramón y Cajal en posesión del CSICCSIC

En Ramón y Cajal ciencia y enfermedad van de la mano. No en vano, tras enfermar también de tuberculosis, comenzarían a llegar sus “buenos tiempos”. Así, hacia 1888, definido por el propio Cajal como su «año cumbre», descubrió los mecanismos que gobiernan la morfología y los procesos conectivos de las células nerviosas de la materia gris del sistema nervioso cerebroespinal. Gracias a los detallados exámenes histológicos de Ramón y Cajal se descubrió la hendidura sináptica, un espacio de entre 20 y 40 nanómetros que separa las neuronas. Un aporte de conocimientos que a él, en lo personal, en lo físico, parecían estar lejos de satisfacerle.

Desde joven había cultivado y buscado una cierta fuerza física, algo que ya comenzó a hacer, en su momento, durante sus años universitarios en Zaragoza. Al parecer, según apuntan sus biógrafos, las peleas de joven y en los primeros años universitarios le llevaron a ello. También era un entusiasta de la montaña, fiel a un lema que siempre había enarbolado desde niño: “El dolor es mejor que el reposo”. Algo que después reforzaría su contacto con los miembros de la Institución Libre de Enseñanza y su incansable defensa de la vida sana en contacto con la Naturaleza. Unos gustos todos ellos en plena comunión con las doctrinas higienistas de la época.

Su fuerza física, todo hay que decirlo, le acabaría salvando la vida, en cierta forma, durante su estancia en Cuba. Recordemos que regresó enfermo de disentería y paludismo. Sus horas en el gimnasio y su pasión por el culturismo sin duda le dieron una segunda vida.

Ramón y Cajal pintado por Sorolla
Ramón y Cajal pintado por SorollaMuseo de Zaragoza

En este sentido, Ramón y Cajal resultó un pionero a la hora de romper los clichés que situaban a los científicos como gente seria, enclenque y encerrada en un laboratorio con la mente siempre centrada en nuevas y apasionantes investigaciones.

En realidad, Cajal nunca se posicionó contra el deporte en sí, sino contra la obsesión por el mismo (lo que hoy llamaríamos vigorexia), y contra el culto exagerado hacia los ídolos del deporte de masas. Pero el científico defendía que las personas debían hacer ejercicio acorde a su edad, y reconocía que la fiebre gimnástica de su juventud, aunque guiada por el ego y un desatado narcisismo, además de esculpir su cuerpo, le habían ayudado a fortalecer su carácter y su sentido de la disciplina: “En esos certámenes de la agilidad y de la fuerza...se templa y robustece el cuerpo y se prepara el espíritu para la ruda concurrencia vital de la edad viril”. Disciplina sin la cual difícilmente podría haber encarado una vida consagrada al estudio y la investigación.

Ramón y Cajal, Santiago, siempre confesó que en su temprana pasión por la anatomía influyó sus inclinaciones hacia la gimnasia culturista, que le lleva a una profunda curiosidad por el conocimiento anatómico y por ello, estudia la carrera de Medicina y se especializa en anatomía, pero en este caso, en la anatomía de los tejidos y la célula vistos al microscopio, la histología.