Súper pandemia

Aunque sea monótono y repetitivo el tema, no hay más remedio que hablar y escribir sobre el trance en que estamos, que adquiere ya el nivel de superpandemia. Al principio, la cosa no iba a ser nada: apenas unos efluvios desde China, como una gripe cualquiera, o poco más. Pero ya en su primera oleada el episodio adquirió máxima envergadura, y la desescalada no está conduciendo, precisamente, a una «nueva normalidad». Más bien resulta que lo normal podría ser la continuidad «in crescendo», siendo un síntoma muy significativo que muchos negacionistas se hayan convertido…

La gran amenaza es volver a los confinamientos masivos. Y la esperanza, las vacunas, que están en una carrera en la que todavía no tenemos la seguridad de que pueda rechazarse al virulento visitante para siempre. «Tendremos que convivir con el corona y hacer una vida que parezca normal». Es lo que ya están diciendo muchos expertos biólogos, virólogos y epidemiólogos.

Por lo demás, el gran descubrimiento es que los Sistemas de Salud Pública tendrán que reconvertirse. Para atender una crisis que es consecuencia de la globalización y que, para bien o para mal, se ha extendido en los últimos tiempos; sin que la solución vaya a ser compartimentar otra vez la sociedad internacional con barreras como las que ya se están poniendo.

Pero por encima de todo, lo que se echa de menos es que no haya una respuesta global a lo que es un reto global. En el sentido del gran historiador Arnold Toynbee, para quien la dinámica es siempre reto/ respuesta. De modo que si el reto es global, la respuesta tendría que serlo, y no lo es, al menos de momento. Ahí tenemos a Trump, incriminando a China e imputando a la OMS como un agente de Pekín; brillando por su ausencia la cooperación científica a escala planetaria. Lamentable, y veremos qué pasa tras el 3 de noviembre.