Electrosmog, el enemigo silencioso

Wifi, móviles, ordenadores con conexión, antenas, repetidores, cables de distribución eléctrica... Vivimos rodeados de campos electromágneticos. La llegada del 5G ha reabierto el debate sobre si tanta contaminación afecta o no a la salud. La ciencia parece más dividida que nunca a este respecto, aunque en un cosa concuerda, en pedir precaución ante una tecnología que difiere en algunas cosas a lo que hemos empleado hasta ahora para comunicarnos

La UE ha aprobado la implantación del 5G aunque muchas organizaciones están pidiendo moratorias
La UE ha aprobado la implantación del 5G aunque muchas organizaciones están pidiendo moratoriasDreamstime

Wifi, teléfono móvil, ordenador con conexión a internet, antenas repetidoras, cables de distribución eléctrica. Vivimos rodeados de ondas electromagnéticas. La llegada ahora del 5G no ha hecho más que avivar una polémica activa desde hace décadas. ¿Es la exposición repetida estas ondas segura para personas, animales y plantas?

Lo cierto es que el 5G está creando un aluvión de críticas y suspicacias. A principios de año la publicación científica Eurekalert se hacía cargo de una petición científica publicada en el «Journal of Epidemiology &Community Health», que aboga por aplicar el principio de precaución antes del despliegue de esta tecnología. «El 5G utiliza ondas de frecuencia mucho más alta (3 a 300 GHz) que en el pasado y hace uso de una tecnología de apoyo muy nueva, y relativamente no evaluada, en términos de seguridad, para permitir esta mayor capacidad de transmisión de datos. Deberíamos pecar de cautelosos y detener el despliegue global de estas redes hasta que estemos seguros de que esta tecnología es completamente segura», dice el texto.

El despliegue en Europa, dicen desde Ecologistas en Acción «no atiende ni al principio de precaución ni al de evaluación ambiental. La Agencia Europea de Medio Ambiente ha lanzado dos avisos, uno en 2007 y otro en 2013, antes de dar su consentimiento al despliegue de las redes de 5G. La publicación del segundo volumen de «Lecciones tardías de alertas tempranas» de la Agencia Europea de Medio Ambiente incluye como problema emergente las radiofrecuencias de la telefonía móvil. Desde 2007 llama a aplicar el principio de precaución, explica Julio Carmona, portavoz de la organización.

MORATORIAS

Hace unos días mil organizaciones se unían para solicitar una moratoria para el 5G en Europa. Antes, decenas de organismos públicos y consultivos de salud o medioambiental, colegios médicos y asociaciones de todo tipo, desde las de medicina ambiental a instituciones de investigación del cáncer, han solictado lo mismo. mismo. «Las peticiones de moratoria las han hecho, entre otros, la Confederación de Médicos de Suiza, el Colegio Oficial de Médicos de Viena, el Instituto Ramazzini de Italia, especializado en cáncer, etc. Ya hay unos 100 ayuntamientos en Suiza y 600 en Italia que se han sumado a la solicitud», detalla Carmona. Además, dice, la UE contaba con otras posibilidades de desarrollo como la fibra óptica o el Lifi, una tecnología como el Wifi pero que se basa en luz y está libre de emisiones. Se descartaron todas.

A FAVOR Y EN CONTRA

El organismo de referencia para el estudio de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia –desde Wifi a móviles y 5G– es la Comisión Internacional de Protección de Radiación no Ionizante (ICNIRP). Es la encargado de regular el máximo de frecuencia a la que debemos estar expuestos y afirma que «el único efecto comprobado de la exposición a estas ondas relevante para la salud y seguridad humana es el calentamiento del tejido expuesto. Los campos electromagnéticos pueden penetrar en el cuerpo (cuanto mayor es la frecuencia, menor es la profundidad de penetración) y causar vibraciones de moléculas cargadas o polares en el interior. Esto da como resultado fricción y, por lo tanto, calor».

Este hecho de fijarse en el calor es lo que levanta suspicacias sobre el organismo entre algunos expertos. «El ICNIRP es una entidad privada que despierta sospechas desde hace años. Y es que esta entidad solo se encarga de estudiar las tecnologías que pueden elevar la temperatura de los tejidos y ahí está el problema, en que hay un montón de evidencias de afecciones a niveles no térmicos. Hay muchos estudios que así lo dicen. Para animales y plantas tampoco hay demasiadas evidencias. Hace unos diez años salió un estudio sobre el aumento de los factores de estrés en plantas tomateras por exposición de Wifi. Otras entidades han analizado cómo las copas de los árboles se secan cuando están cerca de las antenas», explica Fernando Pérez, director técnico para la Salud Geoambiental. El técnico detalla que el peligro real están en las antenas que funcionan como focos dirigidos y que pueden exponer en exceso a quien vive muy cerca.

Sobre el resto de efectos e ICNIRP considera que sí se han realizado una cantidad considerable de investigaciones sobre la relación entre los campos electromagnéticos y síntomas como dolores de cabeza, dificultad para concentrarse, efectos cardiovasculares, etc., pero no se ha demostrado ningún efecto. Por otra lado, admite que «el riesgo de tumores en las proximidades del oído donde se sostiene el teléfono ha sido el foco de la mayoría de los estudios epidemiológicos. Algunos de estos estudios han informado de un ligero aumento estadístico en el riesgo de algunos tumores cerebrales».

Otro de los estudios de referencia son los del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, que en 2011 categorizó la contaminación electromagnética como posible cancerígeno. La catalogó en la categoría 2B junto a otros factores de riesgo como la carne. «En esa categoría también está el café.

Si entras en detalle a ver las clasificaciones lo que hace la IARC es evaluar la calidad de la evidencia, es decir, si la probabilidad obtenida entre los diferentes estudios es coherente. Pero no mide la fuerza de la evidencia. Podría haber un incremento de riesgo de cáncer solo de un 1,3% entre una persona expuesta y otra no, por ejemplo, pero es que en el caso del tabaco la diferencia entre estar expuesto y no es de una magnitud del 30%. La clave no es mirar un estudio concreto, sino el conjunto para afirmar que las evidencias sobre el peligro para la salud no son concluyentes», opina Pere Joan Riu, del departamento de Ingeniera Electrónica del Centro de Investigación de Ingeniería Biomédica de la Universidad Politécnica de Cataluña.

MÁS ANTENAS

Como se ve, falta consenso entre lo que supone estar expuestos a los campos electromagnéticos, aunque sí hay cierto acuerdo al pedir prudencia ante el despliegue del 5G. Por un lado, es cierto que la tecnología no supone una gran novedad si tenemos en cuenta que en la mayor parte de los casos usará frecuencias que hasta ahora ya se han empleado. La radiofrecuencia aproximadamente abarca desde los 100 MHz de magnitud de las emisores de FM a las 400-500 MHz que ocupan las antenas de televisión o las de 700 MHz que se han liberado para el 5G. De los 900 MHz a los 12,5 GHz están los móviles y tecnologías como los Wifi y el bluetooth.

Y ahora viene el problema. El 5G entra con aplicaciones que emiten a 5-6 GHz, pero también con algunos usos específicos a 26 GHz, unas frecuencias mucho más altas de las usadas hasta el momento y sobre las que faltan estudios. «Con la escasez de estudios científicos que hay es difícil decir con seguridad ‘no os preocupéis que no pasa nada’. En teoría estas frecuencias tan altas tienen una capacidad de penetración muy pequeña, pero necesitamos saber más. La tecnología va muy rápido y esto no se lo pone fácil a la ciencia, que no lleva el mismo ritmo», dice Riu.

Otro de los problemas es que las zonas de cobertura serán más pequeñas, es decir, habrá más repetidores y antenas emitiendo señales de forma más dirigida. Y sobre los efectos que esto puede tener tampoco se sabe mucho. «Las antenas son como focos de luz no visible. Pueden atravesar determinadas superficies, como los cristales de nuestras ventanas, aunque no las paredes. Eso sí, si dentro de un edificio tenemos un antena muy dirigida hacia nosotros podemos estar demasiado expuestos», dice Pérez.