Autoestima

Ramón Tamames
Ramón Tamames FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Dice el Diccionario de la Lengua Española que autoestima es la «valoración generalmente positiva de sí mismo». Una definición que me parece un tanto escueta, porque en realidad no refleja el valor emocional y compensatorio de bellezas portentosas o dificultades superadas. En ese sentido, no cabe duda de que el Museo del Prado, o el Teatro Romano de Mérida, o la Alhambra de Granada, o la belleza de los Pirineos, o del cercano a Madrid Pinar de Valsaín, son elementos de una sensacional alegría que nos profundiza en el alma.

En ese sentido, más allá de ser economista, a veces me parece que el entusiasmo es una parte activa fundamental de valoración cabal; trascendiendo en un sentimiento reconfortante que da su sentido a la vida.

Por ejemplo, cuando se dice que el AVE no resulta rentable para la economía nacional, y se llega a hacer propuestas de ir en trenes más lentos y menos cómodos, no se considera lo mucho que ha significado para los españoles el cambio en los modos de transporte. Y especialmente en la Alta Velocidad Española, que da nombre al ingenio que nos mueve ya prácticamente por toda la Península Ibérica, y que vertebra las tierras de España entera, que diría Ortega.

Y nos enorgullecemos de ser distintos de antes. Hay otras autoestimas que tampoco cabe calcular con meros y fríos números de evaluación convencional. La circunstancia, por ejemplo, de que el próximo sábado 28 de mayo tengamos la final de la Champions en París, nos revela el inmenso valor de algunas empresas deportivas, que inciden profundamente en el ánimo nacional. No es lo más importante el triunfo del Real Madrid de Florentino, sino el sentido del alto coraje necesario para traer a casa un triunfo sí, que nos subirá la autoestima.