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Medio ambiente

Fernando Moreno: «Negar el cambio climático es una tropelía mental»

El veterano periodista debuta en la literatura con «Julia», una novela policíaca que sorprende

Fernando Moreno
Fernando MorenoLa RazónLa Razón

Fernando Moreno (Cáceres, 1955) ha repartido su vida entre País Vasco, Navarra, Madrid y Valencia. Periodista de la agencia EFE durante más de 40 años, del dato se pasa ahora a la novela. «Julia» (Nimbo Ediciones) es la primera obra de una trilogía policíaca escrita por un aficionado al mar y la pesca enamorado de la localidad almeriense de Carboneras. El verano finaliza en esta historia, que se ve alterada con la aparición de dos cadáveres sin relación aparente.

Periodista de «los de antes»...

Durante casi 40 años. Había que revelar en el laboratorio y se escribía sobre cinta perforada. En EFE entré en el 80 y antes había sido corresponsal. Estuve muchos años en País Vasco; he recogido unos cuantos cadáveres. Me acuerdo de un accidente contra el monte Oiz, en el que falleció un ministro de Franco. Los redactores tenían que subir al monte, bajar al caserío para informar por teléfono, y subir de nuevo. He vivido esa época en la que no llevar monedas en el bolsillo para llamar en las cabinas te podía dejar sin noticia.

Periodismo de agencias y literatura, ¿agua y aceite?

El de agencias es un tipo de periodismo fundamental. Pero también es la tiranía del dato; no salirte de la realidad, contarlo todo sin adjetivos, sin calificativos. Hasta hace poco ni se hacían ni crónicas. Por eso, he dicho alguna vez que la literatura es un poco mi venganza hacia el periodismo de agencias. Ahora puedo inventar sin tener mala conciencia.

¿Le costó?

En una agencia, cuando pasas de 600 palabras ya tienes al redactor jefe gritando. Así que cuando me puse con la novela... en 20 folios la tenía escrita. Tuve que quitarme la costumbre de contarlo todo pegando manotazos. Cuando me jubilé, me compré un barquito y me fui a Carboneras. Allí, la relajación hace que puedas alargarlo todo. «Julia» es mi oportunidad de darle rienda suelta a la inventiva sin despegarme de mi pasado agenciero. Los personajes son ficción pura y dura, pero los escenarios son lo más reales que he podido describir. El barco es mi barco, la casa de Ángel es mi casa. El Jabegote está ahí para quien quiera sentarse a tomar una cerveza mirando al mar.

Dice que en Julia no hay filosofía, es como un libro de viajes...

Es una novela que yo no llamaría negra porque hay demasiado sol, pero sí diría que es policíaca. Tiene un poco de revista de viajes, sin que nadie me lo haya encargado [ríe]. Pasa que Carboneras para mí es otro mundo, desde las calas a los bares. Llevo veraneando allí desde los 80, cuando era un pueblo perdido casi sin carretera. Me apetecía contar su historia y su forma de ser; esos estratos que conviven pero nunca se mezclan. Por un lado, están los pescadores (los del pueblo de toda la vida). Luego vivió una especie de invasión bohemia y «hippie» en los 60, cuya influencia aún perdura. Después recibió a los turistas que todo lo arrasan para desaparecer con el primer Levante de septiembre.

La naturaleza también tiene un hueco en su obra.

En la novela hay un hecho que se cuenta que viene traído por el cambio climático. Una mujer italiana de 19 años murió ahogada en la playa de la Granadilla porque unas intensas lluvias arrastraron la caravana en la que dormía. Esto ocurrió de verdad. Una placa todavía recuerda que es una zona peligrosa por riadas. Carboneras es un sitio donde la naturaleza está viva. Está libre. Es un canto a la naturaleza. Pero hay que preservarla.

Del cambio climático, ¿qué opina el hombre apegado al dato?

Que hemos pasado de «los chalados de Greenpeace» al dato científico. Hay que ser muy cerril para no ver que algo está cambiando. No son negacionistas del cambio climático, son negacionistas de la realidad. Es una tropelía mental. Y si no, que se lo digan a quien ha perdido la casa tres veces por las riadas. Yo digo: cuidemos a la naturaleza. El hombre al final es egoísta, si tú quieres disfrutar (navegar, pasear...) tienes que procurar que las cosas que te gustan se mantengan. Si desaparecen, se acaba tu disfrute. Creo que uno de los grandes problemas de hoy en día es el presentismo. No nos damos cuenta de que después de un cuarto de hora viene el cuarto de hora siguiente. Pensamos: «el que venga detrás que arree», pero es que el que viene detrás eres tú también.