Se llama Josué Brachi y es campeón de Europa de Halterofilia. Ya saben lo que tiene esto del periodismo, que solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, así que vamos a ser un poquito ventajistas y vamos a hablar de Josué justo ahora que ha triunfado. Cuando no lo haga no nos pidan que nos acordemos de él y, si lo hacemos, será para criticarle por no haber conseguido una medalla, un podio, o que suene el himno nacional en el extranjero. El caso es que Josué Brachi es campeón de Europa en lo suyo, siendo bajito y manteniéndose fiel al puchero de su abuela como método para recuperar fuerzas. Puchero con arroz, ojo, no con fideos. Pero Josué ha hecho algo mucho más bonito que ser campeón de halterofilia o ser el orgullo de su abuela, la reina de los pucheros y de su nieto. Josué ha dicho que quiere parecerse a Lidia Valentín, campeona mundial. Apunten este día en sus agendas, en sus moleskines, en sus dietarios, en su memoria. No todos los días un hombre dice que quiere parecerse a una mujer. En estos tiempos turbulentos, en los que parece que nos entendemos cada vez menos, en los que el pendulazo nos impide llegar a hombres y mujeres a un punto de entendimiento que nos acerque, es enternecedor saber que un hombre chiquitito quiere ser como una mujer poderosa. Qué grande eres, Josué.