La encuestona
Alfonso Ussía

No creo excesivamente en las encuestas. He vivido 42 años de democracia en España y jamás he sido requerido en la calle, por llamada telefónica o correo, con ruego de respuesta para encuesta electoral alguna. De ahí mi respetuosa distancia con el entusiasmo que acompaña al liderazgo de Rajoy según la última encuesta de NC Report que publica LA RAZÓN. Y mi respetuosa distancia no significa que dude de su profesionalidad y limpieza, sino de la sinceridad de los encuestados. El 69% de los votantes del PP quieren a Rajoy como candidato a la presidencia del Gobierno. Y el 27,7% de los cuestionados estima que la mejor sucesión a Rajoy la protagoniza Soraya Sáenz de Santamaría. Ello me lleva a pensar que la encuesta la ha dirigido desde la jefatura del gabinete de Soraya, María Pico.

Mi entorno es muy PP, y mi entorno es amplio. No me salen las cuentas ni con Rajoy y su permanencia ni con Soraya en la sucesión. Les aporto una encuestilla muy modesta que he elaborado con singular discreción en los últimos años. Entre ex ministros, ministros actuales y altos dirigentes del PP, el 90% pone en privado a Soraya a caer de un burro. Pero la temen, eso sí. Con pavor indisimulado. Y respecto a Rajoy, es probable que el númerpo del 69%, que es erótico de por sí, se deba al caudal de ambición de los mandos medios del PP, que están en Sevilla pasándolo de cine con el gracejo de Juanma Moreno. Me lo confesó un respetado dirigente socialista durante una cena atroz en el Club Siglo XXI posterior a una conferencia más atroz todavía: –Lo único bueno de los congresos de los partidos, es el ajetreo nocturno por los pasillos de los hoteles–.

Los partidos políticos son infinitamente más duros con los que ascienden que las empresas. En una empresa siempre hay un alto ejecutivo que se impone y promociona al joven que vale, entre otras razones, porque trabaja para el bien de esa empresa. En un partido político, la tapadera de la mediocridad no permite ascensos por mérito y convicción. En Ciudadanos, Albert Rivera no es el referente. La referencia de convicción, de captación y de emoción es Inés Arrimadas. En el PP vasco, y como todos la descubrí por un vídeo colgado en las redes, hay una Beatriz Fanjul que emocionó a todos. No se casa con nadie, habla con serenidad y aplomo, hace autocrítica, lamenta la humillación que han padecido los heroicos políticos populares vascos y su desaparición paulatina ordenada por Rajoy y Soraya y ejecutada por Maroto y Oyarzábal. Desde aquella intervención, ésta chica está siendo silenciada. Ignoro si es alavesa, vizcaína o guipuzcoana, pero tres como ella – y estoy seguro de que existen–, levantarían de nuevo en territorio hostil al partido supuestamente liberal-conservador de España.

La aplicación medrosa del 155 en Cataluña no ha tenido el apoyo del conservadurismo español. Se ha tratado de una aplicación obligada y asustada, no convencida en la decisión. Y en la calle, ese lugar que muchos políticos ignoran que existe, piensa, decide y vota, se plasma un cansancio, por otra parte inevitable, del rajoyismo. Creo que Rajoy tiene decidido no seguir, pero está claro que una votación libre entre los miembros con derecho a voto, dejaría en una situación muy desairada a Soraya, que acumula en su partido abundantes y caudalosas animadversiones. Ahí están Feijóo, González Pons, Cospedal, Pastor, Zoido, y más dignos políticos cuyos nombres y trayectorias se ocultan a los votantes. Para que el PP vuelva a serlo, es necesario que el complejo de inferioridad, la cobardía y el virus de la socialdemocracia desaparezcan. Que surjan los jóvenes. No se trata de elegir a los mejores para que triunfe una empresa privada. Se trata de España, sencillamente. Esa encuesta alborozada parece formulada por María Pico.