El Juzgado de Primera Instancia número trece de Valencia ha dicho lo que todos los españoles sabíamos: que Julio Iglesias tenía más hijos, que podríamos ser cualquiera de nosotros y que a sus setenta y cinco años puede que fuera padre de nuevo. Se llama Javier Sánchez Santos y solo con lo que va a sacar dando entrevistas estos días, se va a engordar muy ricamente su cartilla de la Caja de Ahorros. A mí este muchacho (que es clavadito al asunto al que me vengo a referir) siempre me ha dado un poquito de pena. Tu madre te dice que aquello ocurrió. Te miras al espejo y todo el mundo sabe que tu carita es la de Enrique pero en las rebajas de enero (perdón, pero soy muy enriquista). Lo dices, eres pasto de las peores bromas de los barraganes patrios, vas a un juzgado y tu padre dice que va a ir a hacerse la prueba del ADN tu padre (perdón otra vez pero si no hago la broma, reviento). Dedicas toda tu vida en cuerpo y alma a demostrarlo, siempre con el rechazo del que ya dice un juzgado que es tu padre. Apareces siempre como un friki, como un «nerd» al que nadie va a tomarse en serio. Y de pronto, de un día para otro, estás en disposición de heredar una novena parte de la tercera parte del patrimonio de Julio Iglesias. Todo esto podría ser el cuento de la Cenicienta, pero me temo que el camino será largo para Javier. A poco que los abogados de Julio Iglesias se remanguen, la prueba del ADN, aunque no haya sido admitida, está conseguida en condiciones más que dudosas, nunca con su consentimiento, renegando de que olvidase la famosa botella de agua y asegurando que hubo hurto en su obtención. A poco que los abogados se remanguen, el asunto llega al Tribunal de Estrasburgo. Y puede que hasta siente precedente. Pero, en el fondo, todos sabremos lo que hay. Eres, Y LO SABES.