La gran purga

Los partidos catalanes ya trabajan con la previsión de unas elecciones que serían el 15 de enero

«Sobre el cese del president Torra. Yo no soy de los que se ha quedado en el Partido Demócrata. Con los conflictos de octubre lo hubiera entendido, pero ahora no. El cese forma parte de un cambio que va más allá». Así recibía con sorpresa y estupefacción su cese el conseller de Interior, Miquel Buch. Había roto su carnet del PDeCAT y se había pasado con armas y bagajes a la formación de Puigdemont. No le ha servido para nada. Torra se la guardaba desde hace tiempo. Desde cuando le pidió explicaciones, en varias ocasiones, por el papel de los Mossos ante las manifestaciones independentistas. Según Torra, la policía actuaba con violencia. Buch defendió a los Mossos y desafió a Torra amagando incluso con su dimisión. Ahora el president Torra se toma su venganza en forma de purga.

Àngels Chacón, la consellera de Empresa, tampoco sabía nada, pero si alguien se daba por amortizada era ella. En plena guerra de PDeCAT y Puigdemont, Chacón tomó partido por el PDeCAT y se planteaba ser su cabeza de lista en caso de ruptura. Fue la única consejera que no cedió a las presiones. Ha sido fulminada, dando por finalizado un tripartito en Cataluña que ha durado una semana.

Maria Àngels Villalonga, es la tercera cesada, pero el caso es diferente. Le ha levantado sarpullidos a Torra a cuenta de la lengua tan innecesarios como lamentables. De su gestión, poco se sabe porque ha pasado sin pena ni gloria por la Consejería de Cultura.

Torra ponía al servicio de la estrategia de Puigdemont al nuevo Gobierno. Los díscolos fuera y los poco útiles, también. Torra cedió a las presiones de Waterloo para no convocar las elecciones y Waterloo le apoyará en la nueva etapa de enfrentamiento con el Estado a cuenta de la ratificación de la sentencia de inhabilitación en el Supremo. Torra agotará todas las argucias legales para retrasar la aplicación de la decisión del Supremo que abriría un periodo electoral en Cataluña. Las elecciones cuánto más tarde mejor, dicen los de Puigdemont. Por si la cosa no va, tienen preparado un candidato «títere» para aumentar la pugna con el Estado y meter el dedo en el ojo a ERC para afearle su debilidad. Debilidad de «botiflers».

Con estos objetivos, Torra refuerza su gobierno con tres radicales subidos al carro de Puigdemont y convergentes de toda la vida. Miquel Sàmper es el nuevo consejero de Interior. Es un hombre muy próximo a Josep Rull, que lo impuso como candidato en las municipales de 2015. Obtuvo un rotundo fracaso. Pasó de 9 a 2 regidores. Con el fracaso a cuestas, entró en el gobierno municipal, con el PSC. Luego se acercó a Germà Gordó, en momentos el hombre fuerte del partido hasta que cayó en desgracia por sus implicaciones en el caso 3%.

Un caso que se repite en la nueva consellera de Cultura, Àngels Ponsà. Activista de la ANC, Ponsà ha sido regidora en Sant Cugat hasta el 2003, periodo en el que el consistorio ha sido condenado por corrupción en el caso 3%. Con ella estaban en el consistorio los también consejeros Damià Calvet y Jordi Puigneró. El actual ayuntamiento, dirigido por un tripartito de ERC, PSC y CUP ha exigido la dimisión de todos los concejales afectados por la condena. Ahora ya son tres. Por si fuera poco, la nueva consellera de Cultura en 2016 como concejal en Sant Quirze del Vallès también estuvo implicada en el caso 3% que llevó a la Guardia Civil a registrar las instalaciones municipales.

Ramón Tremosa es el último designado. Siempre a la sombra del poder convergente, empezó a radicalizarse en 2006 cuando se posicionó contra el Estatut de Catalunya. Ante el referéndum de 2017 se acercó a Puigdemont del que es uno de sus colaboradores de cabecera. Tremosa lanzó fake news durante esa jornada, utilizando manifestaciones en Santiago de Chile como si fueran sucesos del día del referéndum. Su nombramiento ha puesto los pelos de punta al empresariado porque temen una alianza del Govern con la Càmara de Comercio de Barcelona, para asediar a las organizaciones empresariales.

Torra con este movimiento, por sorpresa, que conocían muy pocos, intenta echar la pelota hacía adelante. De hecho, los partidos ya trabajan con unas elecciones para el 15 de enero. Con la excusa de la pandemia, Torra se pone al servicio de Puigdemont y su estrategia que pasa por revalidar el trono del Palau de la Generalitat.