“Bankia, historia de una injusticia”

No importaba la verdad jurídica, sino los intereses partidistas

La sentencia de la Audiencia Nacional puso ayer punto final a la terrible injusticia vivida por los procesados con motivo de la salida a Bolsa de Bankia. Las acusaciones no tenían ningún fundamento y el despropósito llegó al extremo de incluir a Ángel Acebes que no era consejero cuando se aprobó esa salida. El despropósito ha sido de tal magnitud que es increíble que el proceso llegara a juicio oral y no se hubieran archivado las querellas por falta de fundamento.

No se produjo ningún delito de falsedad contable. La absolución de todas las personas físicas y jurídicas no repara el daño personal y reputacional sufrido por los afectados, pero al menos es una gran noticia que pone punto final a un largo calvario que ha durado nueve años. Lo sucedido ha sido muy duro para todos ellos y sus familias que han visto cómo eran condenados a la lamentable «pena del telediario», se han escrito o dicho auténticos disparates e incluso se ha alargado innecesariamente la estancia en prisión de Rodrigo Rato en base al posible resultado de una sentencia que finalmente ha sido exculpatoria.

Este proceso es una consecuencia directa del populismo esgrimido por las acusaciones particulares y populares, sin tener en cuenta que no hubo ninguna actitud maliciosa. Fue una salida a Bolsa que contó con las autorizaciones de todos los organismos reguladores que no sólo la impulsaron, en algunos casos, sino que nadie vio o encontró salvedad alguna. Lo mismo se puede aplicar al folleto de la salida a Bolsa. No hay que olvidar la grave crisis que se vivía entonces así como los intereses políticos que había con una radicalización desde la izquierda con el objetivo de atacar al gobierno del PP cuando la realidad es que fue necesario rescatar a una parte importante de las cajas de ahorro.

La salida a Bolsa se produjo durante el gobierno socialista y se hizo con las mejores intenciones, aunque la crisis se llevó por delante a la entidad haciendo necesario su rescate. No era un problema de mala gestión o irregularidades penales, sino la consecuencia de la crisis económica que golpeó con enorme dureza a nuestro país. A pesar de ello, Rato y los miembros del consejo de administración se convirtieron en los chivos expiatorios de una campaña política tan inmisericorde como desmedida. No importaba la verdad jurídica, sino los intereses partidistas. Nada podía ser más útil en esta estrategia que ir contra exministros del PP.