Ayuso veta hablar de/contra Vox

Jesus G. FeriaLa Razón

Ayuso no quiere que en su campaña se hable de, o contra, Vox. La presidenta y candidata tampoco quiere que la «mangoneen» la estrategia desde fuera de su ámbito de poder. O dicho de manera más directa, que vengan de Génova a decirle qué hay que hacer para mantener la mayoría necesaria en la Comunidad de Madrid para gobernar. Ella no desea que se hable de Vox porque en su estrategia electoral el adversario no está en su derecha, espacio que quiere absorber, sino exclusivamente en la izquierda. Por eso considera que los suyos deben ajustarse a la instrucción de obviar las siglas de Vox en su discurso de campaña.

Esto descuadra con la imagen de Pablo Casado en la moción de censura que Vox presentó contra Pedro Sánchez en el Congreso, y donde el jefe de filas de los populares hizo el giro, para salir bien parado de ese examen parlamentario, y se presentó como el azote de Santiago Abascal.

Sólo ya por esta razón a ninguno de los dos les interesa estar mucho juntos en campaña electoral. No se suman, aunque el ego de la política impida a los políticos ver más allá del cortoplacismo y de la rentabilidad o de la foto inmediata.

En la dirección nacional del PP están a ver cómo pueden hacer para entrar con fuerza en la campaña madrileña y repartir beneficio si se confirmara el éxito el 4-M. Pero Ayuso no es Alejandro Fernández (líder del PP catalán), por poner un ejemplo reciente, ni el PP de Madrid es el PP vasco, por mucho que Casado se sienta el amo de la organización regional y se niegue a repartir poder con la presidenta madrileña. La campaña la hacen en la Puerta del Sol y el discurso será el de Ayuso, que se siente más fuerte de lo que la ven en la dirección nacional de su partido. Aquí se escucha decir que «las elecciones han sido, quizás, precipitadas y en el mejor de los casos nos lleven a tener un Gobierno como el que ya teníamos, que dependa de Vox y de Ciudadanos». La partida está abierta. Ayuso se crece en el enfrentamiento con Pablo Iglesias, a costa de que mengue el otro Pablo y se resientan las costuras internas del PP. Aunque no lo digan, los gurús de la demoscopia saben que juegan más seguro si cuentan con que Ciudadanos se mantiene en la Asamblea, y Vox no baja, que éste es otro riesgo que sobrevuela el tablero. En fin, un ir para volver a donde se estaba, en el mejor de los casos para Casado.