Canela Fina | Hacia la República Confederal

Tanto los secesionistas vascos como los catalanes aceptarían, aunque fuera provisionalmente, la República Confederal

Emilio NaranjoEFE

Los historiadores más rigurosos, los analistas políticos más sagaces, consideran que la República Confederal provocaría la desmembración de España y que la desmesurada campaña de algún sector gubernamental contra el Rey Padre, Juan Carlos I, pretende impedir la continuidad de la Monarquía parlamentaria conducida por la prudencia y la serenidad de su hijo Felipe VI. El Rey ha conseguido evitar hasta ahora que la Monarquía pierda una de sus funciones esenciales: ser la plataforma neutral sobre la que se solucionan los problemas de España. En un excelente artículo, David Lozano anticipa que la España “plurinacional” del PSOE (Partido Sanchista Obrero Español), impulsada por algún sector monclovita, desembarcará en los turbios albañales de la fragmentación de España. Por eso varios comentaristas recuerdan las palabras de uno de los filósofos grandes del siglo XIX español: “Ay de los pueblos gobernados por un Poder que ha de pensar en la conservación propia”.

Hace 148 años, el pueblo de Jumilla tomó la decisión de declararse independiente y su Gobierno anunció que deseaba “la paz con todas las naciones extranjeras y, sobre todo, con la nación murciana, pero si ésta se atreve a desconocer nuestra soberanía y a traspasar nuestras fronteras, Jumilla se defenderá como los héroes del 2 de mayo y no dejará en Murcia piedra sobre piedra”. La insurrección cantonal se generalizó en 1873. Y tras la declaración de independencia de Jumilla y Cartagena se sumarían a la locura Málaga, Sevilla, Cádiz, Granada…

La extrema izquierda rechaza la República Federal que un sector del socialismo dibuja en los cielos del futuro de España. Los ultraizquierdistas prefieren la República Confederal que instalaría a las Comunidades Autónomas en una situación fronteriza con los Estados independientes. Tanto los secesionistas vascos como los catalanes aceptarían, al menos provisionalmente, que la República Confederal sustituyera a la Monarquía parlamentaria. En muy poco tiempo caería la primera ficha del dominó separatista territorial, Cataluña tal vez, y después las otras, País Vasco, Galicia, Baleares, Canarias, Valencia, Andalucía… Las republiquetas de taifas, en fin, que diría un político español considerado como el gran hombre de Estado de la España del siglo XX.

Luis María Anson, de la Real Academia Española