Una nueva educación, el principio del fin de la igualdad de oportunidades

Los planes educativos de Sánchez, de forma consciente o inconsciente, trabajan para aumentar la brecha social y contribuir al fracaso, en la práctica, de la parte más vulnerable de nuestra juventud

Una nueva educación, el principio del fin de la igualdad de oportunidades
Una nueva educación, el principio del fin de la igualdad de oportunidades FOTO: Barrio

El Régimen de Sánchez cada día trabaja un poco más para la proletarización de una masa enorme de españoles. Junto a la ley de Seguridad Nacional, infinitivamente más totalitaria que la famosa ley de patada en la puerta de Corcuera o la liberticida ley de Memoria Democrática, ahora nos traen una nueva retahíla de medidas educativas, a sus ojos y de Sindicatos de Estudiantes supuestamente populares, que van dañar de forma irreparable las oportunidades de un futuro mejor para muchos niños y jóvenes españoles.

En el marco de una sociedad inmersa en la cuarta revolución industrial del primer mundo, cada vez más tecnificada, en la que la asimilación de conocimientos técnicos y auténticamente humanísticos son cada día más necesarios, los objetivos curriculares que marcan los planes educativos de Sánchez, de forma consciente o inconsciente, trabajan para aumentar la brecha social y contribuir al fracaso, en la práctica, de la parte más vulnerable de nuestra juventud.

Los planes de estudio de 1970 del ministro de Educación Villar Palasí sirvieron para poner en marchar el último proyecto estatal para lograr verdaderamente un sistema educativo igualitario y eficiente para todos los jóvenes españoles. Un plan que abrió definitivamente la igualdad de oportunidades a unas generaciones que llegaron a la universidad en el último tercio del siglo XX sin que tuviese importancia la cuenta corriente de sus padres. En las décadas finales del siglo XX llegaban a las aulas de la universidad estatal una generación que, gracias a su legítima ambición, capacidad, trabajo y a sus méritos, iba a lograr el gran cambio en España que, aún, hoy disfrutamos, y que ha llegado a ocupar, de forma independiente a su extracción social, los puestos directivos y de mayor responsabilidad que a muchos de sus padres les habían estado vedados.

Los planes docentes de Sánchez y de sus ministras de Celaá y Alegría, cuya consecuencia final, si se llegan a desarrollar en su totalidad, van a provocar que los españoles del futuro sean cultural y económicamente cada día más diferentes, que se vuelva a producir una separación como la que existía en tiempos de Alfonso XIII, la II República y el primer franquismo.

La falta de exigencia en los planes de estudios escolares, junto a la decisión para que los alumnos pasen de cursos sin haber logrado aprender los mínimos que sus profesores les enseñan, unida a la enseñanza de unas matemáticas gubernamentales para el «desarrollo de destrezas emocionales» y con asignaturas con contendidos de ideología de género para «promover el desarrollo sexual y personal en las primeras etapas y fomentar la perspectiva de género» y otras pamemas, o el estudio de materias como la historia o la geografía a nivel exclusivamente autonómico, van a someter a muchos escolares a una más que evidente deficiencia en su formación escolar. Todo esto va a generar una falta de conocimientos reales, necesarios, prácticos y útiles en la educación pública, lo que va a aniquilar la igualdad de oportunidades conseguida por los españoles en la segunda mitad del siglo XX y primeros años del XXI.

No deja de ser curioso que un gobierno socialista, al que le gusta pensar que es el partido del pueblo, esté trabajando para acentuar las diferencias entre los españoles. Con los nuevos planes de estudio de las ministras Celaá y Alegría se puede estar condenando a una generación de jóvenes españoles de las familias menos dotadas de recursos económicos a tener que ocupar la parte más baja de la pirámide social.

Los hijos de los sectores económicamente más ricos de la sociedad española, que pueden llevan a sus hijos a colegios privados, bilingües o internacionales y a universidades privadas de dentro y fuera de España, van tener cada día más fácil ocupar, entre otras cosas por la falta de competencia, los puestos más importantes en las empresas, industrias y en la administración. Para trabajar en un laboratorio, diseñar una estructura de hormigón de un rascacielos o llevar la contabilidad de una gran empresa la química o las matemáticas «emocionales» no ayudan nada. La política será la única salida laboral que seguirá abierta a cualquiera.

Está demostrado que a Sánchez no le importa el futuro de las generaciones jóvenes de los españoles. Como consecuencia del encierro el Gobierno español donó 10 millones euros (julio 2020) a las televisiones privadas, que no necesitaban ni merecían ese dinero, pues, precisamente por causa del encierro los españoles consumieron más horas que en los meses anteriores. Con aquellos millones televisivos se podrían haber comprado miles y miles de ordenadores para las familias con menos capacidad económica con niños en edad escolar encerrados en sus casas y sin acceso a sus clases por falta medios para seguir sus estudios online.

Podemos y el PSOE de Sánchez quieren acabar con todos los vestigios del pasado, con el Valle de los Caídos, los pantanos… y ahora con la igualdad de oportunidades por medio de un sistema educativo que no va a permitir a los más esforzados, inteligentes y trabajadores, independientemente de su situación económica, llegar a tocar las estrellas.