El miedo
Numerosos son los que se están llenando los bolsillos con el tráfico de supuestos inmigrantes, que no son más que invasores
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Cuando una sociedad permite que decapiten a sus ciudadanos en plena calle y en el interior de templos católicos, cuando se hace de la vista gorda frente a las sucesivas quemazones de iglesias y catedrales, por los mismos de siempre, que no son mencionados con sus nombres y apellidos por miedo a que quien se atreva sea acusado de esto o aquello, es que esa sociedad se halla hundida en el pavor, y el miedo la acorrala y la ningunea. Lo peor es que vivir sumido en el terror va convirtiéndose desde hace algún tiempo en el estado aceptado, que no debiera ser jamás el normalizado y tolerado por las autoridades y figuras del poder.

Recientemente otro sacerdote ha sido asesinado de forma violenta en Francia, se trata del padre Olivier Maire, Superior de Montfortains. Del sacerdote sabemos casi todo. Del ruandés que lo mató salvajemente no conocemos ni siquiera el nombre completo, y mucho menos a quién se parece, o sea, ni una foto ha sido publicada.

Resulta que no es el primer crimen que este migrante que llegó a Francia en el 2012 de forma ilegal haya cometido, pues es además el culpable de incendiar la Catedral de Nantes en el 2020. Sin embargo, en lo que la marcha de las investigaciones iba y venía siguió pernoctando en un templo católico en Francia, mantenido por creyentes, alimentado, vestido y cuidado por religiosos. A uno de esos religiosos este beneficiado lo acaba de asesinar durante su reposo nocturno, y por lo que se ha filtrado parece indicar que se ensañó contra el Padre Maire.

No busquen las palabras adecuadas y decentes para calificar lo sucedido, tampoco yo las tengo, no se me ocurren más que remaldiciones contra algo que se pudo haber evitado no sólo una segunda vez, inclusive la primera vez. ¿Cómo? Negándole la entrada a este tipo de gente que viene a destruir, a asesinar, a imponerse como invasores.

Ahora no me vengan con disquisiciones esquemáticas ni con justificaciones relativas a que Occidente está pagando lo que hizo con esos pueblos… Por favor, ¿hasta cuándo la culpa y el castigo, la cobardía y la punición del ojo por ojo y diente por diente, si es que culpa hubiere?

Para colmo, me entero por la prensa que el Ministro de Justicia, Éric Dupont-Moretti, el mismo que dedicó buena parte de su existencia anterior a defender indefendibles, terroristas y hermanos de terroristas, aunque sabido es que la justicia es para todos, ha declarado que no se debiera sacar provecho político del crimen que nos ocupa del Padre Olivier Maire. ¿Leí bien? El primero que está sacando provecho al hablar de semejante modo irrespetuoso contra la víctima y para el resto es él; pues es Dupont-Moretti quien está identificando una forma particular de racismo disimulado detrás de sus palabras por parte de los que estamos exigiendo lo mínimo: la identidad del sujeto y su foto, su rostro.

Lo único que le ha faltado por expresar a este Ministro –por cierto, muy pendiente de ser invitado a los canales televisivos para fomentar el espectáculo politiquero– es que el sacerdote ha sido el culpable de su propia muerte por el mero hecho de ser sacerdote católico y, por haber ayudado a quien todavía sin condenar por el incendio de una catedral, o sea de un símbolo de Francia, que ni siquiera ha sido detenido, y mucho menos expulsado de este país, continúa siendo desmesuradamente protegido.

El miedo carcome a la sociedad francesa, un pavor espeso, tenebroso la corroe. El miedo a ser catalogado, a ser señalado como extremista, como racista, como fascista. Tampoco es un miedo que compartamos solamente en Francia. El miedo se ha extendido a Europa. Hace unos días leí en el Twitter de mi apreciado Sherpa Barón Rojo que se le cerraban puertas y se le manipulaba en las entrevistas por el mero hecho de decir una verdad como un templo que la inmigración no es tal, que se trata de migrantes invasores. A lo que yo agrego: numerosos son los que se están llenando los bolsillos con el tráfico de supuestos inmigrantes, que no son más que invasores; como es el caso de los que trasladan a estos criminales hacia las costas europeas y cobran sumas increíbles por hacerlo. ¿No debieran estos infames ser cuestionados e investigados, para enseguida ser juzgados en caso de que correspondiera? Ah, no, es preferible tratar de «facha» a Sherpa.

El asesinato del sacerdote Olivier Maire por un criminal y un delincuente culpable de incendiar la Catedral de Nantes no debiera ser instrumentalizado de ninguna manera por el Ministro de Justicia, y mucho menos mediante la carga política socialistona e izquierdosa que se impone mediante la bravuconería de estos impresentables como Dupont-Moretti, a quien debiera exigírsele de inmediato la renuncia. Pero, oh, qué va, de ninguna manera, porque también es verdad que se hallan todos enfrascados en cómo fastidiarnos todavía más la existencia y coartarnos más las libertades con el uso del truculento pasaporte sanitario, que en cualquier momento hasta para entrar en nuestros propios hogares deberemos enseñarlo con su código QR, que es el código de los nuevos carneros de la nueva anormalidad.