Libertad dibujada
La gente no se gana la vida mediante la ayuda de los demás sino mediante la cooperación en la sociedad y el mercado
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Los grandes viñetistas, con sus aciertos y sus errores, nos ayudan a entender la libertad. Uno de los grandes es El Roto, que dibujó en «El País» a una persona a la que le están poniendo una inyección, y el texto era: «Que nos den acciones de los que las fabrican y verán cómo nos ponemos las vacunas». Como si la gente hubiese podido vacunarse libremente, cuando las vacunas fueron organizadas por el poder. No precisamente bien. Y, por cierto, cualquiera puede comprar acciones de empresas farmacéuticas. Si muchos no lo hacen, es porque la bolsa puede subir o bajar.

Esto lo ignora El Roto en otra viñeta. Se ve a papá Noel disfrazado de lobo con las fauces abiertas, que sostiene un paquete y dice: «Las Navidades conservan su espíritu religioso: las ventas son sagradas». Como si fuera fácil vender. Lo que es fácil es quitarle el dinero a la gente a la fuerza, sea que quiera comprar o no. Eso no es el mercado. Es la política. De ahí el absurdo de otra viñeta. Dice una señora: «No sé lo que quiero para Reyes». Y responde una joven: «¡Pero Mamá, ¿no ves la tele?». Como si fuera la cosa tan sencilla como anunciarse en la tele y vender. Como si la gente no tuviera criterio propio.

Algo parecido sucede en una viñeta en la que un niño devuelve un regalo de Reyes y dice: «¡Pedí un futuro, no juguetitos!». Como si el futuro fuera algo que alguien nos da, y no algo que nos ganamos cada uno de nosotros.

La creación de riqueza no es concebida por el pensamiento único, que refleja habitualmente bien El Roto, como con una viñeta en la que un indígena proclama: «La ley de la selva preservó la Amazonia, la de la civilización la está destruyendo». Como si los antiguos hubieran cuidado de la naturaleza.

Hablando de cuidar, una viñeta muestra a un anciano en una silla de ruedas, que dice: «Si pedías vivir, te negaban la ayuda; y si pedías morir, te negaban la eutanasia». Es una distorsión que ignora que la gente no se gana la vida mediante la ayuda de los demás sino mediante la cooperación en la sociedad y el mercado. Negando la libertad para vivir, El Roto cae, lógicamente, en la trampa progresista: la supuesta libertad para morir.