La guerra y la historia interminables de Escrivá

No consta que el líder del PSOE conociera los detalles de la envergadura del asunto, ni la torpeza política de su ministro

Jesús Rivasés

José Luis Escrivá, ministro de Seguridad Social, tiene una habilidad acreditada para pisar charcos políticos. Además, acumula reacciones iracundas cuando le llevan la contraria, sobre todo en público y más si es en radio o televisión Le ocurrió, por ejemplo, con Alsina en Onda Cero, y le ha vuelto a suceder con Ferreras en La Sexta. Hay más ejemplos. Algunos recuerdan sus broncas internas cuando estaba al frente del Servicio de Estudios del BBVA. Escrivá ahora tiene un atenuante, que serviría de explicación, nunca de justificación. En el Gobierno le ha tocado bailar con la más fea y problemática, la reforma de las pensiones, otra de esas eternas asignaturas pendientes de la economía española.

Todos los Gobiernos, desde los tiempos de Felipe González, se han estrellado con las pensiones. Desde los años 90 del siglo pasado, el asunto quedó adormecido porque se aplicó el llamado Pacto de Toledo que se podría resumir en dos puntos: Aplicar una reducción, casi inapreciable pero continuada de las cuantías de las nuevas prestaciones, y hurtar el asunto del debate político para no asustar a los votantes.

La Gran Recesión hizo saltar por los aires casi todo y Rajoy se lanzó a una reforma tan impopular y necesaria como poco explicada, condenada a ser corregida por el siguiente Gobierno. Sánchez buscó un experto como Escrivá –había hablado y escrito hasta la saciedad sobre el asunto cuando presidía la AIREF– para que encauzara el tema. No consta que el líder del PSOE conociera los detalles de la envergadura del asunto, ni la torpeza política de su ministro, ni que las únicas recetas son más ingresos –más cotizaciones y más gente con empleo y salarios razonables– o menos prestaciones. Ahora todo urge por la exigencia europea de una reforma para conceder los fondos de ayuda, pero –¡ojo!, hay que decirlo–los cambios son ineludibles aunque no los reclamara Bruselas. España propone, más o menos, quizá no hay otra opción, retrasar la edad de jubilación y ampliar el número de años para el cálculo de la pensión y eso significa reducción. La alternativa, de la que nadie quiere hablar, es que llegue un día como ocurrió a Grecia y Portugal que alguien imponga a España una reducción drástica –incluso del 40%– de las pensiones para concederle el dinero que todavía necesita pedir prestado. «La guerra interminable» es una famosa novela de ciencia ficción de Joe Haldeman. «La historia interminable», de Michael Ende, es más de fantasía. Escrivá, ahora, parece la síntesis de los protagonistas de ambas novelas, con su dosis de ciencia ficción y fantasía.