La violencia contra la mujer

El machismo existe y es un comportamiento inadmisible sea cual sea su intensidad

Jesús Hellín Europa Press

Hay cuestiones que no deberían suscitar ningún debate y una de ellas es que la violencia afecta de forma abrumadora a las mujeres. La existencia de actuaciones aisladas en las que la víctima pueda ser un hombre no cambia esa lacerante realidad. Por ello, no se debe cuestionar que existe una violencia que necesita ser combatida con medidas singulares y excepcionales. Es cierto que se ha avanzado mucho y que todos los gobiernos, aunque el PSOE tenga una tendencia irrefrenable a la hora de apropiarse de todo, han luchado contra esa lacra. El machismo existe y es un comportamiento inadmisible sea cual sea su intensidad. Es la consecuencia de milenios en los que la mujer ha sido mayoritariamente postergada y maltratada. Isabel II podía reinar, pero las mujeres no podían votar u ocupar cargos públicos. Los datos objetivos son tan abrumadores que no merecen ningún comentario. Tan solo un necio, un ignorante o un machista pude negar una evidencia que pone de manifiesto cualquier análisis o estudio que utilice una metodología científica rigurosa.

No llegaremos a la normalidad hasta que resulte absurdo u ocioso celebrar un día por la igualdad o contra la violencia de género. Estamos ante una imperiosa necesidad de mantenerlos mientras existan mujeres agredidas, se produzcan discriminaciones laborales o explotación sexual. La violencia y la desigualdad existen, con diversa intensidad, en todo el mundo. Hay países que es de una enorme brutalidad y las mujeres se tienen que limitar a ser buenas madres, esposas e hijas. Es un papel inadmisible cuando es el resultado de una imposición. Y es una realidad tan terrible como lo es el postureo de los países ricos frente a aquellos que perpetran estas indignas prácticas de sometimiento y violencia, que son incluso reconocidas por sus sistemas legales. Nos beneficiamos de esas relaciones internacionales y sabemos lo que sucede, pero somos absolutamente indiferentes a la situación de centenares de millones de mujeres en todo el mundo. Nuestra acomodaticia conciencia se siente reconfortada con lo poco que hacemos las democracias. Es un solo día frente a los 365 que tiene un año natural. Cuando se luchen todos ellos en favor de la igualdad y en contra de la violencia habremos conseguido realmente acabar con la discriminación.