Entre todos la mataron... a la coalición

Toni Bolaño

Los gobiernos de coalición en España son difíciles de gestionar. No están nunca exentos de fricciones porque los socios quieren marcar su posición pensando en los siguientes comicios. Los tripartitos catalanes encabezados por Maragall y Montilla decían que eran un Dragon Khan, aunque no tienen nada que envidiar a los gobiernos que el PP ha descabezado esta legislatura con Ciudadanos y menos al Gobierno de España.

En la primera parte de la legislatura, hasta el 10 de julio el día que volvió el PSOE y se remodeló parte del ejecutivo, el Gobierno de Pedro Sánchez tenía una mala salud de hierro. A partir de ese día, es una permanente batidora sin que nadie cosa los descosidos, sin que nadie atienda que el enfermo no entre en la UCI. En la parte socialista no se cree en el Gobierno de coalición, porque ha vuelto el PSOE caoba que hace ascos de su izquierda, y en la parte podemita porque la vicepresidenta Díaz está más atenta a su proyecto de futuro. Nadie se responsabiliza y se deja al presidente como el único referente. Unos que lo dibujan como una especie de superman que está en todo, léase fotos de Sánchez en Moncloa hablando con líderes extranjeros enfundado en una camisa rosa en pose de galán de Hollywood y manejándose ambidiestro con teléfono y bolígrafo, cuando el presidente no es zurdo; y otros lo ponen en la diana de todos los agravios, ya sea dentro o fuera del ejecutivo.

De esta guisa, el Gobierno se ha hecho papilla en tres crisis consecutivas. La polémica de la carne dónde el PSOE compra el marco político dibujado por el PP sin asumir que Garzón no ha dicho más que lo que reza en el programa de coalición y atizando la hoguera en los medios porque razones electorales mandan. La polémica de la Reforma Laboral donde en plena negociación el PSOE envía mensajes a Díaz avisándola que rechazarán los acuerdos, si se alcanzan, con ERC y PNV si la CEOE no está por la labor en una especie de desautorización preventiva, al tiempo que Félix Bolaños, el gran facedor, se hace arrumacos con Ciudadanos y Navarra Suma. Y la tercera, la bronca monumental a cuenta de Ucrania, donde Podemos ha desempolvado con toda su crudeza el «no a la guerra», ante el ensordecedor silencio de Yolanda Diaz, que no podrá mantener mucho tiempo.

Las elecciones de Castilla y León con previsiones negativas han acelerado este desgaste y han puesto en coma la mala salud de hierro porque además de las veleidades del ministro Garzón y la Reforma Laboral, Ucrania se ha colado y amenaza con la ruptura de la coalición. Iglesias, Montero y Belarra han saltado al cuello de Sánchez por enviar tropas, pero la decisión fue adoptada por el Consejo de Ministros. No consta que los ministros de Podemos se opusieran a la propuesta de la ministra Margarita Robles. Quizá ni se leyeron los papeles.

La situación es la consecuencia de que ni PSOE ni Podemos se creen la coalición y tratan de marcar distancias entre ellos sin darse cuenta de que la coalición es el único antídoto contra el ascenso de Partido Popular y Vox. Si la coalición no resiste, Casado será presidente. Para quee el líder del PP, Pablo Casado no sea presidente la única munición que tiene Sánchez y Yolanda Díaz es la coalición, y la están matando. Castilla y León y Andalucía lo condicionan todo. PSOE y Podemos han vuelto al pulso más agrio y reniegan de la coalición. Unos porque se creen superiores –PSOE– y otros porque se visten de puristas. No se dan cuenta que para frenar a Casado y a Vox solo existe una poción mágica: la coalición aunque por este camino entre todos la mataron, pero ella sola se murió, y Casado tendrá libre el camino no sin oposición, pero sí sin garantías de éxito. Se entonará el «no pasarán», pero Casado podrá decir aquello de «ya hemos pasao».