Geometría de la crispación

En el imaginario político del PSOE, al cabreo de la gente lo llaman crispación

La ministra de Defensa, Margarita Robles
La ministra de Defensa, Margarita Robles FOTO: Chema Moya EFE

Notas del 12 de mayo, algo flota en el aire, un retal de malos farios, será la maldición que poseyó a Félix Bolaños cuando sacó a Franco de Cuelgamuros y alguien dijo que el féretro parecía un brazo de gitano de chocolate. Se rompió ciudadanos, se rompió Podemos, se rompió el PP, se rompió UPN y ahora se ha roto a Margarita Robles. Al ministro de Presidencia van a tener que hacerle un sahumerio o algo, el conjuro de una bruja de aquellas de la tele y una limpieza de chacras o terminará con España entera.

Después del asunto de Pegasus y el ‘show’ de las escuchas de la mañana del dos de mayo, Doña Margarita, cierva blanca de Sertorio del PSOE moderado, ha quedado en las encuestas como Cagancho en Almagro. Hay que imaginarse, porque hay que imaginarse cualquier cosa, que Sánchez obligó a Robles a cesar a la directora del CNI y dentro de un tiempo termine cesando a Robles justamente por cesar a la directora del CNI.

Algo flota en el aire, debe de ser la crispación. En el imaginario político del PSOE, al cabreo de la gente lo llaman crispación, y por supuesto es algo de lo que ellos no tienen culpa. La crispación se aparece aquí como un mal de los de plaga biblica y maldición -de nuevo- de cuyas causas se desentienden. La culpa de la crispación siempre es de la oposición o de nadie. Hay crispación, sencillamente, y es una cosa meteorológica, como cuando hay polen o como cuando hay levante, hay crispación de siete flechas. Hablo de algo que está, que flota que todo lo envuelve en una cosa tóxica y que se puede ver, como la boina de Madrid, que va la gente entrando por la A6 por donde vino Feijóo y se dice: “mira fíjate cómo se ve desde aquí la crispación”. La izquierda cree que la gente se crispa por las propias limitaciones y debilidades de los ciudadanos que están sujetos a sus neuras y a su pronto y otras cosas que le impiden estar a la altura sacrosanta de una coyuntura que siempre necesita de una concordia que la crispación entorpece.

Para el sanchismo, Españita está mala de los nervios. Se habla de crispación a la espera de que pase otra cosa que borre lo anterior. Sánchez es un tipo audaz y con suerte que va sorteando las maledicencias que le arroja el destino y nadie sabe muy bien cómo es, pero es así. En el pueblo navarro de Falces había uno que vivía en una cueva y un día se derrumbó el techo salvo la parte de la cama suya. Escapó ileso por entre los cascotes e iba por el pueblo gritando: “No es que haya un Dios, es que hay cuatro o cinco”.