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Altura de miras

Tiempo de lectura 4 min.

20 de diciembre de 2015. 23:11h

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Enrique López 20/12/2015

A la hora de escribir este artículo desconozco el resultado de las elecciones celebradas el día de ayer, pero pase lo que pase, parece seguro que en esta nueva legislatura no va a darse una mayoría que posibilite la formación de un gobierno con el apoyo de sólo un partido, lo cual no es nuevo en nuestra democracia, pero en esta ocasión va a requerir de un mayor esfuerzo y una mayor generosidad. Para algunos, supone un cambio de paradigma tal como las ciencias sociales definen este concepto, conjunto de experiencias, creencias y valores que afectan la forma en que un individuo percibe la realidad y la forma en que responde a esa percepción, ¡ya veremos! La campaña electoral ya es historia, pero quedarán en la retina de la memoria española determinados episodios que esperemos no vuelvan a repetirse, y sobre los que algunos debieran reflexionar. España es un país democrático consolidado, donde ya nadie puede ni debe intentar ser dueño de sus valores superiores, como lo son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político; estos valores son patrimonio de todos. Precisamente en este cuarteto se integra como valor instrumental al pluralismo político, sin el cual resulta difícil asegurar la libertad, la justicia o la libertad. Ninguna fuerza política, y menos las que reciben un porcentaje minoritario de votos, pueden creerse el guardián o el único defensor de estos valores colectivos. La sociedad ya no cree en este juego malabar de unas ideologías tan obsoletas como fracasadas. Resulta triste ver cómo unos pocos quieren adueñarse de esfuerzos y éxitos colectivos que pertenecen a toda una sociedad, al margen de la defensa legítima de las diferentes opciones de gobierno. Para los que realmente quieren a su país, y sobre todo los que piensan en su gentes, ha llegado el momento de la altura de miras, y de pensar en grande para contribuir cada uno desde donde le corresponda por matemática parlamentaria, a la consolidación de la recuperación económica, a combatir el episodio secesionista catalán, a contribuir, en suma, al desarrollo de una sociedad moderna que en su conjunto crea en la libertad y en la solidaridad, más que los políticos que han intentado adueñarse de estos conceptos. Ha llegado el momento de superar los egoísmos políticos, y, sobre todo, los intereses personales, y de tomar las decisiones que se tengan que tomar pensando en el colectivo, y no sólo en sus respectivas parroquias. Un gobierno apoyado por más diferentes puede ser tan fuerte como uno apoyado por más iguales si se consigue un acuerdo y un proyecto común. No es difícil; el pueblo español así lo reclama, seguir ahondando en las diferencias y banderías es además de un error, el principio del suicidio colectivo, y es algo que España no se puede permitir. Decía San Agustín que «en las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad». Resulta inexorable e inevitable el consenso, porque así lo ha querido el pueblo español, y porque siempre que hemos estado unidos como país nos ha ido bien. Ha llegado el momento de la política con mayúsculas.

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