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Cuerpo a tierra

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Tiempo de lectura 4 min.

20 de agosto de 2018. 03:36h

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Tomás Gómez 20/8/2018

Es muy difícil encontrar un médico, un juez o un ingeniero que hable mal de otro colega, sin embargo, hay algunos ámbitos, como la política, en los que la mayor parte del desempeño profesional ha ido concentrándose hasta limitarse exclusivamente en el ataque a la persona del adversario.

A pesar de que en nuestros días no hay líder que entienda el ejercicio de su responsabilidad de otra manera, no siempre fue así. De hecho, la actividad política está concebida originariamente como el foro de contraste y discusión de las ideas, no el ataque personal a quien las defienden.

España se ha convertido en un país donde las ideas son muy respetadas, pero las personas que las representan muy poco. Es difícil escuchar un debate serio y solvente en el que se contrapongan puntos de vista o alternativas, pero las páginas de los periódicos están repletas de ataques encaminados a degradar la imagen de unos y otros.

El ataque más dañino que ha sufrido el Sr. Iglesias está relacionado con su chalet en la sierra y el esperpéntico referéndum que decidió realizar entre sus bases, que, en realidad, era puro postureo, que ha tenido daños colaterales para su imagen provocados desde dentro de su organización.

Desde la elección del Sr. Casado, su Máster y su licenciatura han colmado todos los ataques en medios de comunicación y partidos oponentes. Como siempre, la sombra del fuego amigo planea en las informaciones.

La réplica desde el PP no se ha hecho esperar, primero contra la esposa del presidente. Se paga con la misma moneda, cuestionando su curriculum académico.

La denuncia no se basa en la infracción moral que supone el uso de poder para fines propios, sino que se cuestiona si su título es oficial o no, perjudicando, de rebote, a uno de los centros educativos con más prestigio en el mundo empresarial, que lleva formando magníficos profesionales durante los últimos 50 años.

Ahora le toca el turno al Sr. Sánchez. El Partido Popular ya se ha apresurado a solicitar en sede parlamentaria la tesis doctoral del presidente del gobierno. Aunque el asunto puede parecer menor, en el PSOE no deben perderlo de vista, porque haga público o no su trabajo de investigación será objeto de ataque y sufrirá erosión.

De esta manera, entraremos en una espiral de acoso y derribo del oponente, sin que haya espacio para saber cómo son capaces de discutir ideas de calado sobre los asuntos realmente importantes.

En realidad, el sistema es tan perverso que tiene como resultado un escalón más en el nivel de hartazgo que tienen los ciudadanos y, por supuesto, en mayor descrédito de todo lo que huele a política.

Sin embargo, no está claro que la sociedad quiera otra forma de hacer las cosas. Es evidente que el discurso político ha llegado a este nivel de deterioro, pero lo que no es tan evidente es, si se ha alcanzado por la falta de calidad en los liderazgos o por la necesidad de atraer la atención de una sociedad poco exigente.

En una sociedad en la que el mayor consumo televisivo son programas del corazón y se usa Instagram para ser protagonista como un famoso o para fisgar en la vida de otros, es difícil articular discursos más profundos.

Los dirigentes triunfan y caen por estas dinámicas que son incompatibles con liderazgos fuertes intelectualmente. El drama es que las sociedades, cada vez más complejas, requieren de otra forma de hacer política fundamentada en un mayor nivel de pensamiento por parte de quien asume la responsabilidad de resolver sus problemas.

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