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El problema de Casado

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Tiempo de lectura 4 min.

12 de agosto de 2018. 22:53h

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Tomás Gómez 12/8/2018

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Algunos avezados analistas políticos repiten que el asunto del Máster es la herida por la que puede desangrarse el Sr. Casado. Ponen como ejemplo que la Sra. Cifuentes tuvo que dimitir hace poco más de 3 meses como consecuencia del mismo tema.

No hay duda de que el currículum académico del líder popular ocupa más páginas en los periódicos que su trabajo como oposición al gobierno, pero conviene analizar bien las cosas.

En primer lugar, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid acumuló demasiados errores y enemigos en muy poco tiempo. No fue solo por cómo había obtenido su título, ni la presunta falsificación del acta, ni el episodio del centro comercial o su comparecencia ante el parlamento autonómico, sino más bien todo junto y, sobre todo, la decisión de una parte del PP de acabar con su proyección.

Sin embargo, todo el ataque al Sr. Casado se centra en el problema judicial que puede acarrear una posible imputación. Es curioso que el tema no haya variado sustancialmente de lo previsto cuando ganó el congreso de los populares y que, a pesar de toda la información publicada, los electores conservadores muestran un apoyo más decidido al Partido Popular que antes de su elección.

Quizá la razón estribe en que los electores perciben como debilidad del líder popular una cuestión distinta a cómo obtuvo su Máster y, es posible, que ahí radique el auténtico problema del Sr. Casado.

El trasfondo de toda la polémica es que con 37 años no se le conoce trayectoria profesional ni política alguna, excepto que desde que cumplió la mayoría de edad ha estado en las estructuras internas de poder, a la sombra de protectores.

Ser un buen profesional no es garantía de que se va a ser un buen gobernante, mi cardiólogo es un magnífico médico, pero, sinceramente, no creo que fuese buen ministro de Interior ni de Sanidad.

El Sr. Casado no tiene experiencia laboral fuera del PP, tampoco ha gestionado nunca una institución pública, ni siquiera ha podido demostrar de manera visible dotes de gobierno en su propio partido. Es decir, el problema que tiene de verdad, es que no se le puede reconocer haber hecho nada, por eso todo las miradas, y también los cuchillos, van dirigidos hacia lo único que aparece en su currículum. Si tuviese alguna trayectoria profesional o de gestión, sería allí donde estarían las lupas.

Pero las cosas no son tan sencillas, si el dirigente popular no llega a ser imputado, o si lo es, pero resiste el tiempo suficiente para que su causa sea resuelta, el Sr. Casado saldrá reforzado, porque su auténtica debilidad es la absoluta falta de experiencia y habrá quedado enterrada por la polémica del Máster.

Todo va a depender de las lealtades internas en su propio partido, que seguramente es la parte más complicada que tiene que resolver, y de las semanas que esté el asunto en los medios de comunicación desgastándole.

Lo demás no parece que deba preocuparle, porque lo mismo que se le achaca como handicap en estas líneas se podría haber escrito de cualquiera de los líderes de los principales partidos del arco parlamentario.

Es precisamente ahí donde radica una parte de la falta de credibilidad de la política española. Eso sí, quien va a salir dañada es la imagen de la Universidad Rey Juan Carlos y, por extensión, la de la Universidad Pública. Y cuando la comunidad universitaria de un país pierde prestigio, lo hace toda la nación, aunque eso parece ser lo que menos le importa a todo el mundo.

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