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Ganadores de apuestas

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10 de agosto de 2018. 20:20h

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Tomás Gómez 11/8/2018

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Más allá del debate general sobre la edad de jubilación, se ha discutido mucho acerca del momento adecuado para dejar el ejercicio en algunas profesiones. Obligar a un buen cardiólogo o a un magnífico catedrático a pasar a formar parte de la población inactiva puede ser un desperdicio para la sociedad, porque muchos años de experiencia garantizan un mayor bagaje acumulado.

La otra cara de la moneda es que los jóvenes que están iniciando su carrera se encuentran con que dichos profesionales, tan veteranos, obstaculizan su trayectoria. Lo normal es que, hasta que no se jubila un titular, no hay plaza disponible en un hospital, en una universidad o en una notaría.

Encontrar el equilibrio entre el aprovechamiento del acervo acumulado de unos y la posibilidad de que lo adquieran los otros, es un cóctel nada sencillo que requiere algo más que una breve reflexión.

Sin embargo, hay otros sectores en los que no es tan evidente que muchos años en el ejercicio aseguren un mejor momento profesional. Un ejemplo claro es la práctica de la política.

La cuestión no es que aquellos que hayan sobrepasado la edad legal de jubilación no puedan involucrarse en la gestión de los asuntos públicos, sería un disparate. El asunto radica en el número de años que se lleva al frente de una responsabilidad.

La política tiene una parte ideológica y otra técnica. Es importante conocer el funcionamiento de las instituciones, de los desarrollos legislativos y los problemas esenciales de un amplio abanico de sectores sociales o económicos, pero es mucho más importante la vertiente de las ideas, lo que viene a llamarse sintéticamente un proyecto político.

Existe mucha diferencia entre el desarrollo profesional de un diputado o cualquier otro cargo electo y el de un médico o un profesor, pero la más importante radica en que el tiempo de la política se agota mucho antes.

La transformación social o el desarrollo de un proyecto político que no ha realizado un gobernante en 2 o 3 legislaturas, o las iniciativas que no ha tomado un miembro de la oposición en ese mismo periodo, no lo van a desarrollar, ni uno ni otro, en más años al frente de sus responsabilidades, porque los proyectos se agotan y, con ellos, la fuerza y el empuje que da la ilusión.

En menos de un año se celebrarán elecciones autonómicas y municipales y, como es habitual, se ha empezado a discutir quienes son las personas indicadas para encabezar las candidaturas a las distintas instituciones.

La elaboración del resto de la lista electoral es un proceso mucho menos mediático, pero muy importante porque determina la calidad de la acción legislativa y de control de los Parlamentos. En sitios como la Comunidad de Madrid, en donde la recuperación del gobierno a partir de mayoría simple, o de minoría mayoritaria, es muy probable, la importancia de la calidad de los equipos es determinante.

Sin embargo, suele primarse a quien tiene habilidad para las apuestas. Cuando hay alguna competición democrática, quien tenga la astucia de tomar posición por el ganador de la contienda, formará parte de las candidaturas con mucha probabilidad.

Solo eso puede explicar que en la Asamblea de Madrid haya cargos electos que lo llevan siendo desde hace más de 20 años. Eso sí, no debutaron allí porque ya eran cargos públicos con anterioridad, solo que en la institución municipal.

Da igual que nunca hayan ganado unas elecciones, que nunca hayan brillado en una iniciativa o que haga varios lustros que perdieron toda ilusión por transformar un mundo injusto, lo importante es que cuando apuestan, nunca se equivocan.

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