María José Navarro

Nobel

Ayer pasó a eso del mediodía lo mismo que pasa todos los años por estas fechas a eso del mediodía: sale el Premio Nobel de Literatura. Levanta una la cabeza para buscar cómplices con cara de ser imbécil, una tonta, una indocumentada y se enfrenta de lleno con la realidad. Un año más, resulta que no has leído nada del premiado. Consciente de no estar sola en el mundo, me he propuesto subsanarlo de alguna manera, así que voy a improvisar una serie de conceptos básicos a recordar para tirarse el folio delante de los lectores empedernidos. Lo primero que hay que tener en cuenta es que siempre hay que decir que uno no se esperaba que el ganador lo fuera. Si no aparecía en la lista de favoritos (cosa que es bastante común) te habrás marcado un punto, pero si estaba en la relación de posibles vencedores dará igual porque precisamente por eso hubiera perdido posibilidades. Que se lo digan a Murakami. A partir de ahí, apunten un discursito para soltarle al amigo culto que siempre viene a tocar las narices, susceptible de ser usado en las próximas ediciones del Premio. «Su obra está de plena actualidad, no pasa de moda. Sus libros poseen un fuerte carácter autobiográfico y constituyen un retrato descarnado de la sociedad actual. Este Premio Nobel es uno de los más influyentes narradores del momento, con una elevada intensidad narrativa e intelectual, un escritor valiente, que sabe mezclar complejidad y sencillez al mismo tiempo. Este escritor ha retratado como pocos las miserias del ser humano, dejando para la posteridad una obra destinada a pervivir en el tiempo. Es un autor imprescindible que devuelve el placer de la lectura». De nada.