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Supervivientes

La Razón
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A poco más que hubiese durado el reality show, al volver a sus casas, los participantes del programa “Supervivientes” no habrían tenido claro si su estancia había sido cuestión de semanas aislados en una isla incomunicados o perdidos en un agujero negro durante años.

En pocas semanas, el Sr. Rajoy ha pasado de aprobar sus presupuestos a fichar su asistencia por las mañanas en el Registro de la Propiedad de Santa Pola, el Sr. Rivera de verse sentado en los sofás de la Moncloa al diván de un profesional que le ayude a encajar el golpe y el Sr. Sánchez de pelearse con las encuestas que le echaban de la política a formar gobierno con 84 diputados.

Pero no solo eso, tanto han cambiado las cosas que hasta el Partido Popular hace elecciones primarias. Siete candidatos a dirigir el PP, ninguno de ellos es el sempiterno favorito, el Sr. Feijóo, dicen en el PP que alguien le ha expulsado de un codazo de la carrera.

En estas circunstancias, todos miran el duelo entre la Sra. Cospedal y la Sra. Sáenz de Santamaría, seguros de que de ahí saldrá el vencedor, pero lo que no saben los dirigentes populares es que se han adentrado en un terreno peligroso, porque las primarias las carga el diablo.

El PP necesitaba modernizarse, bien por convicción o por no ser menos que los demás, pero no podían haber elegido peores circunstancias para estrenar nuevos métodos de elección.

Lo primero que se va a medir es el número real de afiliados que tiene. Una participación muy lejana de los 800.000 militantes proclamados desde la calle Génova, se sumaría a la imagen de barco que se hunde.

Por otra parte, en organizaciones con mucha experiencia en estos procedimientos, como es el PSOE, se ha demostrado que los resultados son cada vez más imprevisibles.

En el Partido Popular nunca ha habido una actividad excesivamente participativa de sus bases, pero ahora, de repente, han pasado a detentar todo el poder. Puede haber sorpresas.

En el PSOE siempre las ha habido, el Sr. Borrell ganó al Sr. Almunia, el presidente Zapatero al presidente del Congreso, Bono y el Sr. Sánchez a la Sra. Díaz. En ese sentido, las bases del PP pueden hacer algo parecido, los que vayan a votar, muchos o pocos, pueden votar por lo improbable.

En los partidos políticos, ideológicamente, las bases de afiliados están siempre menos centradas que sus votantes. El Sr. Casado lo sabe, por eso su mensaje es el más conservador, alejado de lo que desean muchos votantes, pero, seguramente, muy cercano a las bases e intenta jugar con la presunción de que los afiliados no escucharán consignas.

Pero si los dirigentes mantienen alguna capacidad de influencia sobre los militantes, los apoyos se repartirán entre las dos favoritas, aunque el hecho de que exista una segunda vuelta y los posibles pactos que ello conlleva, hace que el proceso sea aún más abierto.

La otra consecuencia de las primarias tiene que ver con las fracturas que estos procesos generan. Un veterano dirigente político aseguraba que para saber quien gana no hay que mirar quien genera más simpatías, sino quien menos antipatías, mueven más votos los odios que los afectos.

Yo no creo que sean así las cosas, pero de lo que sí estoy convencido es de que las competiciones democráticas muy enconadas generan divisiones a largo plazo. No quiere decir que antes no las hubiese, la diferencia es que, a partir de ahora, serán más públicas e indisimuladas.

El reality show de televisión acabó hace algunos días, pero el auténtico concurso de “supervivientes” se juega en la calle Génova.