Gerona

Tsunamis e impuestos

La Razón
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La ideología socialdemócrata no plantea la eliminación de la banca, eso queda para los radicalismos o los populismos. Afirmar que el mundo sería mejor sin bancos es demagógico porque el sistema financiero es tan imprescindible como el sistema circulatorio al cuerpo humano.

Lo que sí es nítidamente propio del socialismo democrático es entender el Estado como una especie de muro de contención de los más débiles frente a los más poderosos.

Cuando la crisis económica azotaba duro, los bancos se convirtieron en el símbolo de la desigualdad, se conocieron sus malas prácticas y sus consecuencias colapsaron la economía.

Podía ocurrir que una misma entidad financiera no practicase la devolución de las preferentes y al mismo tiempo y a la misma persona la desahuciase por no poder pagar. En ese contexto, en el año 2011, algunos dirigentes propusimos establecer un impuesto a las entidades financieras que sirviese como fuente de recursos para amortiguar el azote del paro sobre los más débiles y, al tiempo, que se ajustase a la exigencia constitucional de contribución a las arcas, según capacidad de pago.

La medida fue mal recibida por la dirección socialista y los medios de comunicación se hicieron eco de las palabras de algún discrepante interno, en aquel momento miembro de la dirección socialista regional, que llegó a relacionar la derrota electoral del PSOE en Madrid con la propuesta de tributo, por el alejamiento de las capas medias que suponía.

En esta semana, el líder del Partido Socialista se ha comprometido a crear un nuevo impuesto a las entidades financieras que recaude hasta 1.000 millones anuales destinados a reducir el déficit de la Seguridad Social.

Es poco honesto criticar los cambios de opinión, muy al contrario, es una trampa que determinadas ideas y predilecciones le tengan a uno cautivo o secuestrado. El libre pensamiento es irrenunciable y se fundamenta en la capacidad y posibilidad de rectificar.

Schopenhauer afirmaba que, normalmente, «el que entabla una disputa no se bate por la verdad sino por su propia tesis y, como regla general, cada uno se esforzará por triunfar con ella, aún cuando le parezca falsa o dudosa».

Por tanto, un giro ideológico puede sustentarse en un cambio profundo de posición o en una circunstancia puramente táctica y coyuntural. Si se trata de lo segundo, se puede caer en el descrédito. Lo malo es que no es fácil saber si se hace por lo uno o por lo otro.

Pero centrémonos en lo esencial, existen dos debates bien diferenciados: uno, sobre si las entidades financieras deben contribuir en mayor medida al sostenimiento de los servicios públicos y, otro, referido al modelo de sistema de pensiones que queremos para nuestro país y su sostenibilidad.

Sin duda, el gran asunto es la reforma del sistema de pensiones. Las respuestas simples a los problemas complejos no suelen ser acertadas y éste de las pensiones es un problema complejo.

Las proyecciones demográficas del INE dibujan un futuro poblacional en verdad preocupante.

Hasta 2031 perderán población 12 CC AA y 39 provincias. En 5 de ellas habrá más de 2 fallecimientos por cada nacimiento y en 14 provincias las defunciones superarán en más del 50% a los nacimientos. Por último, en 2030, todas las provincias españolas, menos Almería, Gerona, Madrid y Murcia, registrarán más muertes que nacimientos.

Por otra parte, circunscribir el problema de sostenibilidad de las pensiones a la evolución demográfica es insolvente si no se relaciona con la productividad de los trabajadores y esta con la modernización económica y con la formación del capital humano.

En definitiva, el PSOE debe explicar mejor su modelo, porque vaciar un tsunami a cubos de agua viene a ser, digamos, poco efectivo.