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O Rajoy, o la izquierda radical

Tiempo de lectura 4 min.

06 de junio de 2016. 03:46h

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5/6/2016

A falta de cuatro días para que arranque la campaña electoral, el último sondeo de intención de voto elaborado por NC Report para LA RAZÓN confirma no sólo que el Partido Popular se mantiene como primera fuerza, con el 30,5 por ciento de apoyo, aún muy lejos de la mayoría absoluta, sino que puede darse por descontado el «sorpasso» de Unidos Podemos sobre el PSOE. La novedad, sin duda poco tranquilizadora, es que la coalición de la izquierda comunista que lidera Pablo Iglesias también podría superar en escaños a la candidatura del secretario general socialista, Pedro Sánchez, con lo que se convertiría en la primera fuerza opositora y en el referente de la izquierda española. La encuesta, a expensas de las pequeñas variaciones que propicia una ley electoral como la nuestra, atribuye a Podemos y sus confluencias hasta un total de 84 escaños, cuatro más de los que obtendría el Partido Socialista en la peor de las proyecciones. Respecto al voto popular, la coalición de Iglesias y Alberto Garzón aventaja en tres puntos porcentuales a los socialistas.

Sin querer incurrir en estériles alarmismos, es preciso advertir de que, de mantenerse la actual tendencia –que, por otra parte, es sensiblemente similar a la que marcan el resto de los sondeos preelectorales publicados durante el fin de semana–, sería perfectamente posible que Pablo Iglesias pueda convertirse en la alternativa a la presidencia del Gobierno de Mariano Rajoy. En efecto, la subida del Partido Popular, que podría llegar a alcanzar los 130 escaños, no es suficiente para compensar las pérdidas de intención de voto de Ciudadanos –que acentúa su descenso en las encuestas hasta el 13,9 por ciento de los posibles sufragios y cae hasta los 37 escaños–, dejando, como decimos, la puerta abierta a una hipotética investidura de Pablo Iglesias apoyada por el PSOE y los nacionalistas.

Una somera lectura del programa electoral de Podemos –del que ya nos hemos hecho eco en estas mismas páginas– debería ser suficiente para comprender el riesgo que afronta la sociedad española en su conjunto ante la posibilidad de que la izquierda radical comunista se haga con las riendas del Gobierno y se aplique en una vía populista a la griega, con un incremento del gasto público necesariamente sostenido sobre el aumento de la presión fiscal a las clases medias y a las empresas. Nada más preocupante que unas políticas que pueden truncar el proceso de recuperación –que, por fin, comienza a descansar sobre la reactivación del consumo interno– y esterilizar el esfuerzo de estabilización de las cuentas públicas efectuado durante los últimos cuatro años.

Por ello, cuando desde las filas de Podemos y del Partido Comunista se acusa de sembrar el miedo a quienes señalan los peligros de una involución que devuelva a España a los peores momentos de la crisis, como si se tratara de un imposible metafísico, es preciso insistir en que, por encima de las cualidades personales de tal o cual candidato, en las que no queremos entrar, se encuentra la ineficacia de un modelo político y económico que siempre ha supuesto un descalabro para las sociedades donde se ha tratado de aplicar. No es de recibo que quienes han cantado las glorias de la Venezuela de Chávez y Maduro, de la Cuba de los Castro o de la Grecia de Alexis Tsipras clamen ahora indignados contra quienes, desde la realidad de las experiencias comunistas y populistas, sólo reclaman una mayor reflexión a los ciudadanos a la hora de entregar el voto. No se trata, pues, de azuzar el miedo y menos en un país como España, integrado en la UE y destacado miembro de la eurozona, sino de apelar a la responsabilidad personal por un voto moderado, que aleje la amenaza del populismo.

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