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La OTAN no sale de su laberinto

Tiempo de lectura 2 min.

11 de julio de 2018. 22:37h

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11/7/2018

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La primera jornada de la cumbre de la OTAN en Bruselas sirvió para certificar los desencuentros en la organización. El secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, reconoció que persisten los «desacuerdos», más allá de que intentara relativizar las tensiones. Cuesta creerlo si partimos de los constantes ataques del presidente de EEUU, Donald Trump, al resto de países por no cumplir el objetivo de invertir el 2 % de su PIB en gasto militar –que elevó ayer al 4% de forma provocadora y frívola– y, en especial, a Alemania, a la que acusó de estar «controlada» por Rusia por la energía que recibe desde ese país. Merkel respondió que Alemania es independiente precisamente porque sabe lo que es vivir bajo la bota de la Unión Soviética. Con Trump empeñado en socavar la confianza de los aliados con sus mensajes envenenados, será muy difícil que la OTAN pueda afrontar los desafíos crecientes con garantías. Sembrar cizaña tiene poco que ver con exigir mayor implicación de los socios; lo primero debilita la Alianza, lo segundo es una apelación en positivo para fortalecerla. Lo que sí es cierto es que la seguridad no está garantizada. Los aliados, incluida España, deben responder a los compromisos de la defensa y asumir que no sale gratis y que ese gasto creciente supone robustecer la libertad.

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