Copa del Rey

Editorial
La verdad judicial progresa mientras el engaño político no da abasto. El embeleco no funcionará eternamente
Se apagaron las luces y los neones, enmudeció la música y el «speaker» calló para siempre en el Congreso Federal de Sevilla. Desmontado el escenario sanchista, el teatro ha dado paso a la cruda realidad que zarandea a diario al Gobierno y al partido de los «100 años de honradez y 40 de vacaciones». Unas horas después del fervorín hispalense, con la aclamación de un plenario de leales entregado al presidente, hemos conocido que el Tribunal Supremo ha citado de forma voluntaria a José Luis Ábalos como investigado el 12 de diciembre para que sea interrogado por primera vez por su papel en la trama que se indaga en el «caso Koldo» por el cobro de comisiones ilegales en las adjudicaciones públicas para el suministro de mascarillas. Del mismo modo, ha asumido la causa en lo relativo a las relaciones que el exministro socialista y mano derecha de Pedro Sánchez mantuvo con su hombre de confianza en sus tiempos en el gabinete, Koldo García, y el comisionista y sanchista arrepentido Víctor de Aldama, como adelantó que ocurriría hace semanas LA RAZÓN. El instructor de este procedimiento en el alto tribunal, Leopoldo Puente, ha considerado que esa parte de la investigación se encuentra «indisolublemente ligada» al exministro. José Luis Ábalos había pedido comparecer en el Supremo para, en principio, rebatir las confesiones incriminatorias de Víctor de Aldama y así poder defenderse de sus acusaciones en sede judicial. Veremos hasta dónde llegará su testimonio y a qué personas salpica en otra vuelta de tuerca al cerco sobre Moncloa. La posibilidad de que Ábalos pueda «tirar de la manta» tal y como hizo el comisionista Aldama no se pueda descartar por más que la condición de reo del segundo fuera determinante en su colaboración con la justicia, lo que le permitió dejar la cárcel. No es el caso de Ábalos. En este momento procesal una confesión incriminatoria parece poco probable que esté sobre la mesa, aunque algo diferente es que el ex ministro pueda estar tentado de buscar ventajas ajustando alguna cuenta pendiente si es que el PSOE no le tiende la mano para evitar males mayores. Es un escenario verosímil que explica y justifica el temor en el gobierno y entre los socialistas a que su declaración implique y salpique a más nombres en las actividades y negocios de la trama fiscalizada y por los que será interrogado. Tampoco ha ayudado a consolidar la narrativa del fango, la mentira, la cacería humana del presidente que se planteó en el cónclave hispalense que el coronel de la Guardia Civil que condecoró a Víctor de Aldama confirmara que éste y Koldo García actuaban como colaboradores en su unidad dedicada a la lucha antiterrorista. El perfil de Aldama, y por consiguiente su confesión, es el de un hombre de absoluta confianza de los círculos de poder sanchista y no el de un personaje, en palabras del presidente. La verdad judicial progresa mientras el engaño político no da abasto. El embeleco no funcionará eternamente.
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