Borrell no era prescindible

G20 Aichi-Nagoya Foreign Ministers' Meeting
El todavía ministro de Asunto de Exteriores en funciones, Josep BorrellFRANCK ROBICHONEFE

Conocí a José Borrell cuando los dos coincidíamos en le Comisión de Subsecretarios en la época de Felipe González. Fueron presididas sucesivamente por Alfonso Guerra, expeditivo, ocurrente y por Narcís Serra más premioso y un pelín, no mucho, desconfiado. Guerra respiraba autoridad y cuando se pronunciaba con previsible firmeza sobre un tema te recordaba el dicho latino de "Roma locuta, causa finita" . Intuías que iba a ser difícil hacer valer tu posición si el Vice persistía. Borrell era, sin embargo, el más levantisco. Con frecuencia, obviamente, acababa, no siempre, plegándose pero argumentaba con habilidad y no cedía a la primera.Esa es una de las cualidades relevantes del ministro de exteriores saliente. Es un polemista cartesiano y brillante. De eso se dio cuenta Junqueras, el lider de Esquerra ahora condenado el día en que un debate Borrell lo dejo en ocasiones "groggy" cuando el separatista fabulaba sobre la explotación económica de Cataluña por el resto de España. Borrell desarmó contundentemente su victimismo ante cualquier observador imparcial, aunque habiendo estado yo en Cataluña recientemente dudo de que los sólidos argumentos de Borrell hicieran mella en la audiencia catalana. Un contumaz adoctrinamiento de décadas no se desploma con una seria argumentación. Y si tu refutación de la patraña es contundente, irrefutable, hay un sector de cualquier audiencia cautiva de años que te odia aún más. Pasas a ser un fascista o un españolazo con caspa.

El nuevo alto cargo de la Unión Europea es asimismo un eficaz negociador. Amable pero duro como comprobé en aquella época cuando surgían fricciones entre los dos ministerios. Tiene Borrell un rico e incluso, para un diplomático, variado currículum. Pudo ser presidente del Gobierno aunque tuvo que apearse de la jefatura socialista por deslices de alguno de sus colaboradores y al percatarse de que el aparato de su partido le ponía más zancadillas de las que ocurren en estos casos.En Europa tiene pocos enemigos y ciertamente buena reputación en la derecha y la izquierda. Es europeísta convencido y ha toreado allí con éxito en diversas plazas y puestos. Su nombramiento por Sánchez de Ministro de Exteriores era casi inevitable a no ser que el nuevo Presidente no resistiera la tentación de nombrar a una mujer que sonaría no sólo ilusionante sino también progresista. Borrell cubría el puesto con soltura y conocimientos y , además, blanqueaba al gobierno. Tranquilizaba en Europa y en España y aportaba competencia. Personalmente dudo de que se vaya entusiasmado a Bruselas a "presumiblemente" dirigir la política exterior de la Unión.

El puesto, bonito, tiene algo de espejismo. No sólo porque la Unión Europea anda de capa caída, está dividida en TODOS los temas importantes, pierde peso mundial con la salida de Londres, los dos grandes motores, París y Berlín saben que no se pueden divorciar pero Macron, con su vedetismo, hastía un poco a los alemanes y los galos piensan que la señora Merkel es demasiado cauta a la hora de abordar la reforma de Europa.

Por otra parte, en el día a día, como experimentó Solana aunque le costará admitirlo, el encargado de la política exterior no puede dar un paso relevante sin el beneplácito de los grandes. Mucha foto y poco poder decisorio. No creo que la salida de Borrell sea buena para España. Los independentistas catalanes están de enhorabuena, ¿es una de las concesiones de Sánchez?, y eso en si es una mala señal. Creo que para defender a nuestro país, a su unidad y estabilidad, Borrell era más útil en el Palacio de Santa Cruz que en los grandes expresos europeos. Y no tengo la menor duda de que con él al frente del gobierno los resabios, lógicos, del PP y Ciudadanos a apoyar al partido socialista en la conducción del país se difuminarían. Porque Pepe Borrell sería más creíble y confiable que Sánchez aquí y allí.