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«El mayor pecado contra los pobres es la indiferencia»

El Papa celebra la I Jornada Mundial de la Pobreza con un almuerzo en el Vaticano con 1.500 personas sin techo, refugiados e inmigrantes

  • El Papa durante la comida con los más necesitados
    El Papa durante la comida con los más necesitados / Reuters

Tiempo de lectura 2 min.

20 de noviembre de 2017. 00:26h

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Álvaro de Juana 19/11/2017

Un día para demostrarles que la Iglesia los ama y que son «el corazón del Evangelio». Ayer se celebró por primera vez la I Jornada Mundial de los Pobres, instaurada por el propio Francisco, con una comida en la que 1.500 personas sin techo, inmigrantes y refugiados compartieron mesa con el Papa.

A primera hora de la mañana, el Pontífice presidió una solemne Misa en la Basílica de San Pedro en la que participaron unos 8.000 pobres. También enfermos y personas que se ocupan de ellos. En la homilía recordó que en la debilidad de los pobres «hay una fuerza salvadora» y denunció la indiferencia que existe hacia estas personas advirtiendo que «la omisión es también el mayor pecado contra los pobres»: «Es mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, es cambiar de canal cuando una cuestión seria nos molesta, es también indignarse ante el mal, pero no hacer nada. Dios, sin embargo, no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien». Y advirtió que «es para nosotros un deber evangélico cuidar de ellos, que son nuestra verdadera riqueza, y hacerlo no sólo dando pan, sino también partiendo con ellos el pan de la Palabra, pues son sus destinatarios más naturales», añadió. Después, el Pontífice rezó el Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico, como hace cada domingo, y al acabar se trasladó hasta el Aula Pablo VI, donde ya estaba todo preparado para el almuerzo.

El Papa, micrófono en mano, nada más entrar, habló a los allí presentes, les sonrió y animó. Se sentó junto a ellos en una de las mesas preparadas para la comida y les dijo: «Sed bienvenidos todos. Preparémonos para este momento juntos. Cada uno de nosotros, con el corazón lleno de buena voluntad y de amistad hacia los otros, compartirá este almuerzo donde nos desearemos lo mejor los unos a los otros».

Para que todo saliera a la perfección, las mesas fueron servidas por 40 diáconos de Roma y unos 150 voluntarios de parroquias de otras diócesis de Italia. El encargado de deleitar a los comensales fue el restaurante Al Pioppeto, de Sergio Dussin, encargado en el Vaticano de los almuerzos oficiales. Como no podía ser de otra manera, el menú estuvo compuesto de platos típicos italianos: comenzaron por unos gnocchettis acompañados de tomate, aceitunas y queso Collina Veneta. Luego continuaron con unos «bocaditos de ternera con verduras, polenta (harina de maíz) y brócoli procedente de la región de Bassano. Y de postre, tiramisú y café.

El Papa también pidió una oración por el resto de personas que a esa misma hora estaban en otros comedores sociales de Roma. Porque en la Ciudad Eterna también pudieron festejar otros 2.000 sin techo la I Jornada Mundial de la Pobreza. Tras sus palabras, comenzó el ágape, amenizado por la Banda de la Gendarmería Vaticana y el coro «Las Dulces Noches», compuesto por niños de 5 a 14 años.

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