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La Iglesia no tolera los abusos

Francisco pide perdón a las víctimas y el Vaticano recuerda que no constan actos delictivos en diócesis de Pensilvania posteriores a 2002, lo que prueba la eficacia de las medidas de la Santa Sede para erradicar los escándalos sexuales

  • El Papa aceptó la renuncia del obispo McCarrick en julio
    El Papa aceptó la renuncia del obispo McCarrick en julio / Ap

Tiempo de lectura 4 min.

18 de agosto de 2018. 02:18h

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Álvaro de Juana 17/8/2018

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La cruzada de Francisco contra los escándalos que ensucian el nombre de la Iglesia Católica no cesa. En un duro comunicado, el Vaticano expresó su «dolor» y «vergüenza» por el informe de un gran jurado de Pensilvania que revela los supuestos abusos sexuales de más de 300 sacerdotes a un millar de menores. El documento ha hecho estremecer al mundo entero y hunde a la Iglesia estadounidense en una profunda crisis. Este caso se suma a lo que está ocurriendo estos meses en Chile, donde se investiga el presunto encubrimiento por parte de algunos obispos de los abusos cometidos por curas hace unos años.

Francisco ha tenido que lidiar con numerosos casos de pederastia en lo que lleva de Pontificado. Desde el primer momento, y siguiendo los pasos de Benedicto XVI, anunció una política de tolerancia cero. Son numerosas las medidas que ha implementado durante sus más de cinco años al frente de la Iglesia, pero él mismo ha declarado en más de una ocasión que es consciente de que aún queda mucho por hacer.

En esta ocasión ha sido la Corte Suprema del estado de Pensilvania la que ha alzado la voz de alarma. Este organismo judicial ha sido el encargado de publicar el pasado martes un informe en el que se detallan las denuncias hechas en las diócesis de Allentown, Erie, Greensburg, Harrisburg, Pittsburgh y Scranton que incluyen evidencias de abusos y encubrimientos sistemáticos durante los últimos 70 años. El informe consta de 884 páginas y fue escrito por 23 miembros de un gran jurado, los mismos que durante 18 meses examinaron medio millón de documentos con la ayuda del FBI.

El escrito denuncia además los esfuerzos de las autoridades eclesiásticas por ignorar, ocultar o encubrir las acusaciones, ya sea para proteger a los sacerdotes acusados o para evitar escándalos en la Iglesia. En el documento también se identifican una serie de prácticas en las diócesis que en conjunto constituían una «guía para ocultar la verdad».

Estos años de silencio por ambas partes han hecho que casi todos los casos sean demasiado antiguos para ser juzgados y solo se han presentado dos imputaciones. Hasta ahora, un sacerdote, John Sweeney, ha sido declarado culpable de agredir sexualmente a un estudiante a principios de la década de 1990. Además, se indica que si bien el número de víctimas se estimó en más de mil, el número real no es cuantificable.

En este sentido, el Vaticano ha emitido una declaración a través de su portavoz y director de la oficina de prensa, Greg Burke, en la que expresa su «vergüenza y dolor» por lo ocurrido y en la que recuerda que el Papa siempre estará del lado de las víctimas. «Ante el informe que se ha hecho público en Pensilvania esta semana, hay dos palabras que pueden expresar los sentimientos frente a estos horribles crímenes: vergüenza y dolor», comienza la declaración del Vaticano, que continúa diciendo que toma «muy en serio el trabajo del Investigating Grand Jury de Pensilvania y el largo Interim Report que ha elaborado. La Santa Sede condena inequívocamente el abuso sexual de menores».

El comunicado dedica duras palabras a los abusos y asegura que son «criminales y moralmente reprobables». Estos hechos «han traicionado la confianza y han robado a las víctimas su dignidad y su fe», añade. «La Iglesia debe aprender duras lecciones de su pasado, y debería haber asunción de responsabilidad, tanto por parte de los abusadores como por parte de aquellos que permitieron que se produjeran», enfatiza la declaración.

El Vaticano explica también que «la mayor parte del informe se refiere a abusos cometidos antes de los primeros años 2000», por lo que «no habiendo encontrado apenas casos después de 2002, las conclusiones del Grand Jury son coherentes con estudios precedentes que muestran cómo las reformas hechas por la Iglesia católica en Estados Unidos han reducido drásticamente la incidencia de los abusos cometidos por el clero». Algunas de estas reformas son la implantación de un proceso de selección más estricto de seminaristas, la capacitación de los trabajadores de las parroquias para saber identificar y prevenir los abusos, así como nuevas políticas sobre cómo responder a una mala conducta denunciada.

El portavoz de la Santa Sede también pide «estar en constante reforma y vigilancia en todos los niveles de la Iglesia católica para garantizar la protección de los menores y de los adultos vulnerables», a la vez que subraya «la necesidad de obedecer a la legislación civil, incluida la obligación de denunciar los casos de abusos a menores».

Las disculpas del Papa

La declaración concluye con una reflexión del propio Francisco: «El Santo Padre comprende bien cuánto pueden sacudir la fe y el ánimo de los creyentes estos crímenes», por lo que reitera «el llamamiento a hacer todos los esfuerzos posibles para crear un ambiente seguro» no solo en la Iglesia, sino en toda la sociedad. «Las víctimas deben saber que el Papa está de su parte. Aquellos que han sufrido son su prioridad, y la Iglesia quiere escucharlos para erradicar este trágico horror que destruye la vida de los inocentes», alega el Vaticano.

No son pocas las ocasiones en las que Francisco ha pedido perdón en público por los casos de abusos cometidos en el seno de la Iglesia. Durante su viaje a Chile del pasado enero, el Pontífice expresó su dolor por «el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia», y señaló que es «justo pedir perdón».

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