El lunes no habrá mascarillas en las farmacias

Sanidad seguía ayer sin contestar al Consejo General de Colegios Farmacéuticos, que el pasado martes se ofreció a distribuir este producto de forma controlada

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Todos aquellos que tengan que volver el lunes a su puesto de trabajo se encontrarán con la dificultad de poder hacerse con una mascarilla. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, anunció ayer que “a partir del lunes, vamos a hacer una distribución en puntos donde es recomendable su uso”, después de recomendar su empleo en el transporte público. Es decir, que se repartirán en las estaciones de metro, de cercanías, etcétera.

El problema es que son muchos los que se desplazarán a su lugar de trabajo en su vehículo particular y no podrán adquirir una mascarilla en una farmacia, donde por lógica debería facilitarse también ese producto sanitario ahora tan esencial contra el Covid-10. Así, según pudo saber ayer LA RAZÓN, el lunes no estarán disponibles en estos establecimientos: “Pese al esfuerzo realizado por todo el sector, el lunes aún no habrá mascarillas en la mayoría de las farmacias. Esperamos que esta situación se regularice en poco tiempo”, aseguraron a este periódico fuentes del Consejo General de Colegios Farmacéuticos.

Un asunto no exento de polémica, máxime cuando la Organización Farmacéutica Colegial se ofreció el pasado día 7 de abril a Sanidad para hacer una distribución controlada de ellas a la población a través de la red de farmacias y “no hemos recibido respuesta aún”, precisaron las mismas fuentes.

Un surrealismo que ha estado presente en todas las recomendaciones y advertencias sobre este producto que tanto escasea en plena pandemia. Así, las mascarillas han pasado de ser consideradas innecesarias a imprescindibles frente al coronavirus para el propio Ministerio de Sanidad en apenas 40 días, tal y como ya avanzó este periódico.

En esta ocasión, Sanidad ha optado por seguir las recomendaciones del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) que el pasado 8 de abril aconsejó extender su uso en público no solo a pacientes con Covid-19 o a todas aquellas personas que presentaran síntomas de esta infección respiratoria, sino también a los ciudadanos asintomáticos, especialmente en espacios cerrados y concurridos como puede ser en transporte público o en tiendas de alimentación, tal y como se hace en China.

¿El motivo? Que su uso “puede servir como medio de control para reducir la propagación de la infección de los individuos infectados que aún no han desarrollado síntomas o que permanecen asintomáticos”, tal y como recoge en su último informe el citado organismo europeo, en el que si bien reconoce que realmente “no se sabe en qué medida el uso de mascarillas en la comunidad puede contribuir a reducir la transmisión.”

Un mensaje, en cualquier caso, que contrasta con el lanzado tan solo dos días antes por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que volvió el pasado día 6 a rechazar el uso de mascarillas para la población, ya que su empleo generalizado dejaría aún menos unidades para los profesionales sanitarios y además “pueden dar una falsa sensación de seguridad”. “Nos preocupa que el uso masivo de mascarillas por parte de la población general pueda agravar la escasez para las personas que más las necesitan.

En algunos lugares, esta escasez está poniendo a los sanitarios en un verdadero peligro”, explicó el director general de la OMS, Tedros Adhanon Ghebreyesus. Tras conocerse la recomendación de la ECDC, desde la OMS no se dio marcha atrás: “Seguimos recomendando el uso de mascarillas médicas exclusivamente por parte de los profesionales sanitarios y de los pacientes con Covid-19”, afirmó Dorit Nitzcan, coordinadora de las Operaciones de Emergencia Sanitaria de la OMS, a una pregunta de “Redacción Médica”.