Un año de pandemia: “No bajamos la guardia para no volver a vivir lo pasado”

Con la llegada de la vacuna anti-COVID, se abre un horizonte de esperanza para todos, pero, en especial, para todos aquellos profesionales que han vivido la pandemia muy de cerca. En esta ocasión, hablamos con algunos de los trabajadores de las residencias gestionadas por Clece para conocer en 1ª persona sus vivencias y cómo están afrontando lo que esperamos que sea esta recta final en la vuelta a la normalidad

En los centros de mayores de Clece, la seguridad, la prevención y la colaboración han sido esenciales en el día a día.
En los centros de mayores de Clece, la seguridad, la prevención y la colaboración han sido esenciales en el día a día.Diego SánchezLa Razón

Durante el primer estado de alarma, nuestro país se paró, a excepción de los trabajadores esenciales que siguieron desempeñando, día tras día, su labor. Su actividad fue fundamental para que el resto de la sociedad pudiera vivir esas semanas de la mejor manera posible. También fue así en los centros de mayores, lugares críticos en esta pandemia en los que la seguridad, la prevención y la colaboración han sido esenciales para el bienestar de los residentes.

A un mes de cumplir el primer año de pandemia, estos cuatro trabajadores de diferentes residencias de Clece relatan de primera mano cómo han vivido este tiempo, cómo se encuentran ahora y cuáles son sus ilusiones de cara a los próximos meses, con la llegada de la vacuna.

“Si no lo vives desde dentro, es imposible explicarlo”

Mayte Pereira es cocinera en la residencia para mayores Clece Vitam Patio de los Palacios, en Valladolid. De la antigua normalidad recuerda, precisamente, la cercanía con los residentes: “Yo solía ir al comedor a hablar con ellos, darles compañía, preguntarles por la comida… Teníamos una relación muy estrecha”.

Esta proximidad, de repente, se vio interrumpida con la llegada del virus, que hizo obligatorio cambiar todos los protocolos de seguridad del centro para responder ante esta nueva situación. “Hubo una coordinación extraordinaria de médicos, auxiliares y el personal de supervisión” cuenta Mayte. Para evitar el riesgo, la comida, de la que ella era responsable, subía a las habitaciones en carros especiales, uno para cada planta, para diferenciar grupos y sellar así las burbujas en las que vivían tanto residentes como el personal del centro. En seguida llegaron los equipos de seguridad y, “tras el sopetón inicial en el que nos pilló, todo empezó a funcionar”.

El virus también puso a prueba a los residentes. “Al principio, no entendían qué pasaba ni por qué tenían que estar encerrados o sin visitas… La residencia ha dado el 200% para cuidar de ellos, ya que actuamos como una familia”. De hecho, en palabras de esta trabajadora, la pandemia ha puesto de manifiesto la increíble labor que hacen las residencias y espera que reciban el reconocimiento que se merece: “Hay familias que no pueden cuidar de ellos, por múltiples razones, y tenerlos en una residencia en los tiempos que corren es garantizar su cuidado y su bienestar”.

Sobre la llegada de la vacuna, Mayte se ríe: “Ha sido como una fiesta”. Los residentes la han recibido con mucha alegría, tanto que “a nadie le ha dolido, ellos ya están muy fuertes”. Es más, apunta, “si les pones a repetir (la puesta de la vacuna), vuelven sin duda”. Después de todo lo pasado, aún hay energía para el buen humor y la esperanza.

“No bajamos la guardia en ningún momento”

Sergio Afonso es auxiliar en la Residencia La Llum, gestionada por Clece en El Carlet, Valencia. Se trata de un centro de atención a personas con discapacidad psíquica “con un ambiente familiar muy cercano”, describe este trabajador.

Con la crisis sanitaria, se trastocaron tanto rutinas como protocolos y las cosas cambiaron radicalmente. “Se minimizaron los grupos de convivencia, lo cual redujo la interacción entre ellos y con los otros compañeros de trabajo” cuenta Sergio. También ocurrió con las actividades diarias, lo cual también tuvo algunos efectos en los residentes: “Para ellos, los cambios son siempre difíciles y tener que adaptarse a las restricciones, a nuevas normas y al nuevo tipo de convivencia fue complicado, ya que hay cosas por las que tienen que pasar que no entendían”.

Para este trabajador de El Carlet, a día de hoy aún siguen adaptándose a la situación. “Tratamos de que los residentes apenas noten cambios y, aunque es muy difícil, gracias a todo el equipo de profesionales que formamos, lo conseguimos día a día”. Poco a poco, van recobrando la normalidad, dentro, siempre, de las normas de seguridad.

Al igual que Mayte, Sergio pone en alza el valor que las residencias han tenido en el último año: “Este tipo de centros tienen una importancia inmensa por la labor que se hace día a día en ellos, ya que los cuidados han sido más minuciosos, si cabe, y nos hemos tenido que adaptar y ayudar a los residentes a adaptarse a esta nueva etapa que estamos viviendo”.

En la residencia La Llum, la vacuna también se recibió con tremenda emoción, tanto por los residentes que lo comentaban con mucha alegría, como por el personal del centro. “Ahora, ya vacunados, esperamos no volver a vivir lo pasado. Por eso, no bajamos la guardia en ningún momento” comenta Sergio.

“Me siento muy orgullosa como trabajadora de esta residencia”

Raquel Monge Díaz de Medina es fisioterapeuta en la residencia La Estrella de Logroño (La Rioja). Antes de la pandemia, explica, la jornada laboral estaba estructurada para alcanzar objetivos personalizados con cada residente, se realizaban actividades en el gimnasio o en el salón del centro, así como terapias asistidas para aquellos residentes que estuvieran encamados.

A partir de marzo de 2020, todos los profesionales dejaron sus funciones de base a un lado para volcarse en el bienestar de los residentes, realizando las videollamadas con los familiares, controlando el régimen de visitas (cuando han estado permitidas) y acompañando a los mayores en sus salidas al jardín. De esta forma, y como explica Raquel, “lo importante ha sido adaptarse a las circunstancias de cada momento con el fin de atender a los residentes de la mejor manera posible en función de sus necesidades”.

Afortunadamente, al igual que el resto de las residencias, en este centro logroñés “los momentos de tensión se han ido solventando con los numerosos tests de antígenos y pruebas PCR que se nos han realizado, tanto a los usuarios como a los trabajadores”, con material siempre proporcionado por la gestión de Clece.

Aunque el cansancio es palpable, Raquel habla con dignidad: “A día de hoy, me siento orgullosa como trabajadora de la residencia La Estrella, centro en el cual no ha existido ningún fallecido por Covid-19”.

Por último, sobre el hilo de esperanza que ha traído la vacuna, la trabajadora sanitaria comenta: “La han agradecido más los familiares que los residentes, ya que esperan poder ver pronto a nuestros usuarios”. Y también los trabajadores han mostrado una inmensa emoción: “ha supuesto una pequeña esperanza de cara a volver a la normalidad”.

“Aquí estamos todos bien”

Junto al personal sanitario y laboral de las residencias, los protagonistas han sido precisamente ellos, los mayores. Juan Antonio Vélez es un usuario del centro para personas mayores de La Purísima, en Totana (Murcia) que desde el primer momento comparte su optimismo y su vitalidad: “Me siento estupendamente”.

Juan Antonio pasó la COVID-19 “sin problemas”, gracias a la precaución, los cuidados y las enormes medidas de seguridad del centro. Hoy echa la vista atrás y le dedica con cariño algunas palabras a los trabajadores que le han tratado durante este tiempo: “Con la ayuda y el apoyo de los diferentes profesionales, hemos estado muy cuidados y protegidos”.

Poco a poco, los momentos más difíciles van quedando atrás. Hoy en día, y en función de la situación de cada comunidad autónoma, las residencias han ido adaptando sus normativas, permitiendo, de forma paulatina, cierta apertura. Así, y en función de los datos epidemiológicos de su área sanitaria, algunas residencias han empezado a retomar algunas acciones para que los residentes salgan a las zonas exteriores y también para recibir la visita de sus familiares, lo cual ha dado lugar a reencuentros muy emocionantes.

Con la llegada de la vacuna, se espera que estas imágenes se vayan dando cada vez más. Juan Antonio la recibió con total entereza, “ningún efecto, ningún mareo…” comenta. De hecho, además de no tener efectos secundarios, la vacuna es un motivo de orgullo para este residente, ya que su compañero Antonio y él fueron los primeros en recibir la inyección: “Salimos en la tele y nos echaron fotos. La recibí contento, ¡contentísimo!”.