Los 7 alimentos que debes evitar para no padecer hígado graso

El hígado es el encargado de segregar la bilis, un líquido que elimina de la sangre diferentes sustancias perjudiciales para el cuerpo humano. Por lo que mantenerlo en buen estado es indispensable para un correcto funcionamiento de nuestro organismo

El hígado graso no alcohólico aumenta el riesgo de padecer, entre otras enfermedades, cáncer de hígado
El hígado graso no alcohólico aumenta el riesgo de padecer, entre otras enfermedades, cáncer de hígado

El hígado es el órgano responsable de la secreción de bilis, fundamental para digerir las grasas, almacenar energía y eliminar toxinas. Por tanto, es una sustancia que elimina de la sangre diferentes sustancias que pueden ser perjudiciales para el organismo y las vuelve inofensivas. La mala alimentación y el consumo excesivo, especialmente de bebidas alcohólicas, pueden afectar negativamente a este órgano, pero no es fácil reconocer cuando se encuentra en mal estado, pues en ocasiones no presenta ningún síntoma. En general, el estado del hígado se suele conocer mediante pruebas de rutina, que incluyen indicadores hepáticos que muestran si hay cambios enzimáticos. En ocasiones, puede ser necesario realizar una ecografía para detectar el hígado graso y otras enfermedades, que suelen ser asintomáticas.

¿Qué es la enfermedad del hígado graso?

El depósito de grasa en el hígado que puede llegar a producir inflamación y daño celular hepático
El depósito de grasa en el hígado que puede llegar a producir inflamación y daño celular hepático

En primer lugar, es importante distinguir entre el hígado graso no alcohólico y el alcohólico, que es causado principalmente por el consumo excesivo de alcohol. En este último caso, el órgano se encarga de descomponer la mayor parte de la ingesta de alcohol para excretarlo del organismo, pero este proceso produce sustancias nocivas que dañan las células del hígado, provoca inflamación y debilita las defensas naturales del organismo. Esto puede provocar hepatitis alcohólica y cirrosis. Existen dos tipos:

  1. Hígado graso simple: hay grasa en el hígado, pero hay poca o ninguna inflamación o daño en las células.
  2. Esteatosis hepática no alcohólica: las células del hígado presentan grasa, lo que provoca inflamación y daño en las mismas. Pudiendo llegar a provocar fibrosis o cicatrización del hígado. La esteatosis puede provocar cirrosis hepática o cáncer de hígado.

Alimentos que debemos evitar

Hígado
Hígado FOTO: La Razón La Razón

Existen una serie de alimentos que son especialmente perjudiciales para mantener este órgano en buen estado. Por ello se deben aplicar cambios en la dieta, como limitar la ingesta de grasas, reemplazar las grasas saturadas y trans por insaturadas, comer más alimentos con un índice glucémico bajo y evitar alimentos y bebidas que contengan grandes cantidades de azúcares simples o bebidas alcohólicas.

  • Alcohol: Se trata del enemigo número uno de este órgano. No solo provoca el hígado graso alcohólico, sino que también lo puede dañar más en caso de tener enfermedad de hígado graso no alcohólico. Esto se debe a que, al metabolizarse el alcohol en el hígado, provoca un incremento de triglicéridos y puede generar sustancias que dañan las células del hígado.
  • Azúcar: Una dieta rica en azúcar contribuye a que la grasa se deposite en el hígado y cause inflamación. Para evitarlo, debemos comer más alimentos con un índice glucémico bajo, como frutas, verduras y cereales integrales. Estos alimentos afectan menos a la glucosa en sangre que los alimentos con un índice glucémico alto, como el pan blanco, el arroz y las patatas. Además, debemos reducir lo máximo posible la ingesta de alimentos y bebidas que contengan grandes cantidades de azúcares simples, especialmente fructosa. La fructosa se encuentra en la mayoría de los refrescos, bebidas deportivas y zumos industriales. Por último, el azúcar de mesa, conocido como sacarosa, se convierte rápidamente en glucosa y fructosa durante la digestión, contribuyendo a que la grasa se deposite en el hígado y genere inflamación.
  • Sal: Un consumo excesivo de sal puede ocasionar retención de líquidos, lo que conlleva un aumento de peso. Esto obliga al hígado a trabajar por encima de sus niveles normales y puede conducir a enfermedades hepáticas.
  • Carne roja: La carne roja contiene grasas saturadas, las cuales favorecen el desarrollo del hígado graso. Por lo tanto, su consumo debe ser moderado y se recomienda priorizar la carne blanca sobre esta, como el pavo o el pollo.
  • Embutidos: Los embutidos, igual que la carne roja, contienen una gran cantidad de grasas saturadas, un exceso de la cual se relaciona directamente con un aumento de probabilidades de padecer hígado graso. Asimismo, reemplazar las grasas saturadas y grasas trans de la dieta por grasas insaturadas, especialmente ácidos grasos omega-3, reduce la probabilidad de una enfermedad cardíaca en las personas que tienen enfermedad del hígado graso no alcohólica.
  • Lácteos con leche entera: La grasa de estos productos es saturada y es muy perjudicial para el hígado por lo que es recomendable tomar lácteos 0% materia grasa. Además, los quesos como el gouda, brie, emmental o parmesano están prohibidos para el hígado graso, ya que son los que más grasas saturadas y colesterol tienen.
  • Bollería industrial: Los ultraprocesados son alimentos perjudiciales para la salud y que deberíamos evitar siempre, ya que contribuyen a la acumulación de grasa visceral alrededor del hígado, lo cual se relaciona con la obesidad y el sobrepeso.