Cirugía

Hacer una «operación milagro» en Burundi

►El Dr. Diego González Rivas ha recorrido más de 120 países con el desafío de ayudar a pacientes sin apenas recursos sanitarios

Imagen del especialista durante la intervención
Imagen del especialista durante la intervenciónMaría FerreiraMaría Ferreira

La arteria pulmonar ha sido perforada. ¿Cuántos litros de sangre pueden perderse en un minuto? Tres. «Está todo controlado», informa el Dr. Diego González Rivas mientras sutura la arteria ante las miradas de pánico de los ahí presentes. La tensión es justificable; está teniendo lugar la primera cirugía torácica practicada en la historia de Burundi, que además es realizada con la técnica uniportal VATS; un tipo de intervención a través de una sola incisión de tres centímetros por la que se manipula el instrumental especialmente diseñado desde fuera del cuerpo y visualizando el campo quirúrgico a través de una cámara.

El Dr. González Rivas, creador de esta técnica, lo tiene todo en su contra: la cámara es de mala calidad, el hospital no cuenta con el instrumental necesario y el personal médico local jamás ha presenciado una intervención de este tipo; no hay ni un solo cirujano torácico en Burundi. «Os pensáis que puedo hacer magia, no hombre, no hago milagros», exclama el doctor.

«Debemos cancelar la operación de hoy», informa el Dr. Abayo, el director de la Policlínica Tanganyika. «El paciente tiene miedo», asegura. Entonces, el Dr. González Rivas se dirigió al hospital con la intención de hablar con el afectado. Allí se encontró con un hombre de mediana edad: «Verá doctor; mi familia depende de mí, no puedo perder un pulmón, no puedo morir en la operación», le explica con voz quebrada. Diego es amable pero firme: «Esta operación es la única que puede salvarte la vida». «¿En Burundi?», pregunta extrañado el hombre. Llevaba meses tratando de reunir 19.000 euros para ir a Bélgica a operarse. Sin embargo, un golpe de suerte había hecho que el Dr. González Rivas, el único capaz de salvar su vida sin tener que viajar miles de kilómetros y gastar una fortuna que no tenía, se encontrase en Bujumbura comprometido a sacarle adelante. El paciente accedió a ser operado al día siguiente.

Casos sin esperanza

«Se trata de un quiste broncogénico en un paciente pediátrico». Así le informaron de su siguiente caso. Cuando el Dr. González Rivas entró en la sala de operaciones, se encontró con una niña temblorosa de ojos grandes que le miraba fijamente. «¿Cómo te llamas?», preguntó. «Eva», respondió ella. Diego tardó un segundo en mirar su TAC y darse cuenta de que no había nada que él pudiera hacer: Una masa de 30 cm había desplazado el corazón a la derecha. Diego señaló el brazo izquierdo de la niña, completamente hinchado e inmóvil. «¿Lo puedes mover?». Lo cierto es que no, no podía.

«Este caso no se puede operar, no está ni siquiera diagnosticado», informó el Dr. González Rivas al Dr. Abayo. La niña necesita una biopsia y probablemente quimioterapia. Eva viene de El Congo y su familia no puede permitirse su tratamiento. El Dr. Khan, cirujano torácico que asiste al Dr. González Rivas en Burundi y en Kenia se dirige a la niña en suajili: «Tranquila, no vamos a operarte». Lo que para esta jovencita es una buena noticia se trata en realidad de una tragedia; Eva no tiene posibilidades de salvarse en Burundi. Antes de salir del quirófano Diego acaricia la mano de la niña con tristeza.

Así, el primer día en Burundi termina sin operaciones. «He estado en 123 países; sin duda este ha sido el más caótico», afirma desanimado el especialista. Una forma de conocer a un país es mediante el análisis del estado de su sistema sanitario. Lo ocurrido en el pequeño hospital de Bujumbura es solo una muestra de la realidad burundesa, en la que muchos pacientes no cuentan ni siquiera con la esperanza.

Un hito

Al día siguiente, el Dr. González Rivas entró en el quirófano consciente de que podía ser una jornada histórica. Reconociendo también que lo tenía todo en contra y totalmente convencido de que siempre merece la pena intentar salvar la vida de una persona.

«¿Dónde está el pleur-evac?», pregunta refiriéndose a un sistema de drenaje torácico esencial para la operación. No tienen; la única solución reside en la creatividad. Los cirujanos cogen una botella de gel desinfectante y fabrican un drenaje in situ. Dos extremos se unen: la cirugía más avanzada sirviéndose de los medios disponibles más rudimentarios y básicos.

La cámara no funciona bien. «Así no podemos operar, es peligrosísimo, traed otra», asegura. Comienzan. «¡Paciente despierto!», avisa el Dr. González Rivas a los anestesistas, que se hacen cargo con diligencia. La segunda cámara funciona mejor, pero la calidad sigue siendo pésima. En más de una ocasión el cirujano español se pregunta si no sería mejor continuar la cirugía en abierto, pero siempre encuentra el modo de seguir adelante. La arteria pulmonar sangra y los cirujanos ahí presentes reaccionan con miedo. El Dr. González Rivas, impasible, comienza a suturarla sin perder un segundo. Sin perder la calma. «Parece magia», se escucha en quirófano. No es magia, es una forma de cirugía llevada a la sublimación.

Las horas pasan y las complicaciones siguen presentándose, pero el Dr. González Rivas se alía con las dificultades reconociendo en ellas posibilidades de crecimiento y de creatividad. Al mismo tiempo enseña su técnica a los asistentes, haciendo de la generosidad su mantra: todo conocimiento ha de ser compartido para que el mundo realmente cambie.

La operación ha sido un éxito. A los dos días el paciente puede volver a su casa. Es una de las ventajas que ofrece la cirugía mínimamente invasiva: la recuperación es rápida, lo que supone beneficios económicos tanto para el paciente como para el hospital. «Gracias por luchar por mi vida», le dice el paciente por videoconferencia. Esta es la frase que Diego ha podido escuchar ya en 124 países del mundo de la boca de 7.000 personas. Antes de dirigirse al aeropuerto, suspira satisfecho y afirma: «Lo de Burundi fue realmente magia, y eso es algo que jamás había dicho».