Mercado negro y precios de oro: así es la fiebre de las mascarillas

La falta de abastecimiento en farmacias desata la psicosis en la calle. ¿Lo próximo? Termómetros de frente, que ya escasean

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Ana entra desesperada en una céntrica farmacia de Madrid. Lleva toda la mañana recorriendo establecimientos en busca de una mascarilla. En la sierra norte, donde vive, no queda ninguna, así que «he bajado a Sol, a ver si hay mejor suerte», dice. «Lo sentimos, señora, pero están agotadas desde hace días», le contesta la responsable. Ella no sale de su asombro: «¿Cómo puede ser? Es una vergüenza, los distribuidores de mascarillas están jugando con nosotros. Con la salud no se debería hacer negocio», protesta.

Para más inri, no busca protectores para ella sino para su hija, que está atrapada en Venecia, donde el coronavirus campa a sus anchas. Cursa allí una beca Erasmus y ahora se encuentra encerrada en casa. «No sé qué más hacer, necesito conseguir con urgencia alguna para enviársela. Lleva desde el domingo sin salir», lamenta. Además, esta madre de familia está «aterrorizada», porque varias amigas y conocidas de su hija han regresado ya a España «y no han sido sometidas a ningún control. El coronavirus se va a extender por todos los sitios», sentencia.

Productos «complementarios»

La búsqueda agónica de mascarillas se ha convertido en una absoluta psicosis, más aún desde que la enfermedad aterrizó en Italia el pasado fin de semana. Recorremos varias boticas del centro de Madrid y en todas han colgado el cartel de agotadas, con la correspondiente indignación de los clientes. Pero en tiempos de crisis siempre hay quien saca provecho y para los emprendedores ansiosos de hacer dinero rápido la fabricación de las preciadas mascarillas se ha convertido en el negocio más rentable. En páginas como eBay, Wallapop o Amazon es donde se encuentran los ejemplares «más valiosos».

«Está siendo una absoluta locura, antes se vendía, como mucho, una al mes, ahora estamos vendiendo más de 100 al día, y porque no nos suministran más, que si no también se agotarían al minuto», afirma una empleada de una farmacia de la calle Arenal, en Madrid. «Nosotros hemos dejado de recibir porque nuestros proveedores ya no tienen más stock y no nos fiamos de las nuevas que están enviando. Además, los fabricantes se están aprovechando, solo te permiten hacer pedidos muy grandes y sin margen de devolución. Aquí todos quieren sacar tajada del coronavirus», dice María. Ella, por ejemplo, vendió 300 cajas (cada una de 3 o 5 mascarillas) en dos días. En el mercado negro están proliferando modelos de dudosa calidad, pero, aun así, se agotan. «Yo he ido a una ferretería y de ‘‘contrabando’’ me han vendido 12, apunta otra clienta que escucha la conversación.

En la farmacia De la reina Madre, Mónica confiesa que hace poco trajeron 25 cajas con seis mascarillas cada una y, según trasladaba el transportista la mercancía al interior de la tienda, «vino un chino y compró todas: no nos duraron ni un minuto». La semana pasada hicieron un pedido de 3.000 más, aunque se retrasaba tanto que «mi jefe decidió cancelarlo». De momento, los empleados se han guardado una para cada uno.

Lo preocupante es que la mayoría de los compradores no saben cuáles son las que realmente son útiles para evitar el contagio. Es más, muchos se llevan las «quirúrgicas», que son utilizadas por los contagiados para evitar la propagación del virus. Son solo las de filtro FFP2 y FFP3 las que, para los expertos, más pueden proteger. Según el Colegio Oficial de Farmacéuticos, la demanda de estos valiosos productos de prevención ha aumentado hasta un 10.000 % en la primera semana de febrero.

Tras la odisea para encontrar una farmacia con stock, nos cruzamos con la de Mireia, en la calle Mayor,. «Tengo unas 700, pero se agotarán a lo largo de la tarde», confiesa. ¿El precio? «Las que no valen para nada, las vendemos a 5 euros; las que sí, a 12,95, pero si se llevan más de cinco hacemos descuento», explica. Además, han sacado una serie de productos «complementarios», como sprays desinfectantes que están arrasando. Un bote cuesta 23 euros. «Y ahora empiezan a agotarse también los termómetros de frente, que cuestan como 30. Hace un rato un señor me ha comprado 25 del tirón», apunta Mónica. Sin duda, el negocio es redondo.