Las claves de la cartilla COVID-19

Funcionaría a semejanza de las cartillas de vacunación y facilitaría el acceso a establecimientos especialmente sensibles

La medida anunciada por la presidenta de la Comunidad de Madrid de promover para el mes de septiembre la cartilla COVID-19 se trata de un “proyecto experimental” que tiene como referencia las cartillas de vacunación internacional existentes, en las que se recogen las vacunas que han sido suministradas al viajero y que es imprescindible para viajar a determinados países.

En este caso, la tarjeta sanitaria virtual reflejaría si la persona ha pasado o no la enfermedad, si posee o no anticuerpos o si se ha sometido a una prueba de diagnóstico PCR o a otro tipo de pruebas.

En este sentido, ayudaría a evitar confinamientos y sería de utilidad para el acceso a determinados establecimientos especialmente sensibles, como gimnasios, o lugares donde se pueda dar una gran afluencia de público, como cines, espectáculos o museos.

La polémica que ha surgido en torno a ella obedece a que, según la OMS, no existe una evidencia científica de que una persona que ha contraido el coronavirus no pueda volver a contraer la enfermedad, o que no pueda transmitirlo.

Otro factor a tener en cuenta es la posibilidad de un falso positivo en un test de anticuerpos. Esto nos dejaría con una persona que tendría el pasaporte covid pero que mantendría intacta sus opciones de contagiarse más adelante y transmitir el virus a otras personas.

Además, este procedimiento revelaría información relativa a la salud del usuario, lo que podría vulnerar sus derechos y menoscabar datos especialmente protegidos, como son los referidos a la salud.

En la práctica, supondría restringir el acceso a determinados centros o actividades a las personas que no tuvieran el “pasaporte inmunitario”, especialmente si no se puede afrontar el coste de la realización de las pruebas para descartar o confirmar la presencia de anticuerpos.