Las charlas anticoronavirus de “villa Pàmies”

Ante las trabas para dar conferencias en lugares públicos, el polémico curandero, negacionista de la covid, ha trasladado el escenario a su finca privada: un imperio de 15 hectáreas en Lérida, donde capta a clientes para sus pseudoterapias. En 2019 facturó más de 1.700.000 euros

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«Le ves así con su gorro de paja, atareado en el huerto y da la impresión de ser un “payés” inofensivo. No lo es. Que sea incoherente es el menor de los problemas». Así habla de Pàmies alguien que conoce bien de cerca las consecuencias de seguir sus consejos sobre cómo curar prácticamente todas las enfermedades que existen en el mundo. Josep Pàmies Breu (Balaguer, Lérida, 1948) es un agricultor que se ha ido haciendo conocido por ser un divulgador pseudocientífico y tratar todo tipo de dolencias con plantas medicinales, asegurar que cura el cáncer con infusiones de kalanchoe y promocionar remedios milagrosos como el famoso MMS o «suplemento mineral milagroso»: clorito de sodio con ácido cítrico que, afirma, cura desde la malaria al autismo. El producto está prohibido por la Agencia Española del Medicamento porque puede provocar fallo renal, perforación gástrica y muerte por metahemoglobinemia. Pero no solo está prohibida su comercialización, sino también su promoción. Desde que comenzó la pandemia, Pàmies, que no tiene ningún título científico, ha vuelto a la palestra porque (sorpresa) también tiene «la cura» para el coronavirus. Pero aquí viene la incoherencia o contradicción. Si uno atiende a las charlas de Pàmies no le queda muy claro si la covid existe o no. Al principio, parece dar a entender que todo forma parte de un complot universal para vendernos una vacuna que dañará aún más nuestro organismo, ya debilitado por quienes nos «fumigan», que vienen a ser los mismos que quieren implantar el 5G. Sin embargo, en la misma exposición sostiene que el MMS y otras soluciones naturales pueden curarlo. Entonces, ¿el virus es real? ¿Sobre qué enfermos de coronavirus ha probado la sustancia para hacer tal afirmación? Nadie lo sabe o, lo que es peor: sus acólitos sospechan que sobre ninguno y aún así «compran» todos sus discursos, que tienen como denominador común la demonización de la industria farmacéutica. El perfil de sus seguidores no es gente con escaso nivel cultural: predominan mujeres entre 40 y 60 años, de cierto estatus económico pero con escaso conocimiento en ciencia. «No tiene nada que ver. Mira Steve Jobs, era un genio y creyó que se iba a curar un cáncer de páncreas tomando fruta», advierte Gustavo Tolchinsky, del Colegio de Médicos de Barcelona, que denunció este video de Pàmies que se hizo viral al inicio del confinamiento.

Él, la medicina convencional

Pero a pesar de defender los remedios naturales, muchos criticaron que cuando Pàmies sufrió un infarto el año pasado acudió a un hospital convencional y pudo curarse con la medicina que cuestiona. «Ahí es donde te das cuenta de que es solo un charlatán», explica Emilio Molina, vicepresidente de la Asociación para proteger al Enfermo de Terapias Pseudicientíficas, que lleva años luchando contra los discursos de tipos como Pàmies.

La falta de rigor y lo esperpéntico de su mensaje no sería peligroso si no fuera porque no se trata de ningún loco predicando en el desierto. Su página de Facebook la seguían más de medio millón de personas. Allí daba rienda suelta a sus teorías (como cuando dijo en 2015 que la insulina prescrita a los diabéticos provocaba cáncer), hacía promoción de las plantas que vende e incluso pasaba consulta donde aconsejaba, por ejemplo, comer una flor llamada capuchina como crecepelo («Yo la tomo y me empieza a crecer», aseguraba), recetaba el MMS hasta a embarazadas o inducía al consumo de la planta Stevia rebaudiana, también prohibida en la UE. Facebook le retiró la cuenta en 2018 pero no es la única puerta que Pàmies ha visto cerrar porque ya ha sido multado varias veces por las autoridades, lo que hace apoyar aún más su teoría de que le censuran por ir contra el poder, al servicio de los reptilianos y de Soros.

Multas de 600.000 euros

Tras un polémico congreso que organizó sobre autismo en 2018 fue sancionado con 600.000 euros por la Generalitat precisamente por recomendar el MMS y hacer, por tanto, «promoción, publicidad e información destinada al público de productos con finalidades medicinales que no están autorizados como medicamentos». En total suma unos 750.000 euros en multas por hechos similares. También ha sido sancionado por vender paquetes de infusiones con etiquetas que pone: «cáncer de colon» o «leucemia», algo prohibido según el artículo 51.1 de la Ley estatal 29/2006, de 26 de julio, de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios. En su apartado 3 permite la venta libre de plantas tradicionalmente consideradas como medicinales, pero siempre y cuando «se ofrezcan sin referencia a propiedades terapéuticas, diagnósticas o preventivas», y en todo caso, se prohíbe también su venta ambulante. Sin embargo Pàmies las vende con ese etiquetado.

Fieles adeptos

Estas sanciones parece que solo contribuyen a aumentar ese halo de «gurú» hostigado por el sistema y en ocasiones se vanagloria de que la multa la han pagado sus seguidores. Y, aunque muchas veces salga airoso de situaciones controvertidas (este martes convocó una concentración con «besos y abrazos» sin mascarillas para los negacionistas de la covid en Sant Pere y estuvo presente en la concentración de Colón el pasado fin de semana) ya está teniendo problemas para convocar charlas en espacios públicos porque los ayuntamientos le deniegan los permisos cada vez con más frecuencia.

“Un gurú sectario”

Esto ha sido gracias a la lucha de entidades como la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas o Red Une, la asociación para la prevención de la manipulación sectárea. Porque según estos expertos, las premisas de Pàmies y su modo de captar adeptos es «una manipulación psicológica de primero de secta. Es un gurú sectario de primer nivel», zanja Molina, que ha peleado para que estos permisos no se amparen en la libertad de expresión, como proclaman desde Dulce Revolución, la asociación que creó Pàmies. «La libertad de expresión no incluye el derecho a afirmaciones objetivamente falsas o a hacer publicidad engañosa. Él hace propaganda de las supuestas propiedades curativas de los productos que vende, a pesar de que estas propiedades no tengan respaldo científico o incluso que las evidencias científicas indiquen que esos productos son peligrosos para la salud. Sus actos ponen en peligro la salud de los ciudadanos y llega a recomendar a enfermos que abandonen sus tratamientos médicos y consuman esos productos», explica Molina, que considera que Dulce Revolución debería estar ilegalizada y, al igual que ocurre desde los Colegios de Médicos, no entienden por qué las autoridades no actúan con más firmeza contra estos peligrosos embaucadores que suponen una amenaza para la salud pública.

Así, tras encontrar tantas trabas para organizar sus charlas en lugares públicos, Pàmies ha decidido trasladar el escenario a su propia finca. Sus dominios están a las afueras de Balaguer (Lérida) y ocupan 154.133 metros cuadrados. Allí tiene sus viveros donde cultiva las plantas que comercializa y su zona de pseudoterapias.

«Donaciones voluntarias»

Aquí es donde organiza cada sábado charlas tras una visita guiada por sus dominios donde siempre se realizan «donaciones voluntarias». Además advierte de que solo se aceptan pagos en efectivo, lo que complica el rastreo de Hacienda. Ayer mismo, volvió a convocar una visita guiada a los viveros de Pàmies Vitae con «charlas e intercambio de conocimientos sobre salud cumpliendo con las normas sanitarias». A las 9:45 se da una bienvenida con una infusión y se conforman dos grupos (en catalán y castellano). Tras visitar las instalaciones de la finca, a las 11:30 horas se hace una «consulta grupal sobre salud», luego una conferencia sobre «hongos medicinales y su utilidad en procesos oncológicos», a cargo de su hijo Aleix Pàmies. Después, a las 12.30 ya aparece el gurú y comienzan los «Diálogos con Josep Pàmies». Después puedes comprar sus productos en la tienda. No solo plantas medicinales, también comercializan, por ejemplo, cerveza artesana con su propio nombre «con agua de mar». La sociedad Pàmies Horticoles S. L. facturó 1.723.495,95 euros en 2019.

Los colegios de médicos: “Nos sentimos impotentes”

Frente a la pseudociencia está el rigor de los métodos científicos y nadie como ellos para echarse las manos a la cabeza cuando escuchan a Pàmies. El doctor Tolchinsky, del Colegio de Médicos de Barcelona, admite que le cuesta entender cómo no se le persigue por la vía legal y que a nadie parece importarle demasiado. Ellos denunciaron ante la Fiscalía el video de Pàmies difundido en el confinamiento pero todo ha quedado en nada. «Nos encontramos impotentes, nosotros no tenemos capacidad reguladora. Es la Fiscalía o las fuerzas de seguridad quienes pueden perseguir de oficio a estos personajes que suponen un verdadero peligro para la salud pública”.

La dificultad de probar el delito

Sin embargo, quitando sanciones administrativas (multas como la de la Generalitat), tampoco es fácil para los cuerpos policiales “enganchar” a uno de estos “charlatanes”. Desde la Unidad Técnica de Policía Judicial de la Guardia Civil explican que la principal dificultad es encontrar una víctima: alguien que haya sufrido un perjuicio grave por tomar algo recomendado por Pàmies o compañía, demostrar con pruebas que eso y no otra cosa es lo que le ha causado daño y, además, probar que ellos le indujeron a tomarlo. Y no es tarea sencilla, básicamente, porque no abundan las denuncias en este sentido. “Si no encontramos a un consumidor perjudicado es complicado actuar”, explica el sargento Miguel Ángel Marcos. Ese sería el primer paso porque, según el experto, a partir de ahí, podrían entrar a investigar si ha habido mensajes para inducir a la toma, explicando supuestos beneficios del producto u omitiendo posibles riesgos de la ingesta. Marcos sostiene que este tipo de conductas podrían enmarcarse dentro de un delito contra la salud pública y un delito de publicidad engañosa pero, insiste, “ambos requieren que exista un perjuicio grave”.

En esta unidad, que lleva años persiguiendo a estos “charlatanes”, trabajan con el Ministerio de Sanidad, con la Agencia Española del Medicamento, de Seguridad Alimentaria y con las consejerías autonómicas en materia sanitaria para estar al corriente de los compuestos prohibidos tras el peritaje científico. Porque otro de los escollos con los que lidian estos agentes es que los jueces de instrucción no suelen autorizar la entrada y registro en fincas donde se toman sustancias cuyo “componenete ilegal” se encuentra en un porcentaje muy bajo, como es, por ejemplo, el DMT en el caso de la ayahuasca.

Ocurriría algo parecido con el polémico MMS. El sargeto explica que “no está prohibido como tal porque el clorito sódico se utiliza para la depuración de aguas y se comercializa de forma legal”. De hecho, ellos están al tanto de varias empresas que lo venden “en teoría, con este fin” aunque tampoco pierden de vista sus cuentas en redes sociales y otros foros, donde los usuarios comentan que sí lo venden para tratar el covid y otras enfermedades. “Ahí se le podría imputar un delito de publicidad engañosa porque le está atribuyendo propiedades a un producto que no las tiene”.

El pasado mes de mayo lograron actuar en esta linea contra otro producto: la lactoferrina. Un anciano de 80 años distribuía varios productos que contenían esta proteína después de publicitar en redes sociales que curaba y prevenía el coronavirus. Fue detenido como presunto autor de un delito relativo al mercado y a los consumidores.