Adherencia al aislamiento ¿cómo se consigue?

Mientras se logra una inmunización suficiente para poder sacar ventaja al virus, la clave del control de la pandemia sigue estando en “lugares comunes”: aislamiento, identificación de positivos y test generalizados.

El distrito de Usera ha sido uno de los más castigados por la pandemia en Madrid.
El distrito de Usera ha sido uno de los más castigados por la pandemia en Madrid.©Gonzalo Pérez MataLa Razón.

Aún quedan muchos meses para que las vacunas puedan ofrecer una respuesta contundente ante el avance del virus. La pandemia nos ha enseñado que no podemos bajar la guardia y, la mejor forma de hacerlo, es mantener todas la estrategias que, en estos diez meses, han mostrado efectividad. Todas juntas. Una de ellas es el rastreo de casos positivos y su aislamiento sistemático, una herramienta extremadamente útil dado que funciona con independencia de la voluntad de los individuos, pero que solo es posible llevar a cabo cuándo la incidencia es baja. Una vez que los contagios se descontrolan, como sucede actualmente, el control de la pandemia queda en manos de nuestra adherencia al aislamiento.

Como indica el investigador Iñigo De Miguel en un articulo publicado en la plataforma The Conversation, estudios realizados en Reino Unido muestran que, sin coacción, como individuos libres, este compromiso no se nos da especialmente bien. Y es lógico, dado que supone renunciar a todo aquello que nos conforma como seres sociales, un sacrificio cuya contrapartida no está tan clara para muchas personas. Si a esto sumamos los efectos de la denominada fatiga pandémica, (definida por la Organización Mundial de la Salud como el agotamiento motivado por la hipervigilancia y las consecuencias ante un virus que nadie ve, pero que todos sabemos que está ahí; la privación de libertad derivada de los confinamientos, las quejas o el aburrimiento), la capacidad individual de adoptar y mantener la adherencia al aislamiento como actitud vital, se perfila como una labor complicada.

Pero no es imposible y para ello, según los especialistas en Ciencias del Comportamiento, hace falta que concurran tres factores: capacidad, motivación y oportunidad. La primera alude al deber, a la conciencia del individuo de su papel activo en las estrategias de control. Para ello, la información y el conocimiento de las instrucciones que se deben seguir si somos positivos o contacto cercano, etc, es clave. Esta parte se puede decir que, la mayoría de países, la tiene controlada, pero hay un margen importante que depende de llegar a todos los “estratos” sociales.

Por otro lado, está la motivación, relacionada con los procesos psicológicos que inhiben o potencian el cumplimiento de los requerimientos de salud pública. Es la motivación (que responde al ¿quiero aislarme?) están implicados factores como la fatiga y el cansancio por haber pasado ya varias cuarentenas, la sensación de invulnerabilidad que puede dar el no haberse contagiado en ningún momento, la desconfianza en los que gobiernan o la sensación de desesperanza por sentir que no se avanza.

Por último, la oportunidad, estaría indivisiblemente ligada a factores socio-económicos como la posibilidad material de aislarse cuando se vive en una situación de carencias básicas. Un trabajador en situación de precariedad, que vive con su familia en piso de escasas dimensiones y cuyos miembros dependen de sus ingresos, difícilmente va a priorizar la responsabilidad de un aislamiento frente a la supervivencia. La realidad es que la pandemia ha hecho aun más profunda la grieta de las desigualdades, y la equidad es un factor básico para que todos rememos en la misma dirección.