“Tenía pesadillas con que mis hijos se caían por el balcón”

Un estudio del Hospital 12 de Octubre revela los problemas del sueño de los sanitarios en la primera ola de la pandemia

Una enfermera de la UCI del Hospital Santa Lucía de Cartagena se toma un respiro en un pasillo en el pico de la tercera ola de la Covid-19
Una enfermera de la UCI del Hospital Santa Lucía de Cartagena se toma un respiro en un pasillo en el pico de la tercera ola de la Covid-19Marcial GuillénEFE

Durante el mes de abril del año pasado, pocos pegaron ojo en nuestro país. Pero hubo un sector de la población que tuvo aún más dificultades para conciliar el sueño que el común de los mortales. Según un estudio realizado en aquellos días por el Hospital 12 de Octubre de Madrid, cerca del 60 por ciento de los sanitarios sufrieron problemas como insomnio, pesadillas, terrores nocturnos y sonambulismo. El objetivo era discernir si los que batallaban en primera línea se veían «más afectados que el resto por los factores estresores a los que estaba sometida la población general», explica a LA RAZÓN el neurólogo Alejandro Herrero. El estado de alerta en en que vivían los trabajadores de los centros hospitalarios los llevaba a despertarse precozmente con una frecuencia un 30% superior al resto.

Las pesadillas también fueron más comunes entre los sanitarios, «que estaban más exigidos y más impactados por todo lo que estaba ocurriendo», señala el doctor Herrero. Este fue el caso de Ana Dani, internista de 45 años del 12 de Octubre y madre de dos niños que participó en el estudio: «Los sueños más recurrentes por aquella época eran sobre pacientes de Covid que había tratado y sobre plantas del hospital que abría y cerraba. También tuve muchas pesadillas con que mis hijos se caían por el balcón de la terraza». Ese contenido onírico tan aterrador le despertaba en mitad de la noche «y muchas veces ya no podía volver a dormirme».

Esa «sobreexigencia» de la que habla el neurólogo se vivió en el hogar de Ana Dani por partida doble. Su marido, también médico, y ella, coordinadora de Covid de su hospital, se mantenían despiertos hasta bien entrada la noche para organizar la jornada siguiente. Además de las complicaciones laborales, la dificultad de conciliar sus responsabilidades con el cuidado de sus hijos también les quitaba el sueño. Los cambios constantes de turno tampoco ayudaban precisamente a facilitar el descanso, y eso que, antes del comienzo de la pandemia, el buen dormir era un «súper poder» de esta internista, que caía como un tronco «donde fuera y como fuera». No fue hasta septiembre cuando Ana Dani recuperó sus patrones normales de descanso. Las vacaciones y, sobre todo, la vuelta de los niños al colegio actuaron como el mejor somnífero.

Digerir los traumas de la pandemia

Según afirma Herrero, las pesadillas «pueden ser una manera de lidiar y digerir los traumas, un recurso de tipo adaptativo». Curiosamente, el insomnio afectó en esas primeras semanas de la primera ola más a las enfermeras, que «obtuvieron una peor puntuación en calidad de sueño» que el resto de la muestra del sector sanitario, compuesta por un centenar de participantes. El hecho de que desarrollaran su trabajo en un régimen de turnos seguramente pesó en el resultado: «Ellas ha sido las que peor han dormido durante la pandemia».

Muchos de los participantes en el estudio habrán recuperado ya su ritmo de descanso, pero otros estarán atascados porque la circunstancia estresante se ha prolongado demasiado. «El estado de híper alerta puede tardar varias semanas en bajar. Cuando la situación se alarga más de tres meses, el trastorno tiende a cronificarse», asegura el neurólogo del 12 de Octubre.