Feminismo: de la guerra a la pandemia

La «bisa» Gloria no pudo ser más que una señora de su casa, pero luchó para que sus descendientes tuvieran una vida mejor. Lo consiguió. Su hija estudió diseño y alcanzó la independencia económica. Su nieta fue a la universidad y la pequeña Daniela desea que, de una vez por todas, nadie la juzgue si quiere ser futbolista

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Gloria observa a su bisnieta con esa mirada que solo proyectan quienes llevan a su espalda una guerra, una dictadura y la explosión de una apertura social democrática y de derechos que ahora, las nuevas generaciones, damos por sentados. Daniela abre los ojos con atención y asombro ante las historias que cuenta su «bisa» y que le parecen más bien fruto de la ciencia ficción que de un pasado tormentoso al que las mujeres valientes y estoicas tuvieron que hacer frente. Gloria tiene 92 años y es la matriarca de una prole de hijas, nietas y bisnietas a través de las cuales se puede dibujar con precisión la evolución del papel de la mujer en la sociedad.

Reunimos a cuatro de las féminas de esta familia con ocasión del 8-M para desgranar el papel que cada una ha jugado en el tiempo que le ha tocado vivir. Sus experiencias son dispares, aunque sus conclusiones convergen en la necesidad de seguir en la lucha para que lo conseguido en las últimas décadas en cuestión de igualdad no quede estancado. La palabra «machismo» sigue presente en sendos discursos pese a que entre la más pequeña, Daniela, y Gloria hayan pasado más de 80 años. «A mí lo que me hubiera gustado en mi época es ser varón, porque ellos eran los que tenían el mando. Yo siempre fui una señora de mi casa y nada más, no se nos permitía hacer otra cosa, había tanto machismo.... Bueno hoy en día también se ven cosas así», afirma la nonagenaria. Por eso, cuando ve los éxitos que han cosechado su hija Gloria o su nieta Rebeca no puede sentir más que orgullo.

Gloria González (92 años) junto a su bisnieta Daniela García (8 años)
Gloria González (92 años) junto a su bisnieta Daniela García (8 años)©Gonzalo Pérez MataLa Razón

«Siempre quise que mis hijas hicieran más cosas que estar en casa, que salieran fuera. Gloria fue muy responsable y cuando decidió irse del pueblo me pareció muy buena idea, siempre ha tenido mi confianza», dice. La «bisa» recuerda todavía como si fuera ayer cuando le pidió a su padre poder tocar el acordeón: «Se negó, me dijo que si quería aprender algún instrumento debía ser la guitarra. Y me metió en una clase llena de chicos. A mí eso no me gustaba, quería el acordeón, pero tenía que hacerse lo que dijera mi padre, era cabezonería. Luego, los chicos de la clase se reían de mí porque una mujer quisiera a prender a tocar un instrumento», relata, ante la escucha atenta y perpleja de la pequeña Daniela.

Su hija Gloria, que lleva el mismo nombre de la matriarca, fue quien comenzó con la tímida apertura de las mujeres en sociedad. Como bien dice su madre, dejó su natal Valdeverdeja, un pueblo de Toledo, para ir a trabajar a Madrid. Comenzó haciéndolo en casa de un familiar, pero su sueño siempre fue dedicarse al diseño. «Me casé a los 24 años, tuve dos hijos (una de ellas Rebeca), y luego me puse a estudiar. Trabajé haciendo patronaje para colecciones que incluso presentábamos en la semana de la moda de París. Sé que si hubiera nacido un poco más tarde las cosas hubieran sido más sencillas. Yo siempre he sido muy contestona, tenía unas ideas tremendas, pero no podía o no encontraba el modo de hacerlo», detalla Gloria, de 69 años.

Rebelde y determinada

Y es que ser feminista en aquellos años «era muy complicado». Según Gloria «si te escorabas un poco te señalaban y también tengo que decir que había mujeres que eran más machistas que los propios hombres. Cuando decidí irme de casa me decían que lo hacía porque no quería encargarme de las labores del hogar, pero mi objetivo siempre fue el tener independencia económica para poder ser libre. Tras la muerte de Franco se abrió un abanico de libertades enorme entre los que se encontraba el derecho de las mujeres a ser independientes». Eso sí, todavía recuerda que para sacarse el carnet de conducir tuvo que recurrir al permiso de su padre. Ella todavía vivió los rescoldos de un patriarcado cuyas llamas aún alimentan la mente de una minoría en pleno siglo XXI.

Las cuatro generaciones de mujeres de la misma familia, durante la sesión de fotos para LA RAZÓN
Las cuatro generaciones de mujeres de la misma familia, durante la sesión de fotos para LA RAZÓN©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Lo describe a la perfección Rebeca, la siguiente en el árbol genealógico, quien encarna con ejemplarizante profesionalidad, la subida de un escalón más de las conquistas femeninas. Ella es profesora de sociología en la Universidad Europea y está especializada en cuestiones de género. Es audaz, inteligente y combativa. «Yo quiero ser como mi tía», dice Daniela en un momento de la conversación. «Si hubiera tocado vivir en la época de mi abuela, con mis rasgos de personalidad, tengo claro que lo hubiera pasado bastante mal. Siempre he sido muy contestataria, no me gusta asumir las normas sociales así por así. Aunque hubiera hecho ciertas batallas, no me hubiera quedado otra que asumir el papel de mujer dependiente y cuidadora de entonces, y más en las zonas más rurales. Estaban muy constreñidas a nivel de ideología. La mujer solo era en relación al hombre, que era el que le autorizaba para dar todos los pasos. Tampoco hubiera podido tener la educación que he cursado en mi tiempo». Bien es cierto, como explica Rebeca, que siempre hubo algunas mujeres , aunque fueran muy pocas, que por su condición socioeconómica tuvieron la oportunidad de destacar. Y ahí mete baza la bisnieta, Daniela, al añadir que en su clase «estudiamos a mujeres importantes como Gloria Fuertes o Rosalía de Castro, que luchaban mucho».

Aquella noche en el molino

Para la pequeña de la familia el feminismo «es ser mujer y que nos dejen hacer lo que queramos, ver películas, leer libros y jugar al fútbol. No los que nos obliguen a hacer otros». Daniela, pese a su corta edad (tiene 8 años), sabe bien qué es eso del 8-M, es más, en varias ocasiones ha ido con su madre a las manifestaciones. «Y van todos de morado y grito cosas. Mi madre me dice que haga lo que yo quiera siempre que respete a los demás. Y, por supuesto, cosas buenas».

Daniela quiere ser profesora de inglés cuando sea mayor y al escuchar alguna de las anécdotas de la infancia de su «bisa» no lo acaba de encajar. Gloria, por ejemplo, relata cuando a los 11 años tenía que ayudar a su padre a trabajar en el molino: «Recuerdo que una noche tuve que ir al río. Iba con bastante miedo por lo que me podría ocurrir. En el camino me encontré con un hombre. Era enorme y llevaba varios sacos. Nada más verle me puse a llorar por lo que pensaba que me podría ocurrir. El señor me dijo: ’'Niña, no llores, que no te voy a hacer nada’'. Lo pasé mal, pero tuve suerte. En ese sentido, la verdad que nunca me pasó nada».

Precisamente en la actualidad se habla mucho, y más después del «caso de La Manada», sobre los peligros que todavía afrontan las mujeres por la noche. «Las nuevas generaciones creen que están llegando a lo que identifican como igualdad. Es verdad que a la hora de relacionarse lo hacen en una situación parecida de chicos y chicas, pero el problema llega cuando establecen las relaciones afectivas. Ahí se aprecia cómo resurgen o afloran de nuevo preceptos del modelo patriarcal», explica Rebeca.

Rebeca da la razón a su madre cuando reconoce que en su casa nunca hubo distinción por cuestión de sexo. «Siempre les hemos dado a ambos las mismas libertades y oportunidades, lo que sí es cierto es que las cosas que se te pasan la cabeza como madre son diferentes. Cuando salían por la noche yo me quedaba en vela en el sofá hasta que llegaban. Pero si es cierto que, en el caso de Rebeca, tenía cierto miedo por si la cogían y la hacían algo. Es decir, me preocupaba por los dos, pero por cosas diferentes», dice Gloria.

Rebeca Cordero, DE 44 años: «Los jóvenes creen que se ha alcanzado la igualdad, pero cuando se establecen las relaciones afectivas resurgen preceptos del modelo patriarcal»
Rebeca Cordero, DE 44 años: «Los jóvenes creen que se ha alcanzado la igualdad, pero cuando se establecen las relaciones afectivas resurgen preceptos del modelo patriarcal» ©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Su hija reafirma la explicación de su progenitora: «Mi hermano y yo no hemos vivido en una educación diferenciada, hemos tenido las mismas oportunidades, hemos sido empujados a lo mismo, a unas conquistas basadas en la independencia y la libertad. A trabajar por nosotros mismos y labrarnos un futuro. Lo que estuviese alrededor de nuestras parejas o vidas ha sido complementario. Los roles son una transmisión que se conforman por la perpetuación del modelo patriarcal a través de muchas vías, no solo en casa, sino también en la escuela, los medios y el entorno. Por supuesto que veo diferencias en relación a mi padre o los hermanos de mi padre que tuvieron otras oportunidades diferentes a las que tuvieron mi madre o mi abuela. Pero en el caso de mi hermano no ha ocurrido».

Aun así, la socióloga desarrolla su argumentación apuntando a que « los hombre siempre tuvieron el mal derecho de hacer cosas que no se les estaban permitidas a las mujeres. Ahora, afortunadamente, estamos en una fase diferenciada donde niños y niñas de inicio parece que están en la misma línea de salida. Pero el debate sigue siendo necesario que esté ahí porque lo que se evidencia en la actualidad es que hay debates más profundos sobre las nuevas masculinidades, qué lugar debe ocupar el hombre en esta nueva realidad. Esto llevará a eliminar completamente el papel de dominación sobre la mujer que ha existido a lo largo de la historia».

Un doble esfuerzo

Gloria escucha atenta y añade que ella se ha topado con situaciones incómodas a lo largo de su carrera profesional que desearía que sus descendientes nunca tengan que afrontar. «En el sector del diseño siempre ha habido muchas mujeres, pero en los altos cargos estaban los hombres. Luego veías cómo entre ellos y los trabajadores hombres un compadreo que no existía con nosotras, lo que nos posicionaba en un lugar muy diferente. Esto sin hablar de los sueldos...»

Gloria Verdugo, de 69 años: «Había mujeres que me miraban mal por irme del pueblo para estudiar. Pensaban que no estaba cumpliendo con mi misión de ser ama de casa»
Gloria Verdugo, de 69 años: «Había mujeres que me miraban mal por irme del pueblo para estudiar. Pensaban que no estaba cumpliendo con mi misión de ser ama de casa» ©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Y es que el techo de cristal sigue siendo una realidad, y así lo comenta Rebeca: «Para conseguir determinados puestos, un hombre no tiene que explicar si es padre o si piensa serlo. La mujer sí. Hay que acabar con la presencia de la mujer como objeto y entender que es un sujeto activo propio, sin el resto de complementos que se nos suelen poner como el de ser madre». «En mi entorno, cuando alguna despuntaba por su valía siempre estaban los comentarios de que lo había conseguido porque tenía un lío con el jefe, cuando lo que ocurría realmente es que eran sumamente válidas. Es un desprestigio que antaño era una constante y que todavía hoy se escucha», apunta Gloria (madre) que añade que lo que más miedo le da en el fondo es que «los hombres digan públicamente que somos iguales y que tenemos los mismos derechos, pero en el fondo no se lo crean».

Daniela, a quien todavía le quedan varios años para poder comprender en su totalidad lo que han vivido su tía, su abuela y su bisabuela, tiene claro una cosa sobre la lucha por la igualdad: «¿Que cómo se consigue, demostrándolo». Tomenos nota.