«Nos hemos vuelto a cargar el verano” al quitar las mascarillas

Los expertos, en contra de que se haya aprobado el real decreto que relaja su uso en exteriores

La transmisión se ha disparado debido a la relajación de las medidas y a las aglomeraciones  típicas de la época estival
La transmisión se ha disparado debido a la relajación de las medidas y a las aglomeraciones típicas de la época estivalAlejandro GarcíaEFE

Desde que el pasado 24 de junio el Consejo de Ministros aprobara la relajación del uso de mascarillas en exteriores con el real decreto que fue convalidado finalmente ayer en el Congreso los casos de coronavirus se han disparado y España ha entrado de lleno en la quinta ola. Ese día, la incidencia acumulada se situaba en 93 casos por 100.000 habitantes y la ocupación en UCI estaba al 7,07%. Según los datos de ayer, la incidencia se ha disparado hasta 644 (y de momento sin ofrecer claras señales de que vaya a tocar techo próximamente) y las unidades de críticos están al 12,92%, aunque en comunidades como Cataluña la ocupación en este servicio supera el riesgo extremo y está en el 37%.

La decisión de poder quitarse la mascarilla en exteriores aunque exista distancia de seguridad «ha sido precipitada», según señala Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos. «No había que haber esperado a que un 50% de la población tuviera la pauta completa de vacunación, sino al menos a un 70%», señala. «En su momento ya dijimos que el mensaje tenía que haber sido mucho más prudente», porque el problema es que «la gente está cansada y lo que ha entendido es que no hay que llevarla. Esto ha sido un gran error». No obstante, este experto cree que la situación puede revertirse: «Si somos prudentes y le volvemos a decir a la población, como quiere hacer alguna comunidad, que habrá que ponerse la mascarilla y limitar el número de personas en reuniones, etcétera, no va a quedar más remedio que hacerlo, al menos hasta que conseguir una cobertura de vacunación lo más elevada posible».

Gil de Miguel considera que la decisión sobre las mascarillas tomada por el Gobierno obedece a «cuestiones políticas», y aunque entiende que también hay que velar por lo económico con medidas como ésta se ha conseguido el efecto contrario: «Nos hemos vuelto a cargar el verano», sostiene.

De precipitada tacha también la medida Joan Carles March, director de la Escuela Andaluza de Salud Pública, porque cuando fue adoptada en junio por el Consejo de Ministros «había comunidades con datos elevados de Incidencia Acumulada y se tomó una decisión que no tenía en cuenta un final de curso y la entrada de la variante delta». El nuevo real decreto sobre las mascarillas del Gobierno «generó una sensación de que las cosas estaban mejor de lo que estaban y les dio a los jóvenes la sensación de que el virus ya no estaba. En este entorno y con la variante Delta acechando hemos generado unas incidencias acumuladas muy elevadas», para las que no duda en que es necesario implementar «restricciones, sobre todo en interiores y también en exteriores».

Para el doctor Rafael Ortí Lucas, presidente de la Sociedad de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene, «con las costumbres estivales se relajan ciertas conductas y se producen inevitables aglomeraciones en piscinas públicas y comunitarias, playas, chiringuitos y demás espacios abiertos, en los que no habría que usar mascarilla, pero sí necesariamente la distancia de seguridad del 1,5 m con desconocidos. Y es obvio que a mayor contacto, mayor riesgo de contraer la infección por covid».

En desacuerdo sobre este asunto se ha manifestado también el doctor Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología: «Los políticos no dejan de dar a la población mensajes confusos y a veces contradictorios de la normativa covid. Para los especialistas, las cosas siguen estando igual de claras y, desde un punto de vista estrictamente médico, pese a que en los espacios exteriores no sea obligatorio el uso de la mascarilla, sí se precisa para una buena prevención el mantenimiento del 1,5 m de distancia de seguridad con los no convivientes o allegados. Y, cuando esto no es posible y hay grandes concentraciones de personas, se impone la mascarilla como mejor prevención».

Para el doctor Víctor Cid, catedrático de Virología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, la mascarilla es especialmente necesaria para proteger a los jóvenes de una potencial infección «ya que todavía no han recibido ninguna dosis de la vacuna o no han completado la inmunización», así como «que respeten con los no conocidos la distancia de seguridad de 1,5 metros o al menos de 1,2 metros».

Con la votación de ayer en el Congreso, el uso de la mascarilla seguirá siendo opcional siempre que se pueda mantener la distancia de seguridad. El real decreto contó con el voto en contra del PP y la abstención de PNV y ERC, socios del Gobierno, además de Vox. El documento exime de llevarla asimismo a los usuarios de residencias o centros de personas con discapacidad en los que estén vacunados al 80%, aunque no a trabajadores y visitantes, que deberán llevarla.

El Partido Popular criticó la decisión, que contradice la petición del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), que pidió no relajar las medidas de protección como la distancia de seguridad y el uso de mascarillas, especialmente en jóvenes. «Esta irresponsabilidad nos ha conducido a la España de las familias en cuarentena», declaró Elvira Velasco, portavoz sanitaria de la Comisión de Sanidad en el Congreso.

Por su parte, el PNV argumentó su abstención en la votación porque «no es justificable» con los datos de hoy en día. Y pese a que Cataluña apoyó esta medida en un primer momento, ERC se abstuvo porque la situación ha cambiado «radicalmente en un mes».