La segunda dosis de la vacuna es la herramienta más poderosa contra el virus

Un estudio de «Nature» demuestra que es activa un tipo de células que estimulan de forma más potente el sistema inmune

Dos personas reciben la primera dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech contra el Covid-19, a 9 de junio de 2021, en el Hospital Severo Ochoa de Leganés
Dos personas reciben la primera dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech contra el Covid-19, a 9 de junio de 2021, en el Hospital Severo Ochoa de LeganésA. Pérez MecaEuropa Press

Es el objeto de deseo, la pieza clave en la lucha contra la pandemia, la piedra de toque para la obtención de la famosa inmunidad de grupo. La segunda dosis de la vacuna se ha mostrado como la herramienta más poderosa para lograr que nuestro sistema inmunitario luche contra el coronavirus.

Las palabras fetiche hoy en día son «pauta completa». Pero la obtención de dicha pauta no es tan sencilla como parece: para que la mayor parte de la población cuente con ella es necesario realizar un trabajo de logística considerablemente difícil. Algunas comunidades autónomas y algunos países del mundo han decidido optar por la estrategia de conservación de viales para garantizar la obtención de una segunda dosis. Otros se han lanzado a la vacunación masiva con una sola dosis arriesgándose a sufrir el consabido cuello de botella en el caso de escasez del siguiente turno. La ciencia se pregunta cuál es la mejor opción y, sobre todo, qué importancia tiene la administración en el tiempo exacto de esa segunda inoculación. Y para responder a esa pregunta esta semana se ha publicado un esclarecedor informe a cargo de especialistas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. El descubrimiento es claro: la segunda dosis nunca debe ser eliminada.

A pesar de que en la vida real y en el laboratorio han demostrado una eficacia asombrosa, las vacunas de ARN mensajero siguen siendo en parte unas grandes desconocidas. Hasta ahora no se han estudiado con detalle suficiente los diferentes mecanismos por los cuales inducen a una respuesta inmunitaria en nuestro cuerpo. Aunque es evidente que la inducen.

El estudio en cuestión ha sido publicado en la revista «Nature» y fue diseñado para conocer exactamente qué efectos genera la vacuna de Pfizer en los diferentes componentes del sistema inmunitario. Los investigadores han analizado muestras de sangre de diferentes individuos inoculados con la terapia. Después se hizo una escrupulosa contabilidad de los anticuerpos, de los diferentes niveles de proteínas que señalan la respuesta inmunitaria y de la expresión de los genes involucrados en el desarrollo de 242.000 células separadas del sistema inmunitario.

La investigación es verdaderamente importante porque, como es sabido, esta es la primera vez en la historia en la que se ha inoculado una vacuna de ARN mensajero en seres humanos y, en palabras de algunos de los autores de la investigación, no tenemos mucha idea de cómo consiguen lo que consiguen: ofrecer hasta un 95% de protección contra la covid-19.

Tradicionalmente la clave para la aprobación de una vacuna ha sido la capacidad de inducir anticuerpos neutralizantes. Se trata de proteínas individualizadas, creadas por las células B del sistema inmune, que pueden acoplarse a la estructura del virus y bloquear su capacidad de infectar a otras células. Es fácil medir los anticuerpos, pero el sistema inmune es algo más complejo que la simple contabilidad de estas proteínas.

El equipo de Stanford se ha centrado ahora no solo en esa contabilidad sino también en el estudio de los niveles de activación de las células, de los genes que expresan y de las proteínas y metabolitos que manufacturan para lograr su efecto después de la inoculación.

Por otro lado, para lograr una inmunidad suficiente es importante también conocer cómo funciona el sistema inmune innato: la capacidad de respuesta con la que todos los seres humanos nacemos, algo así como un sexto sentido del organismo.

Los investigadores han seleccionado a 56 voluntarios sanos y han hecho un seguimiento de sus valores de este tipo de células en sangre después de la primera y la segunda dosis de la vacuna de Pfizer. Con ello han descubierto que tras la primera inyección se experimenta un crecimiento de los niveles de anticuerpos específicos contra el virus tal y como se esperaba, pero mucho menor de lo que ocurre después de haber practicado la segunda dosis.

La segunda inoculación además tiene un efecto que apenas es perceptible solo con la primera. De manera inesperada, esta segunda tanda que completa la pauta causa una movilización masiva de un tipo de células de respuesta recién descubierta que normalmente escasea o permanece inactiva. Se trata de un grupo especial de monocitos que forman parte de la respuesta inmune innata y cuya presencia es prácticamente imperceptible antes de la vacunación, de hecho solo se encuentra en un 0,01 por ciento de las células circulantes.

Pero después de la pauta completa con la vacuna estudiada el número de celulas de este tipo se multiplica por 100 y llega a ser el 1 por 100 de todas las células circulantes en la sangre. Además, el efecto neutralizante que produce este tipo de células es mucho mayor y genera una respuesta inflamatoria más suave por lo que su capacidad de detener la enfermedad aumenta.

Los científicos han quedado realmente sorprendidos de el extraordinario aumento de estas células solo un día después de la segunda dosis de la vacuna. No solo eso sino que, según los autores de la investigación, la presencia exacerbada de estas células podría también inducir cierta respuesta para otros tipos de virus. En definitiva, sea cual sea las circunstancias personales y las políticas de vacunación de cada uno de los gobiernos, parece que la ciencia lo tiene claro: la segunda dosis no hay que tocarla.

Duración de la inmunidad

No obstante, parece que con dosis tampoco será suficiente. O al menos eso es lo que está tratando de hacer ver Pfizer. La farmecéutica ha avisado de que la inmunidad sde su vacuna descienden un 6% cada dos meses según un estudio interno de la compañía.

El consejero delegado de Pfizer, Albert Bourla, explicó que sla efectividad máxima de Pfizer es del 96,2 %, que se alcanza entre la primera semana y los dos meses después de haber recibido la vacuna, una cifra que desciende una media de un 6 % cada dos meses, apunta el estudio, que aun no ha sido revisado por pares y en el que participaron 44.000 personas de EE.UU. y otros países.

Bourla señaló asimismo que aunque inicialmente la vacuna protege contra un ingreso hospitalario al 100 %, ese porcentaje baja a alrededor del 90 % seis meses después de haber recibido la pauta completa.Por eso desde la compañía defienden la administración de una tercera dosis. Aseguran que roduce niveles de anticuerpos contra la variante delta cinco veces más altos en personas entre 18 y 55 años, y más de 11 veces en mayores