¿Está España preparada para frenar la variante Ómicron?

Los expertos piden test y teletrabajo, pero el Gobierno no prevé aumentar las medidas de control esta Navidad

Sanidad ha pedido limitar los participantes en eventos sociales en Navidad y mantener la prevención
Sanidad ha pedido limitar los participantes en eventos sociales en Navidad y mantener la prevención FOTO: DAVID JAR

La covid no entiende de fronteras ni diferencia entre países. La escalada de casos que ha cambiado la tendencia en Europa y en el resto del mundo y que ha hecho a muchos países endurecer las restricciones no se «saltará» el nuestro. Pese a que Sanidad enarbola la bandera del 89,5% de población vacunada, con la pauta completa, que objetivamente marca una enorme diferencia respecto a lo que ocurre a nuestro alrededor, los datos epidemiológicos dicen otra cosa.

Por un lado, el crecimiento de la incidencia acumulada (casos por 100.000 habitantes) da muestras de estar acelerándose. En su informe del viernes pasado, el departamento que dirige Carolina Darias, ha comunicado un aumento de otros 14 puntos respecto al día anterior, y en la última jornada se registraron 13.738 positivos más.

Por otro, ya hay siete casos confirmados de la nueva variante Ómicron en España (dos en Cataluña, tres en la Comunidad de Madrid, dos en Baleares), aunque lo más destacado de este hecho es que dos de ellos, entre los que está el de un hombre de 64 años, probaría la existencia en nuestro país de transmisión comunitaria de esta variante. La secretaria de Estado de Sanidad, Silvia Calzón, informó el jueves de que el ciudadano que había dado positivo en Ómicron no había viajado al cono sur de África ni a ninguna «zona de riesgo», lo que supone que ha contraído la covid de una tercera persona en nuestro país.

Pese a esta situación, Sanidad insiste en que ni el Gobierno ni las comunidades autónomas se plantean endurecer las restricciones para frenar la transmisión de la covid o de la nueva variante: «El sentir mayoritario es seguir con las medidas que tenemos», declaró Darias. La responsabilidad vuelve a estar en manos de los ciudadanos, a los que se les pide un «comportamiento ejemplar»: evitar las aglomeraciones durante el puente de la Constitución y, durante este mes de diciembre cargado de eventos sociales y familiares, limitar los contactos y mantener «la cultura del cuidado».

Por su parte, se concentrarán en «continuar aumentando los porcentajes de cobertura vacunal y la administración de dosis de refuerzo en poblaciones diana, así como mantener y enfatizar el cumplimiento de las medidas de control no farmacológicas». La pregunta que subyace es si las situaciones inesperadas no requieren de nuevas soluciones, o si se ha tenido en cuenta todo lo que hemos aprendido del virus durante estos 20 meses de pandemia.

«Hay algunas medidas que no están sobre la mesa y que son de lo más básico, como volver a potenciar el teletrabajo –ofreciendo facilidades a las empresas para que lo fomenten– y establecer que las personas con síntomas de gripe, catarro o «constipado» –que son comunes a la covid– no vayan a trabajar presencialmente», señala Pedro Gullón, especialista en Salud Pública y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid. «Son medidas que pueden ser efectivas y que no tienen casi efectos secundarios». Sin embargo, desde septiembre la mayoría de las empresas han vuelto a exigir la presencialidad como si la pandemia se hubiera acabado. «Por ahora la ola en España no ha llegado a su punto máximo, se está conteniendo bastante y la velocidad de crecimiento está bajando un poco. Se podría decir que estamos muy cerca de llegar al pico de la ola. Esto sería muy positivo, enfrentarnos a las Navidades con una curva más descendente que ascendente»

El peligro de las navidades

La científica surafricana que descubrió Ómicron, la doctora Angelina Coetzee, ha señalado que «esta variante parece más contagiosa en el núcleo de las familias. Tres de cada cuatro miembros de la familia acaban contagiados». Aunque por ahora todo apunta a que los infectados desarrollan una covid asintomática o leve –«pasado el umbral de los cinco a los siete días se recuperan»–, es clave vigilar los escenarios que más se van a repetir en navidades.

Estanislao Nistal, profesor de Inmunología en la Universidad CEU-San Pablo, de Madrid, expone así sus recomendaciones. «Vista la experiencia del año pasado, lo mejor son los test rápidos de antígenos: que todo el mundo se teste antes de ver a sus familiares. Los nasofaríngeos quizá son más complicados de usar, pero se puede optar por los de saliva o los de sangre». «Como normalmente vienen dobles, es perfecto para testarse un día antes y el mismo día que tengamos pensado reunirnos con ellos», añade. Para este especialista, además, se está transmitiendo un mensaje muy confuso. «Hay que dar a la población dos o tres ideas claras; para mí serían: mascarilla, ventilación y test rápidos». Sobre la llegada de la variante ómicron a nuestro país, señala que «en las gráficas de crecimiento de casos se está viendo como va de rápido en Suráfrica, donde ya se ha impuesto a Delta».

Madrid se adelanta

En esta línea de mensajes claros y actuaciones contundentes se ha posicionado la Comunidad de Madrid, que esta semana ha hecho público un plan clave en la lucha contra el avance del virus. La primera medida es que el Gobierno regional va a repartir «un test de antígenos a cada madrileño», para que al acudir a reuniones sociales lo hagan «de manera segura». «Podrán ir a recogerlo a cualquier farmacia como hicimos con las mascarillas durante la primera ola», avanzó la presidenta del Ejecutivo, Isabel Díaz Ayuso. También pedirán a las empresas colaboración para que hagan test a sus empleados.

En segundo lugar invertirán «40 millones de euros extraordinarios para mantener a todos los sanitarios que se necesiten como mínimo hasta que pase el invierno». Un asunto que resulta crucial para que no suceda lo que está ocurriendo en Alemania, donde el sistema sanitario está colapsado, además de por la elevada ocupación de las unidades de cuidados intensivos (UCI), porque el número real de ellas es menor que el de profesionales disponibles, ya que miles de enfermeros y enfermeras han cambiado de profesión por el agotamiento al que se han visto expuestos.