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Basta un análisis de sangre para detectar Alzheimer (incluso 16 años antes de que se manifiesten los síntomas)

Científicos de la Universidad de Washington descubren que una proteína que se encuentra en el torrente sanguíneo puede utilizarse para vigilar la progresión de la enfermedad mucho antes de que aparezcan los primeros signos clínicos

  • El Alzheimer afecta a 650.000 españoles mayores de 65 años
    El Alzheimer afecta a 650.000 españoles mayores de 65 años

Tiempo de lectura 4 min.

22 de enero de 2019. 16:12h

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Pedro del Corral Madrid. 21/1/2019

Alteraciones de la memoria, desorientación espacio-temporal, dificultad para el razonamiento, pérdida de iniciativa o problemas para desempeñar actividades rutinarias son algunos de los indicios que se deben tener en cuenta a la hora de detectar un posible caso de Alzheimer. El diagnóstico de la enfermedad depende, precisamente, de la coincidencia de esta serie de manifestaciones clínicas. Por eso, la prevención es el factor más importante de todos: cuánto antes se detecte, más posibilidades existirán de retrasar su desarrollo.

Científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington han descubierto que con un simple análisis de sangre se pueden detectar signos de daño cerebral en personas que se encuentran en camino de desarrollar Alzheimer. Incluso antes de que manifiesten la confusión y la pérdida de memoria tan características. Según el estudio publicado en la revista ‘Nature Medicine’, este avance permitiría identificar, de forma rápida y económica, lesiones cerebrales tanto de esta enfermedad como de otras, como la esclerosis múltiple o el accidente cerebrovascular.

“Se trata de una prueba que se podría incorporar fácilmente a cualquier clínica neurológica”, ha mantenido Brian Gordon, profesor de radiología en el Instituto de Radiología Mallockrod y autor de la investigación. “Lo hemos aplicado a estos enfermos porque sabemos que sus cerebros sufren mucha neurogeneración, pero este marcador no es específico para el Alzheimer. Las mismas alteraciones pueden reflejar otras muchas enfermedades y lesiones neurológicas básicas”.

Aunque no existe una estadística definitiva, las distintas asociaciones de afectados calculan que, en España, existen 650.000 personas mayores de 65 años sufren Alzheimer, lo que se traducen en el 7% de la población. Si bien ésta no es una enfermedad asociada al envejecimiento, es cierto que prácticamente todos los afectados superan esta edad. Debido a que cada año aparecen más de 100.000 nuevos casos y teniendo en cuenta el envejecimiento de la población y el futuro incremento de personas mayores de 80 años, se prevé que el número de enfermos se duplique en 2020 y triplique en 2050. De ahí la importancia de avanzar en el camino de erradican de esta enfermedad que, en el futuro, podría suponer un problema de salud pública.

Esta prueba permite detectar una cadena de neurofilamentos, una proteína estructural que forma parte del esqueleto interno de las neuronas. Cuando éstas se dañan o se mueren, esta molécula se filtra hacia el líquido cefalorraquídeo que baña el cerebro y la médula espinal y, desde allí, se introducen en el torrente sanguíneo. Para los expertos, encontrar la proteína en esta zona del cerebro proporciona pruebas sólidas de que algunas de sus células se han dañado. Sin embargo, la obtención de este líquido requiere una punción lumbar, que no todo el mundo está dispuesto a realizarse. Por eso, los responsables del informe decidieron estudiar si los niveles de la proteína en sangre podría reflejar daño neurológico y así evitar, con un simple análisis clínico, la tan temida prueba.

Escogieron a un grupo de familias con variantes genéticas y diferentes tramos de edad, pues un padre con tal mutación tiene un 50% de probabilidades de transmitirle su error genético a su hijo y cualquier niño que la herede tiene la misma probabilidad de desarrollar demencia a la misma edad que su progenitor. Este periodo de tiempo brinda a los investigadores la oportunidad de estudiar qué sucede en el cerebro en los años previos a la aparición de los síntomas cognitivos. Así, descubrieron que a medida que aumentaba la cantidad de proteína, el tamaño del precúneo -parte del cerebro involucrado en la memoria- disminuía.

“Es muy difícil predecir una enfermedad 16 años antes de que aparezca, pero aún así ya se pueden observar señales de alerta en esta etapa”, ha subrayado Stephanie Schultz, coautora del artículo. “Esta técnica podría ser un buen biomarcador preclínico para identificarla”. Para averiguar si cumplía su objetivo, recopilaron datos de 39 personas que llevaban más de dos años sin acudir al especialista. Les sometieron a escáneres cerebrales y a dos pruebas cognitivas, lo que les permitió confirmar que aquéllas cuyos niveles de proteína en sangre había aumentado tenían más posibilidades de mostrar signos de atrofia cerebral y una disminución de sus capacidades.

Ahora bien, no hay que perder de vista que este incremento de neurofilamentos puede originarse también por otro tipo de afecciones: personas con esclerosis múltiple durante un brote o jugadores de fútbol después de un golpe en la cabeza. Y, además, antes de que esta prueba pueda usarse en pacientes con Alzheimer o con alguna otra enfermedad neurogenerativa, los investigadores deberán determinar cuánta proteína en sangre se considera “demasiada alta” y qué tan rápido pueden aumentar antes de que se convierta en un motivo de preocupación. “Todo esto nos permitiría identificar daños cerebrales”, concluye Gordon. “Lo que no podemos asegurar aún es que alguien, en cinco años, vaya a desarrollar alguna demencia. Seguimos trabajando para eso”.

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