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Susanna Griso: «Los políticos, cuando hacen campaña, seducen hasta a un cactus»

Susanna Griso / Periodista y presentadora de «Espejo Público».

Imbuida en el debate político más que nunca, se le antoja complicado que haya unas terceras elecciones. Es positiva hasta para eso

  • Susanna Griso
    Susanna Griso

Tiempo de lectura 8 min.

10 de septiembre de 2016. 20:53h

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Marta Robles 11/9/2016

Susanna Griso ahora se levanta mucho antes por exigencias del guión. «Espejo Público», el programa que conduce desde hace 10 años, empieza esta temporada a las 8:30 horas y a ella le toca despertarse antes de las cinco. Por eso, cuando la riño cariñosamente por haberse cortado la melena me dice: «¿No te gusta? Yo me veo más jovencita. O eso me dicen. Es el corte de informativos de hace 16 o 17 años. Pero, además, nunca le he tenido apego al pelo, ni he entendido a las mujeres que salen llorosas de la peluquería». Luego, más práctica que romántica, me explica: «Tiene un poco que ver con el cambio de horario. Quería solventar el tema de maquillaje y peluquería aún en menos tiempo que antes y un pelo corto da menos trabajo».

Corto, medio, largo, se lo puede permitir. Y está claro que no es lo que le preocupa. Y más estando como está la política, con Pedro Sánchez y su triple «no» imposible que, seguramente, esconde un plan B o un horizonte de terceras elecciones. Aunque ella no lo cree. «Como soy muy optimista se me antoja complicado que haya nuevos comicios. Además, el hartazgo tremendo de los españoles podría llevar a una mayor abstención». Desde luego. Los políticos nos tienen aburridos a todos, aunque en la distancia corta puedan resultar seductores. «Seducen hasta a un cactus», dice riendo. «Cuando hacen campaña son encantadores las 24 horas. Hay alguno de la nueva hornada que se cansa de ser político y necesita desconectar, pero Rajoy, por ejemplo, está encantado de hacer campaña. Es algo que le pide el cuerpo. Tomarse cañas con la gente, ir a los mercados, pasearse por la calles, le gustan los selfies, las fotos... Y no es una cosa forzada, se ve que le apetece. La última campaña para él ha sido balsámica».

- Estilo personal

Ya que mencionamos el encanto de los políticos, no puedo evitar señalar el de Susanna que en el programa «Dos días y una noche» habló de todo con ellos, sexo incluido. «Es que yo hago cada día 4 o 5 entrevistas muy focalizadas en la actualidad pura y dura. Suelen ser de 15 minutos, media hora todo lo más, y no entramos en cuestiones personales. Y claro, si iba a convivir 48 horas con ellos, había que equilibrar ambas cosas y eso pasaba por preguntarles de todo: familia, manías, infancia, hábitos...». Y sexo, le apunto recordando algunas de sus conversaciones más picantes y seductoras con Rajoy, Pablo Iglesias, Sánchez y Rivera. «Lo del sexo fue una cosa curiosa. En el caso de Iglesias, ya había salido él en la campaña de las elecciones catalanas hablando del látex y el látigo y yo le pregunté si era de algodón. Me respondió que sí, que mucho... Y por esa tontería decidimos hacerle la pregunta a los cuatro. Primero grabé a Rajoy y se quedó cortadísimo. De todos, el que entró porque le gusta, disfruta y es un provocador nato, fue Pablo, que se siente cómodo en ese terreno. Los otros fueron más contenidos».

Quedó claro que Susanna se divertía metiéndolos en terrenos pantanosos, aunque también vivió un momento incómodo con aquel insulto callejero cuando caminaba junto a Pablo Iglesias. «Me quedé incluso más sorprendida cuando dijo que seguro que se referían a mí y no a él». Griso se divirtió en ese programa, pero también lo hace en su día a día. Le apasiona la política, que ocupa la mayor parte de «Espejo Público». «El 85 por ciento. Hubo otras épocas en que había más crónica negra o social, pero ahora la política lo ha invadido todo», reflexiona.

- «Off de récord»

Con todo, hacer un programa diario implica tener poca vida propia. Y no sé si eso, después de diez años, compensa. «Ese debate lo tengo cada dos o tres años. El horario es muy duro y requiere muchísima disciplina personal y profesional. A mí ya se me han acabado las cenas y en muchos casos hasta las comidas, porque es matador. Sigo manteniendo los almuerzos de trabajo con políticos y jefes de comunicación, porque para mí el ‘‘off the record’’ es absolutamente necesario, pero ya no puedo sacrificar la siesta porque mi cuerpo no me lo permite. Por otra parte, el programa se ha convertido un poco en mi guante, tengo un equipo fantástico y a mí siempre me ha fascinado la política». Le digo que la política ahora también es espectáculo, algo que antes hubiera sido impensable en programas informativos. «Efectivamente, la política se ha espectacularizado con todo lo que eso implica. Para bien y para mal, nos estamos americanizando. Lo bueno es que genera mayor interés y que conocemos a los políticos en todas las facetas. Lo que me preocuparía es que esa trivialización nos llevase a olvidar lo realmente esencial, los problemas de la gente o que llevamos un año sin Gobierno, al ocuparnos demasiado del último libro que se han regalado».

Hablamos de los retos de Susa- nna, que, además de entrevistar al Papa, aunque sea «agnóstica, pero con cierta espiritualidad», están enfocados «en contar la información antes que nadie». Y también de ese asunto especialmente rasposo, siendo ella de Barcelona, de los deseos de independencia catalana. «No he sido independentista nunca. Convivo con muchísima gente que lo es e incluso en mi propia familia supone debate, pero yo no he percibido esa crispación que se cuenta a veces des-de Madrid. En mi casa, aunque los debates sean muy encendidos siempre lo son desde un ambiente bueno y constructivo. Pero es verdad que en los últimos años ha habido un crecimiento exponencial del independentismo. No es una cuestión económica sino sentimental y creo que hay una parte importante que querría una solución distinta. No sé si llegamos tarde, si se puede reconducir, pero me gustaría pensar que sí».

Personal e intransferible

Susanna Griso nació en Barcelona en 1969. Está casada, tiene dos hijos y se siente orgullosa de ellos, de que la tele no la haya cambiado, de seguir siendo amiga de sus amigos, de ser autocrítica, de intentar generar buen ambiente y de seguir creyendo en la ingenuidad humana. Se arrepiente de haber dicho alguna vez cosas con poca delicadeza. «Me mido bastante, pero a veces, fruto del cansancio, el estrés o la pasión, puedo ser demasiado contundente». Perdona «muchísimo. No soy nada rencorosa». Se ríe «con muchas cosas, aunque los chistes, las comedias y los programas de humor es muy difícil que me hagan gracia». Llora «mucho en el cine, para mí es una terapia tremenda, como ir al psiquiatra». A una isla desierta se llevaría «libros; soy una lectora empedernida». Come «casi de todo; soy muy comilona» y bebe «algún cocktail o vino, pero soy muy moderada porque no me sienta bien el alcohol». Su manía es «apurar demasiado y llegar diez segundos antes al plató». No tiene vicios, antes soñaba mucho que volaba, pero ahora nada; de mayor le gustaría ser «como mi madre que con 93 años y dos ictus nunca tiene un no, siempre quiere ver más, hacer más, ir al cine, viajar...». Y si volviera a nacer «me encantaría tener talento para la música, el arte, el baile..., o ser espía».

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